Ya puedes comprar o vender braguitas usadas (y de forma anónima)

Hace apenas unos meses que ha nacido la primera tienda on-line de España especializada en la venta de lencería femenina usada, Secretpanties.com, de la mano de una joven emprendedora ajena al sector a la que, en un momento de su vida, le pareció oportuno gritar a los cuatro vientos que el fetichismo no es cosa de pervertidos y enfermos y, por qué no, ganarse la vida con ello.

Katia Ehlert, artífice de esta empresa pionera que se está encontrando, asegura, con muchas menos críticas de las que se esperaba en principio, explica que se inspiró “en una modelo sueca que vendía por Internet su ropa interior usada al mercado japonés”, un negocio, para Ehlert, totalmente escalable siempre que se pudiese establecer un modelo y dejar claros ciertos aspectos de la transacción.

“Para mí era fundamental que vendedoras y compradores pudiesen actuar en todo momento de forma anónima, sin necesidad de intercambiar datos de forma peligrosa”, asegura Ehlert, para quien es fundamental que no exista ningún contacto entre los protagonistas del intercambio, “lo que, además de dar seguridad tanto a las chicas como a los compradores, propicia que muchas mujeres se animen a poner a la venta su lencería”.

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Aunque no todas las vendedoras escogen el anonimato. De hecho, dos mujeres tan mediáticas como la actriz María Lapiedra y la escritora Roser Amills decidieron dar la cara y poner a la venta su lencería en Secretpanties a cara descubierta. “A mí me parece algo divertidísimo, una manera excelente de normalizar el fetichismo, ¡basta de tonterías!”, afirma Amills, quien tiene clarísimo que las objeciones a este modelo de negocio proceden del sector reprimido de la sociedad. “La gente te pregunta por asuntos como la higiene, muchos reprimidos intentan dar argumentos razonados contra esta práctica precisamente para justificar su represión”.

De hecho, Amills ha vivido esta incursión en el mundo del fetichismo como una experiencia divertida, liberadora y satisfactoria. “Somos muchas las mujeres a las que nos da alegría saber que a algunos hombres les da morbo nuestra lencería, te sirve para sentirte bella, deseada, ¿qué tiene de malo que alguien se haga una paja pensando en ti? Dejémonos de mojigaterías”. La escritora afirma que, de la cantidad de lencería que ha puesto a la venta, lo que mejor se vende es, curiosamente, las clásicas braguitas sencillas de algodón todoterreno, que contra todo pronóstico superan al encaje y la sofisticación. “Como yo he decidido dar la cara y poner mis fotos, he recibido mensajes divertidos de algunos hombres. ¡De hecho han llegado a pedirme incluso una compresa usada, lo que demuestra que el fetichismo puede ir mucho más allá!”, explica, divertida, la escritora.

Secretpanties tiene ya 800 vendedoras que, de forma mayoritariamente anónima, ponen a la venta braguitas, tangas, sujetadores, zapatos de tacón y calcetines (el mundo del fetichismo de pies ha llegado a la web). Ehlert está estudiando, además, introducirse en el mercado japonés, “donde hay un mercado muy amplio, pero de momento sólo con producto oriental”.

Las prendas oscilan entre los 50 € y 70 € aproximadamente y, contra todo pronóstico, “el único motivo para su venta no es el económico”, afirma Ehlert, ya que en muchos casos el hecho de fotografiarse para vender la lencería constituye una especie de juego erótico y de autoafirmación para muchas mujeres.

De hecho, las fotos de la web son un buen reflejo de la sociedad: encontramos desde recalcitrantes Photoshops, hasta imágenes eróticas más cuidadas y otras absolutamente caseras.

En este sentido, Amills, escritora, especialista en sexo y divulgadora habitual en medios de comunicación, equipara este momento histórico a principios del siglo XIX, cuando tras la Revolución Francesa y la irrupción de las sufragistas muchas mujeres decidieron quitarse el corsé. “Las llamaron guarras, frescas, a los poderes establecidos les parecía una provocación quitarse el corsé, una manera de poner cachondos a los hombres, sin más”.

En este sentido, tanto Amills como Ehlert coinciden en que el fetichismo sigue siendo la hermana fea de las, por decirlo de alguna manera, nuevas prácticas sexuales en auge en los últimos tiempos. “Es curioso que se hayan normalizado socialmente prácticas como el intercambio de parejas o incluso todo el tema del bondage y el látex y muchos aún consideren una perversión algo tan humano como que te pueda excitar un objeto, desde un tanga a unos zapatos de tacón”, explica Ehlert.

En la misma línea se pronuncia Arola Poch, autora del blog especializado en fetichismo, especialmente en fetichismo de pies, La Luna de Arola: “El fetichismo está considerado una parafilia (cuando el placer se consigue más allá de la cópula), pero esto no significa que sea necesariamente un problema o enfermedad”. De hecho, sólo se catalogaría como una enfermedad cuando “la persona únicamente consigue el placer a través del fetiche o cuando provoca inconvenientes a uno mismo o a otros”. Esto no ocurre en la mayoría de los casos, ya que el fetiche suele actuar como un simple facilitador de la excitación. “Más allá de la calificación clínica, si la persona vive su sexualidad así, ¿por qué considerarlo un problema si para él mismo no lo es?”, se pregunta Poch.

El perfil de compradores de Secretpanties corrobora, efectivamente, la teoría de que el fetichismo es una práctica sana siempre que parta de la aceptación y, como todo, la persona lo viva con naturalidad. La propia Ehlert admite que en un principio “pensaba que los compradores de lencería usada serían señores mayores sin vida sexual y me sorprendí al comprobar que nuestro comprador tipo es un hombre joven, menor de cuarenta años, con éxito profesional y un poder adquisitivo medio-alto”.

¿Qué metas se plantea Secretpanties tras la buena acogida y, sobre todo, la aceptación social que ha tenido? Los que estén escandalizados con braguitas, tacones y zapatos, tal vez preferirían no saber que Ehlert tiene en mente nuevos retos: “Estamos pensando introducir también la venta de juguetes sexuales”.

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