Apps para mejorar tu vida sexual: el secreto está en la tecla

Cada vez esperamos más de nuestros sufridos teléfonos móviles: ya no basta con que nos ayuden a encontrar ligue con Tinder o Grindr, también pretendemos que midan nuestro desempeño sexual y despierten la libido. La editora Nancy Gibbs dijo refiriéndose al móvil: “Es difícil pensar en cualquier otro objeto en la historia de la humanidad con el que tanta gente haya desarrollado una relación tan íntima”.

A veces, excepcionalmente íntima: igual que las apps de linterna trastean con el flash de la cámara, aplicaciones como Endless Massager activan rítmicamente la función de vibración. El resultado, desgraciadamente, oscila entre lo bochornoso y lo grotesco. La velocidad de vibración es insuficiente, y una forma rectangular y angulosa no parece adecuada ni para estimular el clítoris ni para introducirse en orificios corporales… Por no hablar de la posibilidad de que el móvil insertado no se pueda extraer sin una incómoda visita a Urgencias.

Parece más prometedor emplear el móvil para controlar a distancia un vibrador más tradicional. Por ejemplo, Freestyle Wave sincroniza un dildo con el ritmo de la música reproducida en el móvil: ideal para alternar distraídamente Sinatra con Extremoduro.

Otra combinación dildo-móvil es más sofisticada y algo pija: el blueMotion de OhMiBod, que controla remotamente un discreto vibrador (perdón, “masajeador wearable”) oculto bajo las bragas.

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La joya de la corona es Lovense, que comunica bidireccionalmente un masturbador masculino (vamos, una vagina-fleshlight) con un dildo, permitiendo el cibersexo a distancia. Un pene se introduce en un fleshlight en Bilbao y un dildo rompe a vibrar simultáneamente en Londres: la globalización era eso. Pueden incluso guardarse los mejores polvos para ser reproducidos más adelante.

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Los efectos de tanta vibración pueden registrarse en Spreadsheets, que cuenta con un medidor de orgasmos basado en el vigor de los movimientos y el volumen de los gemidos. Su calendario estadístico permite comparar anónimamente los datos con los de otros usuarios, lo que será fuente de discusiones como “los orgasmos del mes pasado fueron más intensos” o “grita más, que los vecinos puntuaron un nueve en el orgasmómetro”.

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Otro campo habitual de las apps sexuales es el de los juegos de precalentamiento. Por ejemplo, DSex simula el lanzamiento de tres dados: uno con verbos como “lamer” o “rozar”, otro con partes del cuerpo y un tercero con duraciones. Cada tirada de dados propone un juego: “acariciar muslos veinte segundos” suena bien, pero “pellizcar párpados diez segundos” no suena muy erógeno. Por fortuna es posible configurar libremente el texto de los tres dados, lo que permite añadir combinaciones como “azotar nalgas mil segundos”.

Para aguantar tanto rato hará falta estar en forma. Y si los corredores (uy, perdón, runners) pueden usar Runtastic para comprobar el tiempo de carrera o medir el pulso en combinación con un brazalete, algo parecido puede hacerse con Sextastik… Tras introducir las posturas que se planea adoptar y el número de partenaires sexuales, la app empieza a informar de las calorías consumidas. ¿Cómo saber si no que media hora de menàge a trois en la playa equivale a una hora de spinning?

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Otras aplicaciones de entrenamiento como Kegel Aerobics se centran en los ejercicios de Kegel para afirmar el suelo pélvico, lo que mejora los orgasmos femeninos y combate la eyaculación precoz.

Y hace unos meses se hizo famosa Lick This, que supuestamente permitía mejorar la habilidad para proporcionar épicos cunnilingus mediante ejercicios gimnásticos pensados para fortalecer la lengua… Antihigiénicos lametones a la pantalla del móvil para encender y apagar un interruptor de la luz o dar vueltas a un sacapuntas virtual. ¿No hubiera sido más práctico mostrar tal cual un clítoris en toda su movediza gloria? ¿No resulta ridícula la imagen de un pobre tipo lamiendo en pequeños círculos la pantalla del móvil para darle punta a un lápiz? Lanzamos desde aquí una propuesta revolucionaria: apagar el smartphone y fortalecer la lengua mediante cunnilingus reales, frecuentes y enérgicos.

Aunque tal vez sea más fácil decirlo que hacerlo. Vivimos en la era de la distracción constante, víctimas del impulso adictivo de comprobar cada diez segundos el teléfono para contar los retweets o likes de nuestra última publicación.

Así pues, si no puedes vencer al enemigo, únete a él. He aquí nuestra humilde contribución al KamaSutra smartphónico: una persona desnuda se recuesta, aferrada al móvil y empieza a jugar desaforadamente al Candy Crush. Mientras, su partenaire se acurruca entre sus genitales empezando a una intensa sesión de sexo oral; cunnilingus o felación, lo que corresponda. Cada vez que el jugador o jugadora consiga un combo agrupando caramelos, las voces ¡DIVINE! o ¡SWEET! procedentes del Candy servirán para dar ánimos al que le toque manejar la boca. Y todo el mundo contento.

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