¿Un museo con casi 300 falos en Islandia?

¿Qué haríais si os regalaran un largo bastón fabricado con el pene de un toro? La reacción del adolescente islandés Sigurður Hjartarson fue un pelín sorprendente: ese regalo le desencadenó la afición de coleccionar penes. A lo largo de los años fue acumulando miembros animales guiado por el mismo impulso (¡hazte con todos!) que mueve a otros a coleccionar Pokemones. Con todos ellos abrió el Museo Falológico Islandés, o Faloteca para abreviar. Un museo psicotrónico en el que pueden encontrarse gigantescos baculum de ballenas que podrían usarse de cachiporras, vitrinas vacías que contienen penes de trolls (según la mitología nórdica, son invisibles) o esculturas con réplicas plateadas de los penes del equipo olímpico islandés de balonmano.

Dado que los seres humanos tenemos el impulso de coleccionar y exhibir prácticamente cualquier cosa, es lógico que se hayan creado museos dedicados al sexo. Buscan más bien hacer un recorrido por la historia de la sexualidad que excitar al visitante, aunque es inevitable que un paseo por según qué tórridas galerías levante pasiones. Por ejemplo, hay constancia del rodaje a escondidas de al menos dos películas porno amateur en el magnífico Sex Machine Museum de Praga. No puedo decir que me extrañe. Este Museo de seis pisos dedicado a cachivaches sexuales alberga aparatos que despiertan la imaginación, como columpios chinos para facilitar coitos aéreos, mecedoras con dildo incorporado o mobiliario sadomasoquista camuflado como muebles de jardín.

Museo Praga (foto de MOs810)
Museo Praga (foto de MOs810)

 

Entre los aparatos exhibidos, hay un vibrador de 1910 al que hay que ir dando cuerda con una manivela… Debía ser muy frustrante para las mujeres de la época tener que aparcar la masturbación cada pocos segundos para girar enérgicamente el manubrio que da cuerda al aparatejo. ¡Gracias electricidad!

Aunque la ciencia se puede usar también para el mal: se muestra una máquina eléctrica anti-masturbación de los años veinte, diseñada para soltar dolorosos calambrazos en el pene cada vez que detectase una erección. A algún masoquista no le parecerá mala idea, pero en general fue un aparato decididamente diabólico. Otros artefactos son de autenticidad histórica dudosa, como un cinturón de castidad al que solo falta un made in China o un corsé de hierro francés teóricamente del siglo XV que parece del set de rodaje de Excalibur.

En una línea más histórica y cultural, el parisino Musée de l’Érotisme alberga muestras de pintura, grabado o escultura. Tiene una sección dedicada al arte religioso hindú (por si no lo sabéis, mucho más sexualmente explícito que el occidental), otra con películas pornográficas de principios del siglo XX… No sigue un orden particularmente lógico, pero qué más da si podemos saltar de un dildo tradicional africano a un grabado sexual de Picasso.

Sex Museum Amsterdam (foto de PersianDutchNetwork)
Sex Museum Amsterdam (foto de PersianDutchNetwork)

 

En Amsterdam se pueden visitar dos museos eróticos similares, el Sex Museum y el Erotic Museum. La diferencia de nombre podría llevar a pensar que uno es más explícito que el otro, pero no van por ahí los tiros. El primero, también llamado Venus Temple, es más tradicional y tiene un enfoque histórico, artístico y cultural similar al de París; poca broma, que es el cuarto museo más visitado de la ciudad, a no mucha distancia del Museo Van Gogh. En cambio, el Erotic Museum está en pleno barrio rojo y es voluntariamente cutre, buscando más la carcajada del visitante que ponerle cachondo o culturizarlo. Lo más interesante de su colección es una serie de dibujos eróticos garabateados por John Lennon.

Fuera de Europa es de visita obligada el Museum of Sex de Nueva York, uno de los más recientes pero también más ambiciosos. Arrancó en 2002 tras dificultades de financiación y choques con la iglesia local, pero no tardó en consolidarse mediante exposiciones temporales de alto voltaje como la dedicada a las iconos pin-up de los sesenta o a la fotografía sexual masculina, con maromos desnudos al más puro estilo Robert Mapplethorpe.

También en 2002, un grupo de alumnos de una universidad privada de Bellas Artes de Corea tuvo una idea lunática que acabó resultando genial: decorar un parque de la isla de Jeju con ciento cuarenta esculturas pornográficas. Tras darle algo de respetabilidad sumando al conjunto unos cuantos vídeos de educación sexual y un par de instalaciones interactivas como un infame diorama coital animado a manivela, el parque se abrió al público con el nombre de Jeju Loveland. Una apoteosis kitsch definitivamente hortera, pero con alguna escultura sexy que podría haber sido diseñada por Milo Manara en persona.

Tong Li (foto de Stougard)
Tong Li (foto de Stougard)

 

A una hora en avión de allí se encuentra el único museo erótico chino digno de tal nombre, alojado en el pueblo de Tong Li. No sé cuánto durará frente al pacatismo censor del gobierno, pero actualmente contiene más de mil objetos pornográficos, en su mayoría esculturas, que sirven de recorrido por más de treinta siglos de historia sexual china. El jardín al aire libre es el lugar más fotografiado del museo: ¿dónde si no puede uno retratarse bajo el miembro gigante de un espíritu encadenado de la fertilidad?

Otro museo erótico de gran calibre alberga un jardín interior donde no solo se exponen esculturas pervertidas sino también se celebran charlas y hasta se representan obras de teatro picantes: el MEB o Museo Erótico de Barcelona. En este artículo podéis hacer un tour virtual.

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