Tú tan león, yo tan gacela

Yo, gacela. Esto lo comprendí en un curso de empresa, cuando para avivar el ardor guerrero de la competitividad, nos preguntaron si queríamos ser leones o gacelas. El aula se vino arriba con un rugido de ímpetu competitivo, porque allí hasta el último mono quería ser león. Yo los miré con algo de lástima, pensando que muchos de ellos, o se hacían herbívoros o morirían de inanición. Pobres leones muertos de hambre. Pues yo gacela, porque lo de pasarme la vida persiguiendo a gente que huye siempre me ha parecido muy cansado.

A mí que me persigan. Y ya sé que esta actitud queda poco feminista en los tiempos que corren, pero cuando me entran remordimientos me digo a mí misma que, como pago mis propias facturas y además en la cama me pongo encima, compenso y no iré al infierno de las mujeres antifeministas, que debe de ser un sitio horrible en el que te abre la puerta Ana Botella.

Lion jumping on a rock.

A mí que me persigan, que yo por amor ya ni me hago la encontradiza en la máquina del café. Ni me coloco a codazos en primera fila para escuchar a un cantautor mientras tengo que controlar a las groupies que se le tiran encima. Que luego te pasa como en las rebajas, que te peleas por un trapito con otras tres contendientes, y cuando consigues el trapito después de partir varias tibias, o al menos varias uñas, ves que era una mierda y que ni siquiera es tu talla. Y que además, a ver dónde le metes tú ahí el sujetador, y sin sujetador tú como que ya no. Así que cuando tus rivales se dan la vuelta, lo abandonas disimuladamente en cualquier percha. Y con los cantautores igual, cuando se baja de la tarima y ves que aparte de la letra de las canciones no tiene nada interesante que decir, te da una pereza tremenda llevarte a ese llorica a casa, y cuando se han marchado las otras aspirantes lo dejas apoyado en cualquier barra y huyes en taxi.

A mí que me persigan, que es más eficiente. Porque la vida me ha enseñado que cuando un hombre no te persigue, siempre existe una buena razón. Por ejemplo, que no eres su tipo. O que tiene esposa y tres churumbeles. O que es gay y le pareces tan interesante como una farola. No, yo no soy de esas que se empeñan en un imposible hasta la orden de alejamiento. Como dicen en Twitter, yo como el Chapo Guzmán: Quien me quiera, que me busque. Y quien me atrape, que no se confíe.

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