Tu hogar como nunca lo habías visto: 5 posturas para 5 habitaciones de la casa

Un hogar no es un hogar si no has hecho el amor en todas y cada una de las habitaciones. Eso es así ya vivas en una caja de cerillas o en un castillo a orillas del Loira. Porque hay trucos eróticos para hacer que 50 metros cuadrados parezcan 200 que no aparecen en el catálogo de Ikea.

Para la sala de estar: el truco del sillón

Sillón, que no sofá. Vamos a dejar descansar a nuestro tres plazas para probar a hacerlo en ese orejero maravilloso que tenemos en el salón (o en su defecto, esa butaca grande con brazos). Enróllate en una pequeña bola y túmbate con el culete hacia arriba en uno de los brazos del sillón, de manera que tus rodillas y espinillas se encuentren apoyadas en el mismo. La cabeza la puedes apoyar sobre uno de los cojines del asiento para estar más cómoda. Junta las piernas para conseguir un ajuste más apretado y un ángulo perfecto para que tu chico haga el resto desde atrás, golpeando profundamente la pared inferior de tu vagina. De esta manera tendrás la posibilidad de estimularte mientras tu clítoris y ambos disfrutaréis del viaje.

Para el pasillo: el simulacro de terremoto

Busca el marco de la puerta que más rabia te dé. Normalmente el del pasillo suele ser más estrecho y para esta postura (de pie) nos vendrá mejor. Se trata de valerse de brazos y piernas para hacerlo de manera erguida y rápida, como si mientras tuviese lugar un terremoto bajo vuestros pies. Con la espalda apoyada en la pared, deja una pierna en suelo mientras subes la otra y ajustas la diferencia de altura con tu pareja, que estará frente a ti con su espalda apoyada en la otra pared y ambas piernas en el suelo, penetrándote desde ahí. Os ayudará usar el marco y las paredes cercanas como puntos de apalancamiento.

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Para la cocina: el diluvio universal

Esta postura nos sirve igual para la ducha que para el lavabo. Pero si no tienes una alcachofa desmontable, lo mejor es que le hagas ojitos al fregadero de la cocina, que le tienes abandonadito. Siéntate en el borde y haz que tu pareja guíe la corriente de agua tibia entre tus piernas haciendo una pequeña vía con sus manos para que el agua gotee directamente sobre tu clítoris. No hay mejor estimulación que la del goteo de agua tibia mientras lo hacéis en la cocina.

Para el tendedero: el centrifugado extra

Súbete boca abajo a esa enorme máquina sexy y cuadrada a la que llamas lavadora, de forma que tu vientre quede encajado contra uno de los bordes y puedas sentir ‘justo ahí’ las sacudidas del centrifugado. Elije la secadora si prefieres una vibración más cálida y constante, y pídele a tu pareja que meta el detergente y/o el suavizante por sus correspondientes ‘cajones’, según tu estado de ánimo.

Para el comedor: las pinzas de ensalada

Túmbate sobre la mesa del comedor dejando las caderas al borde, las piernas hacia arriba y los pies sobre el pecho o sobre los hombros de tu chico (dependiendo de tu nivel de pilates). Tu dispuesto compañero estará encantado de llevar entre tus piernas uno o dos dedos bien lubricados haciendo el movimiento de “ven aquí” contra la parte superior de tu vagina. Dile que utilice a la vez el dedo pulgar de la misma mano de izquierda a derecha sobre tu clítoris como un usuario de Tinder indeciso, y conseguirá que llegues al orgasmo con la otra mano libre para masturbarse contigo.

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