Tú eres mi planeta, yo soy tu cometa

Tú eres mi planeta, yo soy tu cometa. Como buen cuerpo celeste me desplazo por la vida orbitando alrededor del sistema: me cambio de país, me cambio de peinado, me canso de las cosas y no entra entre mis capacidades físicas el poder estarme quieta. Adicta a la adrenalina, ciudadana del mundo, alma en búsqueda constante ¿De qué? De todo. Lo busco todo, lo quiero todo. Y lo quiero ya.

Estas ansias de vivir, de comerme el mundo, crean una cola de chiribitas que me sigue y persigue, una explosión magnética que recarga las pilas y devuelve las ganas de cruzar el espacio. Nosotros, los cometas, estamos sublimados.

Couple fun in the city

Suena atractivo, ¿verdad? Rodeada de explosiones, vibrando entre las llamas sin poder parar ni un solo segundo, siempre creando, siempre buscando ese punto luminoso en la lejanía. Pero los cometas están ardiendo, y no podemos olvidarlo. Si te mantienes a su lado siguiendo el ritmo frenético podrás disfrutar de un espectáculo extraordinario de fuegos artificiales y desenfreno, pero si paras a tomar aliento el cometa sigue y tú te pierdes entre sus brillos, su calor. La vida pasa.

Y después estáis vosotros, los planetas. Casi como si un magnetismo inexpugnable intentase acercarnos y repelernos al mismo tiempo, conseguimos mantener este status quo entre nuestro amor profundo y el tiempo que pasamos sin vernos entre viaje y viaje. De órbita en órbita.
A mí me cambias los esquemas, pero si me acerco mucho tenemos colisión y si me alejo demasiado, tengo miedo a encontrarme un día fuera de nuestro sistema solar.

Tú eres mi planeta, yo soy tu cometa.

Te orbito, me deshaces.

Te quiero, sin estar.

Me quieres cuando quemo.

Pero yo no ardo si me quedo quieta.

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