Tres hacen más placentera la compañía

Mónica es la novia de mi amigo Kike. Creo que ya os he hablado de ella, pero voy a detallaros mejor cómo es para contaros lo que ocurrió con ella. Mónica es pelirroja, piel blanca y algunas pecas bajo unos bonitos ojos azules. No mide más de un metro setenta. Tiene 36 años, el pelo rizado hasta media espalda, un pecho pequeño y natural y un culo imponente que guarda siempre en pantalones ajustadísimos. Su alegría, naturalidad y su trasero llamaron la atención de mi amigo Kike, cuando ambos se conocieron en una de esas fiestas para solteros.

Mónica y yo no hemos coincidido mucho, apenas en la fiesta de carnaval de este año, en el cumpleaños de Kike, en febrero, y en las fiestas de las navidades pasadas, cuando fue presentada oficialmente por Kike a su grupo más reducido de amistades. Siempre me pareció una chica mona, pero algo tímida. Nada más lejos de la realidad.

Cuando Kike me llamó para “celebrar la primavera en mi ático, con una cena al aire libre” no me extrañó demasiado, aunque sí llamó la atención que añadiera la coletilla “Mónica insiste en que vengas”. Llegué a las nueve de la noche del primer sábado de primavera. Pensé que era el primero en llegar, pero Kike me advirtió nada más entrar que era el único invitado.

– Dos son compañía y tres multitud, le dije, aún en la puerta.
– No seas antiguo, Romeo, y relájate, que no pasa nada, contestó Kike.

Mónica llevaba un vestido blanco corto, con vuelo, me dio dos besos en las mejillas e identifique su perfume, Pure de Miyake. Me di cuenta de que no llevaba sujetador porque los pezones se marcaban en el vestido cuando se movía demasiado. Nunca me había fijado en ella como mujer, y entonces pensé que si no fuera la novia de Kike  seguramente echaría mis redes para llevarla a la cama. Cenamos algo ligero, contamos anécdotas de la infancia, nos reímos y bebimos una botella de rosado entre los tres.

Young woman choose from two men, isolated

La sorpresa llegó con los postres, cuando Kike comenzó a recoger la mesa y se negó a que le ayudase. Luego se fue a fregar los platos, mientras Mónica y yo nos quedamos en un incómodo silencio, sentados en un columpio en la terraza. Luego Mónica me miró fijamente, se acarició la melena y, dijo, como si nada:

– ¿Sabes Romeo? Me pones mucho desde que te conozco… Y Kike y yo habíamos pensado algo.
– ¿Qué?, contesté sorprendido.

Mónica no dijo nada, se acercó, puso su mano izquierda encima de mi polla y me besó. Yo me quedé de piedra y… pegué un pequeño salto.

– “Él está de acuerdo”, dijo.

Entonces decidí relajarme, porque lo cierto es que sus labios y su beso me gustaron. Me senté de nuevo, Mónica me desabrochó el pantalón y se puso de rodillas a mis pies. Sacó mi polla erecta y comenzó a pasar su lengua alrededor de mi glande, luego se la introdujo en la boca de un golpe hasta el fondo y empezó a subir y bajar su cabeza sobre mi pene. Yo apenas podía contener el placer y empecé a suspirar.

Entonces apareció Kike y se llevó el dedo índice a los labios pidiéndome silencio. Si no estuviera tan cachondo como estaba juro que me hubiera desempalmado. Nunca había hecho un trío y estaba a punto de abandonar, pero después de la mamada que me estaba haciendo Mónica ya había perdido cualquier reparo y más cuando Kike se sentó frente a nosotros en una silla, sacó su pene de los vaqueros y comenzó a masturbarse mientras contemplaba a su novia chupármela.

Luego Mónica paró, miró hacia atrás y al ver a Kike se levantó el vestido hasta la cintura, echó el culo un poco más atrás, sonrió a su novio y comenzó a chuparme la polla con más ganas. Entonces Kike dijo, “¿te gusta cómo chupa?”. Yo apenas pude balbucear, “me encanta”. Luego mi amigo se arrimó donde estábamos, se arrodilló detrás y le metió su pene en el coño, de un solo golpe. Mónica paró de chupar, aunque seguía con mi polla en la mano derecha haciéndome una paja.

Puso su mano izquierda en su clítoris, cerró los ojos y comenzó a suspirar al ritmo de las embestidas de Kike, que la cogió del pelo para mantener su cabeza erguida y recordarle a su novia que no me dejase de dar placer. Aquello motivó más a Mónica que me miró y comenzó de nuevo a mamar con más ganas que antes. Mi amigo se movió cada vez más rápido dentro de ella, durante un minuto más, hasta eyacular.

Luego Kike se retiró y regresó a la silla de antes, entonces Mónica dijo, “ahora tú, Romeo” y se quitó el vestido por la cabeza. Tenía una piel blanca y fina, el coño rasurado, los pezones de color rosa intenso y un piercing en el ombligo. Yo seguía sobre el columpio de dos plazas. Se subió encima de mi polla, dando la espada a su novio otra vez, se la metió despacio en su coñito y me puso las tetas en la cara. Comencé a besar uno de sus pezones, estaban fríos y sabían a jabón y hierbabuena, ella se movía adelante y atrás sobre mi pene, tomó mi mano derecha y me la acercó a su culo. Yo entendí la petición y comencé a jugar con mi dedo anular en la entrada de su ano, poco a poco fui introduciéndolo mientras ella me animaba al oído: “Esperaba esto hace mucho tiempo, me pones muy cachonda Romeo. Fóllame el culo con tu dedo por favor y dime que Kike sigue mirando”.

Me había olvidado de mi amigo, pero allí seguía, sentado en su silla y acariciándose ahora plácidamente por encima de los calzoncillos mientras su novia me follaba  y gemía cada vez más rápido. De repente, Mónica paró, apretó sus muslos sobre mi, gimió más fuerte sobre mi oído y se corrió sobre mi. Luego se quedó relajada y me pidió. “Ponme a cuatro patas para que me veáis bien”.

Me bajé de aquel columpio mecedora, puse a Mónica cuatro patas delante de mi y mirando a su novio. Flexioné un poco las rodillas y se la metí poco a poco por el culo. Al principio gritó por la sorpresa, pero luego comenzó a moverse para animarme. La tomé por el pelo y levanté su cabeza para que contemplase a Kike haciéndose una paja mientras yo la enculaba, al principio despacio; pero pronto ella pidió “más, más, más rápido” y yo di rienda suelta a mi deseo. Mientras mi amigo Kike se levantó de la silla, se acercó a su novia y metió su polla en la boca para eyacular. Entonces yo me dejé llevar y la di por culo lo más duro y rápido que pude, fueron el par de minutos más placenteros de la primavera, hasta que me corrí en su culo mientras respiraba su perfume en su nuca. Espero que llegue pronto el verano y me inviten a su fiesta otra vez.

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