Todo aquello que necesitas para follar como una estrella del porno

Paso número uno: métete al porno.
Paso número dos: rueda tu primera escena.
Voilà ! Con estos dos sencillos pasos ya follarás como una pornstar. Mira qué sencillo, ¿verdad? Probablemente no es la respuesta que querías escuchar, pero teniendo en cuenta que mi artículo más visto en este portal es “El truco definitivo para tener el mejor sexo del mundo” (os recomiendo que le echéis un ojo), creo que puedo afirmar sin reparos que la mitad de vosotros, queridísimos usuarios, estáis buscando simplemente titulares atractivos. Y si habéis decidido entrar en este artículo porque realmente queréis saber qué podéis hacer para mejorar vuestros escarceos amorosos, os desilusionaré con una respuesta que no incluye trucos mágicos sino un consejo realista.

Céntrate en tu amante, comunica tus deseos y pregunta todo aquello que no tengas claro. Contrariamente a la opinión popular, el dedicarte a la pornografía no es sinónimo de saber follar. Mucho menos de saber hacerlo bien.

Pero bueno, sea como fuere voy a centrarme en el tema que he venido a tratar. Porque este artículo no es sino un pequeño experimento sociológico en el que tú mismo, adorado lector, estás participando en este preciso momento. Ahora, reflexionemos acerca de por qué has decidido meterte aquí.

Yo no soy periodista. Estudié Bellas Artes, me hice famosa por ser actriz porno y tengo la suerte de que me encanta leer. Cuando devoras libros como si fuesen gominolas, al final tu cerebro acaba absorbiendo los recursos estilísticos de los autores que admiras y cuando te ponen un ordenador delante puedes, en la medida de lo posible, escribir textos decentes. Y por eso he acabado aquí, escribiendo para El Sextante.

Me parece importante decir que no soy periodista porque lo cierto es que no sé lo que enseñan en la carrera. Yo sé de pinturas al óleo, Giotto y cómo usar un tórculo pero ni idea de cómo hacer una retransmisión en directo o cómo consultar una hemeroteca.

Y como no me siento parte del gremio, tiendo a observar todo este mundo desde una distancia prudencial, con la curiosidad de alguien que se siente ocupando un espacio ajeno. Como cuando de pequeño te metes en la cocina, con tus padres lavando los platos y friendo patatas mientras te apartan delicadamente para que no te cortes, ni te quemes. Y ahí estás tú, intentando comprender unos movimientos que en aquel momento parecen indescifrables. Así me siento cuando escribo estos artículos, tanteando poco a poco un terreno que me es desconocido pero que estoy deseosa de desentrañar.

Teamwork meeting concept.

Por ese motivo, cuanto más profundizo en los tejemanejes periodísticos más me sorprendo de la cantidad de medios que cambian y retuercen los titulares para conseguir un mayor ratio de visitas. Yo pensaba que estas cosas no pasaban. Si buscas un ejemplo más concreto, podría remitirme a todos aquellos links compartidos a través de las redes sociales que acababan con “Y no te imaginarás lo que pasó después”. Fulana abrió una bolsa de patatas fritas y no te imaginas lo que pasó después. Menganito se pasó un año comiendo ensaimadas y no te creerías lo que ocurrió después. Le abrieron la tripa a este cocodrilo y alucinarás con lo que encontraron dentro.

Me sorprende que no exista una crítica profundamente sangrante a la manera en la cual compartimos la información. Entiendo que con la desaparición del formato impreso las webs están intentando monetizar el contenido desesperadamente mientras buscan el click fácil. O dicho de otra manera, el sistema capitalista está deformando el rigor periodístico. A lo mejor la que está podrida es la raíz, y nosotros como consumidores solo somos marionetas intentando poner ambientador en un trozo de mierda.

Pero bueno, esto ya lo sabemos todos, ¿verdad? No es que esté descubriendo la pólvora. Que la sociedad está alienada, que los intereses mueven ciudades y que al fin y al cabo la promesa eterna de libertad es solo un esbozo de lo que de verdad podrían ser nuestras vidas si moviésemos un dedo. Pero aquí seguimos, poniendo tiritas en una herida que es más grande que nosotros mismos. Haciendo clicks sumidos en esta repetición demente.

En el año 67 se publicó un libro que marcó mi vida, ‘La sociedad del espectáculo’, de Guy Debord. Hace casi cuarenta años ¡cuarenta años, repito!, Debord ya vaticinaba la que sería la caída de nuestro imperio. Cómo nuestra vida social se vería reducida a “la declinación de ser en tener, y de tener en simplemente parecer”. Somos lo que representamos. Necesitamos alzarnos y luchar contra ello o seremos engullidos inevitablemente por una doctrina que ha demostrado ser un pozo sin fondo.

Una vez te das cuenta del embrollo en el cual estamos sumergiéndonos, parece casi imposible el pensar en una salida factible. Pero la hay, apoyando a aquellos comunicadores que siguen intentando presentar datos fiables, imparciales y sinceros. Aquellos que todavía buscan informar. Y rechazando los titulares baratos, las crónicas sensacionalistas, el papel mojado.

Pero sobre todo reflexionando acerca de los motivos que nos llevan a entrar en estos artículos, consumiendo la información de manera responsable y entendiendo que como lectores también tenemos voz y voto en esta partida. Si secundamos contenidos comprometidos, ayudaremos a que se desarrollen. Si apoyamos argumentaciones vacías, estaremos estimulando su existencia.

Eso es todo. Gracias lector, por haber reflexionado conmigo. Y gracias a este medio por amparar mis desvaríos.

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