¿Tienen miedo los chicos a los juguetes eróticos en la cama?

Cada vez resulta menos sorprendente que una mujer invite a participar en sus relaciones sexuales a algún que otro ‘amigo íntimo’. No pensemos en tríos que estamos hablando de sus juguetes sexuales. Por suerte para todos, sacar en un momento dado un vibrador o algún otro artilugio que pueda acelerar la excitación sexual de ellas –y de ellos– y dar un poco de vidilla al ambiente, ya no es un tabú. Pero todavía hay muchos hombres que interpretan la aparición de un dildo como la de un archienemigo que les va a dejar en evidencia. ¿O no? Cuando aparece en escena uno de estos aparatos, ellos pueden pensar de todo. Y, por lo general, no falla que por sus mentes se pase alguno de estos pensamientos:

Efecto sorpresa: “Y esto… ¿Para qué lo saca?”. Más que intimidados, muchos hombres se sienten sorprendidos cuando una chica decide preguntar si le parece bien que añada unos divertidos accesorios para “pasárnoslo mejor”. Interpretarlo como una amenaza o un juego divertido, es la nota que marca la diferencia entre los que se llevarán “un buen amigo con el que contar de ahora en adelante” o los que opten por tragar con la situación, pero desear que “acabe cuanto antes”. Nota adicional: uno de los dos se va a perder muuuuucho.

“Qué suave es”. Todos han entrado alguna vez en un sexshop, pero pocos se han atrevido a probar el tacto de los objetos sexuales femeninos para descubrir que sí, los juguetes que venden para ellas son tan suaves como si estuviesen cubiertos de talco o, incluso, tan blanditos –apagados– y turgentes –encendidos–  como un auténtico pene en pseudo y total erección.

“Esto se mueve muy rápido”. La velocidad de vibración y movimientos deja sorprendidos a algunos que no pueden evitar pensar que sus miembros viriles no pueden agitarse tan rápido, ni aun ayudándose de una de sus manos. Menos complejos y más recordar que las vaginas artificiales están siempre lubricadas como por arte de magia, amigos.

Metal love balls

“Lo que me faltaba. Voy a quedar fatal por su culpa”. Una vez han interactuado con uno de estos juguetes a algunos les entra el pánico escénico. Lo primero es hacerles saber que no son un sustituto “por si fallan”, pero en su mano está dejarse llevar por el disfrute y aprender a usar la nueva herramienta, o mantenerse al margen y buscar por todos los medios que ella “se olvide del tema”. Por el amor de dios, ¡no desaproveches la ocasión de conseguir un aliado en la carrera por el orgasmo!

“¿Gira en todos los sentidos?”. Algunos juguetes simplemente vibran y otros tienen la capacidad de girar como si hiciésemos ondas con el dedo. Sea cual sea el formato, si lo ven por primera vez pensarán que ellos no son capaces de moverse así. Bueno, para eso están los ‘amigos’, para echarse una mano cuando uno no puede hacer algo, ¿no?

“Uy, qué grande”. Lo primero que suelen hacer es comparar lo que ellos lucen entre las piernas con el tamaño de lo que ella tiene entre sus manos. Y ojo, que el recién aparecido en escena no pierde la erección ni quedándose sin pilas, y lo saben. Lo que no piensan es que no siempre entran en escena por completo, así que menos medir y más actuar.

“Uy, qué pequeño”. Cuidado, también puede ocurrir que ella saque un simple vibrador estimulador del clítoris –como los que se colocan sobre el pubis o directamente sobre el órgano sexual sin necesidad de penetración– y él piense que lo tiene todo hecho. En tal caso, lo ideal es que comprenda que esa novedad está ahí precisamente para llegar a donde ellos casi nunca llegan… En serio, ¿todavía hay personas que se centran en encontrar el complicado punto G?

“A ver que lo haga ella…”. Observar cómo alguien se masturba y siente placer es uno de los fetiches sexuales más comunes, así que nadie debería sorprenderse de que algunos hombres prefieran mantenerse al margen y dar rienda suelta a lo que ella quiera hacer con su juguete habitual justo —¡por fin!— delante de sus mismísimos ojos.

 “Preliminares arreglados”. Pensamiento solo apto para los veteranos que saben que, gracias a estos simpáticos artilugios, la excitación y lubricación será mucho más sencilla de conseguir. Disfrutan viendo cómo ellas entran en calor gracias a una pequeña ayuda externa que ya les resulta de lo más familiar.

Átame: “Espósame a mí, va”. No todo son dildos y vibradores. Si entre los accesorios tenemos otros como esposas o azotadores, quizás haya alguien más en escena que quiera llevar el rol del que disfruta de los juguetes… Pídelo ¡y a disfrutar!

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