¿Tienen las lesbianas menos sexo que los heteros?

Las lesbianas practican menos sexo, o eso creía el sociólogo de la Universidad de Chicago Pepper Schwartz, que en 1983 publicó un estudio en el que decía que las parejas de lesbianas tenían menos sexo que las parejas heterosexuales casadas, las heterosexuales que convivían y las parejas de gais tras un tiempo de relación. Además, por si fuera poco, concluyó que las parejas lésbicas tenían menos variedad en técnicas amatorias y eran menos sexuales tanto en pareja como en solitario. Vamos, que follábamos poco y mal.

Por suerte, muchos han desmentido estas afirmaciones. Masters y Johnson, dos de los más eminentes sexólogos de la historia, ya estudiaron en 1973 el comportamiento sexual de las lesbianas y extrajeron que sus comportamientos sexuales están más asociados a la satisfacción sexual que los de los heterosexuales, se centran más en el contacto de todo el cuerpo, tienen menos preocupación por llegar al orgasmo, más asertividad y comunicación sobre las necesidades sexuales, encuentros sexuales más largos y mayor satisfacción con la calidad de su vida sexual.

Marilyn Frye, filósofa estadounidense y feminista lesbiana, contraatacó el estudio de Schwartz y concluyó que el 85% de las parejas casadas heterosexuales dedicaban de media 8 minutos para el sexo, mientras que en las lesbianas, aunque fuera con menos frecuencia, la media era de unos 30 minutos.

Two women holding hands

Sea mito o realidad, hay algo de lo que estoy segura: la vida sexual hay que mantenerla activa si no queremos que se atrofie. La falta de deseo o la apatía sexual no son ajenas a nadie, ni siquiera en las relaciones lésbicas. Hay varios enemigos contra los que tienes que luchar si quieres mantener viva la llama de la pasión:

El estrés: vivir a toda prisa, comer mal, dormir peor, no hacer ejercicio, tener un trabajo estresante… Son los enemigos de la sexualidad sana. Debes cuidarte física y mentalmente para poder disfrutar plenamente del sexo.

Sexo en un segundo plano: hay parejas en las que se tiende a considerar la sexualidad como un anexo en nuestra relación de pareja, pero no como un pilar básico de la relación. Debemos ser conscientes de la importancia que tiene el sexo para ambas, ponerlo en el lugar que se merece y cuidarlo como tal.

Educación sexual: en general, las mujeres hemos recibido una educación en la que se espera de nosotras no tener sexualidad, no disfrutar del erotismo ni ser agentes activos en nuestro propio disfrute. Se espera de nosotras ser pasivas, no pedir sexo o ni siquiera disfrutarlo. Tenemos que ser conscientes de esa mochila que arrastramos y deshacernos de ella para poder avanzar más ligeras.

La rutina: siempre hay obligaciones, pero ¿somos capaces de dejarlas en un segundo plano para darnos un momento para el placer? Trabajar, limpiar la casa, hacer la comida, pagar las facturas o hacer la compra son cosas importantes, pero no las pongas por delante de tu relación de pareja o saldrás perdiendo.

Exceso de confianza: convivir con una persona puede aportar muchas cosas buenas, pero también otras malas. Verte día a día con el pijama, los pelos de recién levantada o mientras andas soltando lastre en el baño chocan de frente con la idea del erotismo. Cierra la puerta del baño, no estés todo el día en pijama, lávate la cara al levantarte… En definitiva, haz que tu pareja no te vea como una compañera de piso, sino como la mujer a la que desea quitarle las bragas.

Si crees que tu cama ahora mismo está más muerta que viva, saca el desfibrilador y dale un chispazo que haga que vuestros cuerpos vuelvan a la vida.

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