Tengo un gay en la oficina

Pues sí, claro que esto no debería suponer ningún tipo de situación curiosa ni distinta. Pero como aún estamos aprendiendo a naturalizar la homosexualidad, nunca vendrán mal unos consejillos.

Existe un verbo fundamental a la hora de hablar de igualdad. Es un verbo que se hace especialmente relevante cuando hablamos de diversidad sexual. Se trata del verbo “naturalizar” y sirve para comprender lo que puede que, en realidad, esté haciendo tu compañero gay cuando (desde cierto punto de vista un poco arcaico) alguien dice que está “alardeando” de su homosexualidad.

bandera

Comencemos por el diccionario. Alardear significa “hacer ostentación, presumir de algo”. De este modo, a no ser que tu compañero de oficina (o donde quiera que trabajes) se pase el día diciendo cosas al estilo de “ser gay es mucho mejor que ser heterosexual” difícilmente estará alardeando de su homosexualidad. A lo mejor, lo que está ocurriendo es que, simplemente, habla con naturalidad de su vida afectiva. Con la misma naturalidad con la que tú, el lunes por la mañana, llegaste diciendo que habías ido esquiar con tu mujer y tus hijos. A no ser que esté zumbado, raramente un compañero de oficina gay dará explicaciones lujosamente detalladas sobre sus prácticas sexuales. Por tanto, que él te cuente que tuvo una cita con un chico que está conociendo es algo tan natural y con tan poco alarde como que Susana, la de finanzas, te diga que empezado a salir con el primo de una amiga.

Ser gay (o lesbiana) no es algo que deba reservarse para la vida privada de nadie. Privadas son las prácticas sexuales concretas y las personas concretas con las que se llevan a cabo esas prácticas. Pero la orientación sexoafectiva es tan pública para el gay o la lesbiana (o el/la bisexual) como para ti que eres heterosexual. Y si tú no alardeas de heterosexualidad cuando cuentas cómo ha sido tu fin de semana en familia, ellos tampoco lo hacen cuando dan detalles superficiales de su vida privada. Esos detalles que se acostumbran a compartir durante las conversaciones al lado de la máquina de café.
Recuerda también que tú no estás tan bueno como para que él quiera refregarse contra ti en el cuarto de la fotocopiadora. Y aunque lo estés, ¿no es un poco antiguo ese prejuicio de que todos los gais somos  depredadores sexuales? Pues a ver si te modernizas.

Otro detalle (para ir acabando), si tú tienes una taza en tu escritorio con el escudo de tu equipo de fútbol porque, de alguna manera, es algo que te da identidad, no te sorprendas si él tiene una taza con la bandera del arco iris. O con un triángulo rosa. Que, por si no lo sabes, es el distintivo que los nazis colocaban en la ropa de los homosexuales en los campos de exterminio. Que a nadie lo han gaseado ni metido en un horno crematorio por ser de un equipo de fútbol. Si tú tienes derecho a los símbolos (que sí que lo tienes y todos nos alegramos de que así sea), tu compañero homosexual también (y hasta puede que con más razón).

Acércate, pregúntale, adquiere una actitud de auténtico interés y puede que aprendas cosas que jamás te hubieras planteado. O, como poco, puede que empieces a sentirte mucho más cómodo rodeado de diversidad. Es un excelente primer paso. Y estaremos encantados. Todos.

Click aquí para cancelar la respuesta.