¿Te apuntarías a una maratón de masturbación?

Si hace unas semanas hablábamos de un singular concurso en Estados Unidos, en concreto, de una oda al micro pene, hoy le toca el turno a otro maratón no menos curioso y que también es originario del otro lado del Atlántico.

En San Francisco, ciudad casi sin ley, tenemos constancia, siempre a través de Google, de que se celebró, al menos hasta 2015, una maratón dedicada al onanismo: el Masturbate a Thon. O sea que en vez de una maratón convencional en la que acabas con ampollas en los pies, si es que sigues teniendo pies al final, en este concurso la cosa va más de genitales y de manos. Y ojo que consiste en ganar, no en darlo todo en los cinco primeros minutos, así que hay que relajarse y respirar, como aconsejaba uno de los participantes de una de las ediciones. O sea, ambas maratones, la convencional y ésta del onanismo comparten un punto en común: se trata de resistencia.

El primer maratón dedicado al onanismo en esta ciudad surgió en el año 2000, la iniciativa partió de una tienda erótica y con un objetivo más que loable: los que se tocan no pagan, ya solo les faltaba después de esta demostración de entrega, pero sí lo hacen los asistentes al espectáculo (hay gustos para todo) y el dinero recaudado se emplea en causas relacionadas con las enfermedades de transmisión sexual.

Playful male left hand touching his panties under blue jeans

Esta iniciativa, que hace palidecer a algunos concursos patrios como el de lanzamiento de hueso de aceituna o los festivales nórdicos de captura de un queso de bola montaña abajo, por ejemplo, se ha ido desarrollando después, con mayor o menor fortuna, en otras ciudades, también europeas y, como casi todo está inventado, en Oriente han decidido darle una vuelta de tuerca a eso de masturbarse en público. En este caso consiste en un programa de la televisión china donde dos chicas escogen a candidatos en la calle para masturbarlos en el plató de televisión (gana el que antes eyacula).

En Japón, por su parte, cuentan con otra versión más cantarina: se trata de un concurso de karaoke (ya sabemos que los nipones son unos aficionados a este arte) en el que los chicos cantan mientras unas “enfermeras” les masturban. Gana aquél que consigue terminar la canción sin haber eyaculado (y también sin haber perdido el ritmo y sin meter la pata en la letra de la canción, podéis verlo en este vídeo). En efecto, vivir para ver.

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