Superando tabúes: 10 errores sexuales clásicos que ya no son un problema

Querer mejorar tu vida sexual es un objetivo de lo más saludable, siempre y cuando te lo propongas desde el enfoque adecuado. Ni tienes por qué estar haciendo algo mal ni es culpa tuya que no te guste determinada práctica, te corras antes de tiempo o no tengas ni la más remota idea de qué es eso del orgasmo porque nunca has llegado. Lo que ocurre es que no has superado determinados tabúes responsables de que tantas y tantas personas se hayan sentido sexualmente frustradas durante toda su vida.

Presta atención y repasa si quizás alguno de ellos es que el que te hacía pensar que tus relaciones eran un fracaso. Borrón y cuenta nueva y a disfrutar del sexo cómo y cuando quieras.

1. No ser capaz de tener un orgasmo a través del coito. Por fin formar parte de la mayoría de las mujeres del planeta, no es un tabú. De hecho, solo el 25% de las mujeres son capaces de alcanzar el clímax al menos una vez en sus vidas a través del coito, y muchas de ellas nunca consiguen. En general, somos clitoridianas, pero también muchas disfrutan más de otros puntos erógenos como el roce anal, el punto G e incluso a través de sus senos. Esperar la llegada del orgasmo vaginal puede ser tediosa, insatisfactoria e incluso dolorosa. La estimulación de otras zonas erógenas no solo es una buena excusa para alargar los preliminares, además puede ayudarnos a encontrar esa auténtica llave del placer y dejar de sobrevalorar el coito.

2. Los juguetes sexuales dejan de ser una amenaza. Jugar a los médicos con el instrumental adecuado para la ‘operación orgasmo’, ya está bien visto y testado por todos los públicos. Pocas son las que ocultan su colección de vibradores y dildos a sus parejas y saben cómo presentarlos en sociedad para que ambas partes hagan uso y disfrute de sus vibrantes y placenteras caricias durante el coito. Sí, tiene una movilidad que tu pene jamás alcanzará, pero es un aliado sin igual para que ella se retuerza de placer durante los preliminares facilitando con creces la penetración y el clímax.

3. Tener los labios desiguales. Especialmente si tus profesores de educación sexual han sido los actores y actrices que veías en el porno, quizás te hayas obsesionado con que tus labios vaginales no tenían ese color rosa iluminado y eran perfectamente asimétricos a la par que pequeños. Incluso puede que alguien con la misma base educativa te haya hecho sentir rara al ver los tuyos. Mal. Aunque todavía hoy hay muchas mujeres que prefieren optar por la cirugía vaginal para solventar el hecho de que los labios suelen ser irregulares, con tonos más bien oscuros y, más aún cuando se tiene una vida sexual activa, algo alicaídos y colgantes; lo mejor es aceptarlos y mimarlos como son. Hay casos raros en los que los labios grandes pueden causar molestias físicas, pero si los tuyos no lo hacen, no hay motivo para intervenirlos. Siéntete orgullosa de tu cuerpo de los pies a la cabeza, sin saltarte tus labios vaginales y aceptándolos tal y como son.

Young couple showing affection in bedroom .

4. Ver un montón de porno. Sin llegar a un consumo excesivo que nos aleje de la realidad circundante y se convierta en una obsesión vital, ver algo de pornografía ya no es ningún tabú. Ni tampoco hacerlo acompañados para coger algunas ideas que poner en práctica… Pero cuidado, la generalización del consumo de pornografía no quiere decir que ahora seas un bicho raro por no pasarte horas viendo a siliconados personajes dale que te pego en posturas imposibles. Lo primero, deberías saber que ya no es así todo el porno y hay un amplio abanico de posibilidades, y lo segundo, tienes total libertad para buscar inspiración en algo tan sencillo como una lluvia de ideas con tu acompañante de alcoba sin gemidos ajenos de banda sonora.

5. Caricias anales, pero para ellos. Bienaventurados los hombres que no solo sienten placer cuando lamen o acarician su zona anal, sino que además lo piden. El masaje de próstata es uno de los grandes aliados para lograr orgasmos masculinos intensos y duraderos, así como para proteger a los varones de enfermedades tan frecuentes como el cáncer de próstata. Todo beneficios para aquellos que han superado las vergüenzas con disfrutar del sexo por su puerta de atrás.

6. Los polvos rápidos. O, dicho de otra manera, no deprimirse porque las relaciones sexuales apenas superen los 10 minutos (incluyendo los preliminares). Como se suele decir, ‘mal de muchos, consuelo de tontos’, pero el caso es que muchas veces no disponemos de tiempo suficiente como para prolongar nuestra actividad sexual durante horas. Más vale un saludable polvo rápido y satisfactorio que irlo dejando y dejando hasta que encaje en la apretada agobiante agenda, y lo sabes.

7. Tanto el decantarse por prácticas poco “típicas”… Comentar con nuestros amantes nuestras fantasías sexuales deja de ser algo privado y oculto para formar parte de las variedades del menú sexual de la jornada. Ya no tenemos miedo a comentar nos apetece probar un poco de sexo anal, algo de BDSM ligerito o sugerir que nos digan una serie de palabras mágicas que para nosotros resultan orgásmicas. Recuerda, tu vida sexual es tuya y, lo mejor, resulta que tus gustos pueden terminar por resultar sorprendentemente satisfactorios para ambas partes. ¡Solo tienes que aprender a pedirlo!

8. … como ser un amante del “sexo normal”. El club de fans del sexo vainilla está de enhorabuena. Como ocurre con quienes quieren innovar y probar cosas nuevas en la cama, quienes disfrutan como enanos con una buena sesión de tradicional sexo oral, la postura de la vaquera o incluso el tan de capa caída misionero, dejan de ser personas sexualmente simplonas. Experimentar prácticas sexuales diferentes es emocionante, pero no nos volvamos locos: la verdad es que no resultan igual de gratificantes para todo el mundo, y decir que no te apetece o que prefieres otra cosa, por muy típica que parezca, no es un problema. El objetivo sigue siendo disfrutar, y siempre como más os guste. Sea novedoso o parecido a lo que ya habéis probado, ningún encuentro será igual que el anterior así que ¿por qué no trabajar en que sea cada vez mejor en lugar de obsesionarnos con su parecido razonable a posturas testeadas?

9. No mojarse demasiado. ¡Aleluya! Tener un lubricante vaginal en el cajón de la mesita ya no te hace ser una persona frígida o con problemas de salud vaginal sino alguien precavido a quien le gusta allanar el camino al orgasmo. Desde el jabón que uses hasta un determinado medicamento o estar pasando por una época de estrés pueden ser los responsables de tener algo de sequedad vaginal. Aprovechar el momento de unte de lubricante para masajear la zona –recuerda que no, no son geles mágicos que se ponen dilatan en micro segundos– durante los preliminares ya no es un remedio a la antigua usanza para las vaginas poco mojadas, es un acto común, refrescante y placentero.

10. Tener un deseo sexual bajo. Ni te duele la cabeza, ni estás ‘en esos días’, ni necesitas fingir que te has dormido. O sí. El caso es que no te apetece practicar sexo de ninguna de las maneras y tienes todo el derecho y respeto del universo para rechazar un encuentro improvisado. El deseo sexual depende en la inmensa mayoría de los casos de nuestro estado emocional y psicológico, aunque otros factores como que el sexo sea repetitivo y poco gratificante; o que nos resulte físicamente molesto e incluso doloroso, tampoco ayudan. Si aun probando a poner en práctica tus posturas preferidas y dejando te sigue resultando de lo menos apetecible, recuerda que acudir a un especialista a habar de tus problemas sexuales también ha dejado de ser un tabú. Te van a ayudar a disfrutar de verdad, esta vez a lo grande.

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