Sobre el miedo y cómo vencerlo

Escribí un artículo hablando de cómo gestionar los celos y mis seguidores se volvieron locos. Mensajes privados contándome sus casos particulares y comentarios sobre cómo de necesario es aprender a deconstruir el miedo para poder tener una relación de pareja saludable. Así que he decidido ahondar un poco más en este concepto: el miedo.

Porque al final los celos, la angustia, el estrés, la falta de confianza en nuestra pareja…todos estos sentimientos que tanto daño nos hacen son simplemente la manifestación de un temor mucho más profundo. Y ese temor se reduce en un solo concepto: Algo pasará en mi vida y yo no seré capaz de gestionarlo. Me despedirán, mi pareja me dejará, mi hijo caerá enfermo, me quitarán la casa, me quedaré sin dinero, mi novia se irá con otro…Y yo no seré capaz de superarlo.

Porque si tuviésemos la absoluta certeza de que pase lo que pase conseguiremos encontrar una forma de ser felices, es decir, si pudiésemos coger ese temor y echarlo a un lado de forma consciente con la seguridad de que sabremos gestionar todo lo que la vida nos ponga por delante, no tendríamos nada que temer y por tanto cada instante que pasamos en este planeta sería un motivo para ser felices per se.

Hay problemas objetivos y otros, subjetivos

¿Esto significa que todos los problemas que tenemos en nuestra vida se pueden resumir de una forma tan sencilla? Por supuesto que no. Hay problemas reales, digamos ‘objetivos’ – caer enfermos, la muerte de un ser querido, que nos despidan…- y otros tantos que nosotros mismos nos construimos. Y son de hecho estos problemas ‘subjetivos’ los que normalmente nos quitan el sueño. Pero tanto unos como otros se resuelven de la misma manera ¡Oh sorpresa! Aprendiendo a confiar en nuestra capacidad para poder superar las adversidades.

Nos han enseñado que la felicidad es un lugar paradisiaco al que hay que llegar. Nuestra Ítaca. Ese momento en el que al fin, la dicha correrá por nuestros corazones y podremos deleitarnos en disfrutar de una situación idílica. Tenemos trabajo, y tenemos pareja, y tenemos dinero ¡El éxito nos hará felices! ¡Una casa más grande nos hará sentirnos mejor! ¡Una tele con más megapíxeles! ¡Tiempo de ocio con nuestros hijos! ¡Más vacaciones con nuestra pareja!

Pero hay un problema de raíz en esta concepción, y es que está basada en encontrar lo que yo llamo ‘disparadores’. Situaciones o acciones que harán que nuestra vida sea mucho mejor, más plena, más constructiva.  El problema de este modelo de pensamiento es que la responsabilidad de ser felices recae en una situación externa a nosotros.  Cuando aquello que espero suceda, todo irá mejor. Con la mala fortuna de que aquello que esperamos, a veces no sucede. Y entonces caemos en periodos de angustia, estrés, depresión, como si la vida fuese una montaña rusa de periodos de felicidad y tristeza.

Insomnia

Parémonos por un segundo a pensar si realmente queremos que nuestra dicha dependa de aquello que nos rodea o si hemos de ser nosotros mismos los responsables de nuestras alegrías. Y es que la felicidad no se alcanza, se construye. Con esfuerzo e inteligencia emocional, conociéndonos a nosotros mismos y sabiendo qué herramientas nos funcionan y de qué manera utilizarlas.

Podemos domar nuestros demonios

Por supuesto los infortunios objetivos y subjetivos seguirán sucediendo, con la diferencia de que conseguiremos aprender a diferenciar los unos de los otros y a no dar importancia a aquellas cosas que pensando lógicamente, no la tienen. No está de más recordar que no debemos controlar nuestros sentimientos pero sí podemos responsabilizarnos de la manera en que reaccionamos ante ellos. En algún lugar leí que no podemos eliminar nuestros demonios, pero podemos domarlos, ponerles riendas y llevarlos por la senda que de forma consciente decidamos.

Pero volvamos al tema que nos concierne para poner un punto y aparte en esta reflexión personal. Ese temor inconmensurable que estrangula nuestras entrañas cuando nos enfrentamos a algo que no deseamos. Si pudiésemos crear una balanza imaginaria con nuestros sentimientos, encontraríamos al amor en el lado opuesto al miedo. Qué poético suena, qué bonito. Muy new age. Otro día os hablaré sobre la relación entre el amor y el miedo, pero mientras tanto os voy a dejar un ejercicio, porque este es el tipo de cosas que solo se pueden aprenden cuando las llevas a la práctica.

Coged una hoja de papel y un boli y apuntad aquellas cosas que más os atemorizan. Miedos vitales, temores profundos. Aquellos que te vienen a la mente en épocas de desesperación. Voy a acabar mis días sola. No voy a encontrar a nadie que me quiera. Tengo miedo a perder a un ser querido.

Ahora, después de cada una de los miedos que apuntéis, repetid en voz alta “Si esto llega a ocurrir, tendré la fuerza para poder superarlo.” Incluso aunque no te lo creas, incluso aunque tu yo más interno te esté gritando todo lo contrario. Repitiendo este ejercicio las suficientes veces estás creando una herramienta indispensable para vencer tu miedo. Estás creando autoestima

Per aspera ad astra
Hacia las estrellas, por encima de las adversidades.

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