¿Sirve el porno para educar sexualmente?

Hace tiempo que tenía pendiente pararme a reflexionar un minuto y ordenar mis ideas para escribir sobre esta cuestión. Y es que como actriz porno que se ha declarado abiertamente feminista, una de las críticas a las que me enfrento de forma recurrente gira en torno a las responsabilidades de la pornografía como educador sexual. ¿No me siento culpable de participar en una industria que presenta modelos de conducta sexuales completamente irreales? Penes descomunales, sexo anal sin calentamiento previo y posturas que en la mayoría de los casos parecen más una ostentación acrobática que algo que pueda provocar un mínimo de placer. Eyaculaciones femeninas. Orgasmos infinitos.

Todos estamos de acuerdo en que el cine X representa una fantasía, un video preparado y consensuado por sus participantes que se engloba dentro del campo de la ficción ¿Verdad? En ningún momento se establece que lo que los actores y actrices realizamos en pantalla tenga que seguirse a pies juntillas cuando llegamos a nuestra casa y cerramos la puerta del dormitorio.  Y aun así, el usuario medio sigue pensando que nuestras performances son algo que puede realizar de forma completamente natural en su vida privada.

La pornografía es tomada como ejemplo a la hora de establecer las practicas sexuales que se realizan de puertas para adentro pero, ¿no se nos ha ocurrido pensar que el problema real es la falta de educación sexual, y no la representación que se hace del sexo en el porno?

Face detail of sensual woman lips with little clapper board

Cuando éramos pequeñitos y nuestros padres nos llevaban al cine, lo primero que hacían nada más salir de la sala era explicarnos que por mucho que la idea de convertirte en el nuevo “Spiderman” fuera atractiva, no podíamos saltar por la ventana e intentar lanzar telarañas a diestro y siniestro. Que no debíamos coser una capa e intentar capturar a los malos. Es un concepto sencillo que la mayoría de personas entiende a la primera.

Si esta diferencia entre realidad y ficción es tan patente en el cine convencional, ¿por qué no lo es en el porno? ¿por qué el usuario sigue pensando que es absolutamente normal que una mujer llegue al orgasmo únicamente con la penetración, o se plantee que realizar sexo sin protección es lo más normal del mundo? Porque ¡oh, amigos!, nadie nos ha explicado nada sobre el sexo ni sobre la construcción del deseo. El erotismo sigue siendo un tema tabú y los padres y educadores continúan omitiendo este pilar base en la educación de los más pequeños. En vez de entender la sexualidad como algo natural y normal en la vida de cualquier ser humano, la sociedad actual nos carga de prejuicios y sentimientos de culpabilidad.

Miedo a las ETS, miedo al embarazo, miedo al sexo…. ¿No sería más fácil explicar de forma racional qué es lo que debemos y no debemos hacer en la cama? ¿Cuales son los motivos por los cuales debemos practicar sexo con protección, y de qué manera podemos contraer enfermedades? ¿Cuáles son los verdaderos riesgos? Mucho se habla del uso del preservativo, pero no se nos explica que teniendo una vida sexual activa, deberíamos hacernos las pruebas de ETS de forma regular, por poner un ejemplo. Desde la misma Organización Mundial de la Salud se nos sigue recomendando “No tener relaciones sexuales” para evitar contraer una ETS. Que es lo mismo que decir que para no pillar la gripe es mejor no salir de casa.

Este planteamiento recriminatorio queda grabado en nuestro subconsciente y hace que no queramos visibilizar un problema acuciante: no tenemos ni idea de sexo y la supuesta “liberación sexual” en la que vivimos las sociedades occidentales es en realidad un nido de represión y culpa. Por supuesto, cuando nos encontramos con este vacío informativo intentamos llenar los huecos en nuestro conocimiento con los recursos que tenemos más a mano: internet, el boca a boca y la pornografía.

Lo que intentamos desde el cine X es presentar fantasías dentro del campo de la ficción, y como máximo, ha de ser tomada como inspiración a la hora de confeccionar nuestra propia sexualidad y entender y descubrir nuestro propio deseo.

Culpamos al porno de un problema social que no queremos encarar porque es tan grande y amenazante que no tenemos ni idea de cómo resolverlo. Y es que aunque el cine X presentase relaciones sexuales verosímiles, el dilema que nos impide vivir una sexualidad plena seguiría existiendo. ¿O creemos que el crimen desaparecería si dejásemos de rodar películas de acción?

Como miembros de una sociedad reprimida (¡y represiva!) tenemos la responsabilidad de recuperar el control sobre nuestros propios cuerpos y nuestro propio placer. Hemos de perder el miedo a ser sujetos abiertamente sexuales y cuando lo hayamos conseguido, podremos educar al respecto desde el conocimiento. No desde el miedo.

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