Siete mitos que está arruinando tus relaciones sexuales

Olvídate. El señor que te sube la bombona de butano no va a ser Hugh Jackman y va a buscarte las cosquillas para acabar contigo en la cama, ni la enfermera que te atienda en urgencias será Irina Shayk ansiosa de tomarte las pulsaciones. Es probable que tampoco aparezca tu pareja en medio de la oficina ardiente en deseos de que juguéis encima de la fotocopiadora.

Fantasías tenemos todos, y son sanas e incluso pueden ser idealmente amoldables a nuestro día a día, pero dejar que intervengan en nuestras relaciones, no es buena idea. A día de hoy, seguimos teniendo demasiados ideales que pueden acabar destrozando nuestra vida sexual. Acaba con ellos y disfruta del sexo, pero a lo grande.

1. El buen sexo es espontáneo. Una mentira como una catedral. Es cierto que un ‘aquí te pillo, aquí te mato’ esporádico puede resultar de lo más excitante, pero el sexo programado tiene un factor esencial que pocas personas aprecian: la anticipación. Saber que tal día a tal hora (aprox.) nos espera una sesión de sexo en la que nos vienen diciendo que van a sucederse tales posturas, un vestuario sexy, ese masaje erótico esperado… Nos hace sentir atractivos, deseados y poderosos. Básicamente, ser conscientes de que la persona deseada quiere con todas sus ganas poseernos en un momento concreto, puede ponernos bastante más que tener que cumplir sí o sí en el momento más imprevisto.

Young bored couple having problems in bedroom

2. Cada nueva experiencia es única. Algunas personas acaban por convertirse en perfeccionistas sexuales y se obsesionan con que el acto siempre vaya a mejor. Innovar e incluir cambios en tu forma de practicar sexo es una idea fantástica, pero asúmelo: es probable que cerca de un 25% de las veces esté ‘bien’, otro tanto resulte ‘sexo aburrido’ y el resto del porcentaje quede repartido entre el ‘fantástico’, el ‘sorprendente’ y el ‘ha tenido gracia, pero mejor no repetimos’.

3. El sexo es mucho mejor cuando eres joven. Probablemente te suenen frases como ‘a la vejez, viruelas’ o ‘más sabe el diablo por viejo que por diablo’. No te confundas. Puede que durante tus años de juventud –‘divino tesoro’– tuvieses más resistencia y elasticidad, pero con el paso de los años empiezas a descubrir dónde y cómo te gusta que te toquen de verdad. Y sí, una vez jubilado, incluso disfrutas de más tiempo para enseñar tus técnicas aprendidas. De hecho, según un reciente estudio realizado por la web especializada en búsqueda de pareja Match.com, la generación del baby boom es un 53% más propensa a practicar un trío que los millennials. Una vez pierdes los miedos, los complejos y los tapujos, empieza lo bueno.

4. El porno se acaba cuando estás en una relación. Falso, y mejor que no trates de impedírselo a tu pareja ni mucho menos a ti. Además de ser un contenido totalmente inspirador para nuestras relaciones sexuales –que, nunca debemos olvidar, está realizado por profesionales y hay técnicas que es mejor ‘no intentar en nuestras casas’–, puede ser la compañía ideal para una sesión de masturbación en la que, por qué no, podrían aparecer algunos de esos juguetes sexuales que tanto satisfacen a las mujeres. Otro de tus fallos, querido: sigues pensando que el vibrador es tu competencia, cuando en realidad es un fiel amigo que podría convertirse en tu mejor cómplice para relajar y excitar las principales zonas erógenas durante el coito. Ahí queda dicho.

5. Ellos quieren siempre. Las presiones sociales, tanto las que giran en torno a complacer a la pareja como aquellas que defienden que ellas ansíen con las mismas ganas que ellos practicar sexo, no son más que eso: agobios socialmente aceptados. Es cierto que las mujeres pueden tener algún pico hormonal que haga fluctuar sus ganas de practicar sexo –y no, no es durante la menstruación, de hecho, incluso para algunas puede aumenta la libido en esa fase del ciclo–, pero los hombres también tienen dolores de cabeza, tensiones laborales, estrés y cantidad de situaciones poco excitantes que desvían su atención del sexo. No te equivoques: lo de las erecciones mañaneras es un tema aparte.

6. Postureo (literal). Lo has visto en decenas de películas y no te cansas de leer cómo debes colocarte para conseguirlas. Buen intento, pero la realidad es que, si tratas de hacer de tu sesión de sexo una de Twister, cuando te lleves ‘una mano al rojo y un pie al azul’ para estar posicionado encima de tu pareja, pero de espaldas y mirando hacia el suroeste con una pequeña inclinación de pelvis hacia el norte; lo único que conseguirás será una contractura que te llevará días calmar. Deja los malabarismos para los profesionales y trata de llevar todas esas posturas imposibles a la tierra, nunca mejor dicho.

7. Fijación orgásmica. Lo crees a pies juntillas y estás convencido de que disfrutas realmente del sexo cuando alcanzas el clímax. Es más, lo disfrutas a lo grande si al menos tu pareja ha tenido un orgasmo. Al fin y al cabo, es el objetivo ¿no? Nadie dice que no los tengas, ni mucho menos que no los busques tanto para ti como para tu acompañante. Pero, por favor, no dejes de gozar a lo grande del proceso: los escalofríos, susurros, gemidos, roces, contracciones y el simple contacto, pueden ser tanto o más placenteros que alcanzar la instaurada meta.

Click aquí para cancelar la respuesta.