Sexting: si quieres triunfar, no entres a saco

La tecnología se ha convertido en los últimos años en la mejor aliada del sexo, y el ‘sexting’ ha pasado a formar parte de nuestras vidas tanto con nuestras parejas como con ligues esporádicos, incluso con perfectos desconocidos a los que jamás hemos visto en persona y a los que, en muchas ocasiones, tampoco tenemos intención de ver jamás.

El siglo XXI ha llegado, pues, cargado de complejidad, y nuevas prácticas tecnológicas como el ‘sexting’ se han convertido en símbolos de la liquidez –a veces confortable, a veces desoladora– que rige nuestras vidas. Y es que practicar sexo online puede ser una auténtica maravilla si lo hacemos bien y un fracaso estrepitoso si damos con novatillos, talibanes del porno o, en líneas generales,  personas que tienen la sensibilidad de un zapato. Porque si algo requiere el ‘sexting’, probablemente más que ninguna otra práctica sexual, es que dejemos a un lado la brocha gorda y hagamos acopio de todas nuestras reservas de empatía.

Y ahí es donde entran en juego Las Nenas, ese grupo de Whatsapp de amigas en el que se habla de ‘sexting’ con la misma ligereza que de la colección de Stella McCartney para H&M o de que ojo con el ginseng, que da ansiedad. Las Nenas es ese lugar maravilloso donde comparten espacio todo tipo de imágenes: desde sobrinos angelicales disfrazados de Batman a una captura de Instagram de la nueva novia de tu ex o sórdidos primeros planos de según qué partes de la anatomía masculina en cuartos de baño generalmente lamentables. Y es que el ‘sexting’, dicen Las Nenas, se practica poco y mal, y son habituales algunos errores como los que detallamos a continuación.

1- No vale cualquier momento. Antes de enviar una foto subida de tono o proferir una salvajada por mensaje de audio (gran herramienta del ‘sexting’) conviene hacerse una pregunta crucial: ¿qué está haciendo ahora la otra persona? Y, una vez respondida, actuar en consecuencia. Porque igual tú acabas de despertarte de un sueño húmedo protagonizado por Scarlett Johansson y crees que vale la pena arriesgarte a introducir tu Iphone en la ducha para inmortalizar los efectos sobrecogedores de ese sueño sobre tu anatomía. Pero, ¿qué estará haciendo ella? Porque ella tal vez esté de reunión con unos proveedores alemanes o visitando a su abuela, es decir, con un talante sexual contrapuesto al tuyo, y cuando abra el Whatsapp en medio de la panadería va a lamentar hasta el fin de sus días haberte conocido.

2- Cuidado con los primeros planos. Tampoco hace falta que se vea cada vena, cada pelito.  Cuando hablamos de ‘sexting’ la evocación siempre funciona mejor que las obviedades. ¿Alguna idea? No a un primer plano genital en la cama, sin ninguna gracia, y –esto vale para ambos sexos–sí a un culete reflejado como por casualidad en el espejo del baño, una espalda de la que casi no se ve el final, un albornoz medio desabrochado, un pedacito de ropa interior de encaje que no se sabe muy bien qué tapa o una melena que como quien no quiere la cosa medio cubre un pezón.

3- Si enseñas la cara ya sabes los riesgos. Tu imagen puede acabar abriendo unos informativos, puede llegar sin saber cómo al móvil de Pedro Sánchez justo cuando esté a punto de firmar un acuerdo de legislatura con Podemos o convertirse en un neón de Picadilly Circus. Que no se te vea la cara es una manera de preservar tu intimidad, además de que el selfie con cara de follador de fondo y miembro en primer plano tampoco acaba de triunfar del todo entre Las Nenas. De hecho, mejor un torso a contraluz al final de la tarde, que no sólo es mucho más sugerente sino que además siempre podrás negar que es tuyo.

4- No te vengas arriba. El ‘sexting’ es el gran enemigo de la humildad y es muy común que nos vengamos arriba cuando estemos en esos menesteres y luego la dura realidad nos haga quedar de pena. Y es que el ‘cuando te pille te voy a hacer esto y lo otro’ está muy bien siempre que se cumpla una condición indispensable: que seas capaz de hacer esto y lo otro si llega el momento en que, efectivamente, tengas que cumplir tu palabra. Nada de planos que agrandan en exceso y nada de exagerar tus capacidades, pues al fin es muy probable que si a tu ‘partenaire’ le resultas sexy no vaya a importarle demasiado que seas capaz de hacer virguerías o que batas algún récord mundial de resistencia (dicen Las Nenas, por cierto, que la resistencia está sobrevalorada, pero eso ya será otro artículo).

5- Que las fotos sean tuyas. Sí, y es que cometer la insensatez de mandar fotos de otras personas (que a saber de dónde has sacado) es pan para hoy y hambre para mañana. Y lo es también aunque no tengas intención de ver a tu pareja sexual y, por lo tanto, no te vayan a descubrir, porque al final lo que realmente resulta inspirador es tener la certeza de que a la otra persona le gustas tú, y no que sea otro quien está motivando el placer. Además, está el hecho de que es probable que si practicas ‘sexting’ con algún desconocido y os lo pasáis bien quieras repetir en persona. Y –esto es un hecho real–, ¿qué va a ocurrir cuando descubra que no eras tú?

6- Ojo con los planos. Que no haya elementos superfluos en la imagen, nada de cables de lámparas de fondo, iluminaciones de fluorescente y, a poder ser, que no se vea el póster de E.T. que cuelga de la pared en la habitación de casa de tus padres, si es que te pones tonto en la siesta del domingo tras la paella. Con los cuartos de baño también hay que tener cuidado, y es que toalleros, vasos de cepillos de dientes y cortinas de ducha de flores son grandes enemigos del ‘sexting’: que no salgan en la foto, por favor. Ah, y sí a los filtros de Instagram para la causa: Gingham, Lark, Crema o Amaro pueden funcionar.

7- Entrar directamente al trapo. En las aplicaciones de dating parece ser común que entre alguien en un chat y, tras un emoti de sonrisa, te espete “¿te gustaría comerme la polla?”. También es probable, al menos si te encuentras con Las Nenas y otras Nenas e incluso Nenes de otros grupos a las que también hemos consultado, que el interlocutor ni siquiera vaya a molestarse en contestarte que no. De hecho, lo último que les apetece hacer es comerte la polla así en frío, porque si quieres ‘sexting’ del bueno tienes que empezar con el ‘mindfucking’: encárgate primero de su cerebro y todo lo demás vendrá rodado.

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