Sí, tienes el pene más grande que tus antepasados (y el clítoris ha cambiado de sitio)

Quien no se consuela es porque no quiere. Todos aquellos que se quejan de tener un pene supuestamente más pequeño que la media deberían sentirse unos privilegiados. ¿Por qué? Porque seguramente lo tendrán más grande que sus antepasados primates y que los primeros homínidos. No hay más que fijarse en los penes de chimpancés y monos: claramente salimos ganando. Pero no, no es solo una cuestión de tamaño.

Según estudiosos de la evolución como el biólogo Darren Curnoe, los gorilas, por ejemplo, tienen un pene y unos testículos de pequeño tamaño porque en la organización de la tribu ya hay un macho designado para reproducirse con las hembras. En el caso de los chimpancés, sin embargo, los testículos son más grandes porque hay “una lucha de esperma” entre los individuos varones para fertilizar a las hembras de su especie. O eso es al menos lo que opina Curnoe…

Y de ahí pasamos a nuestro caso. ¿Por qué nuestro pene es más grande? Según Curnoe tiene que ver con nuestra postura erguida. Al estar más expuesto, el pene se desarrolló más con el fin de atraer al sexo apuesto, que tendían a encontrar más atractivo un miembro de mayor tamaño. Además, el mismo biólogo considera que el tamaño también importaba en el caso de nuestros antepasados, que vivían expuestos a temperaturas heladoras. Al ser el pene una fuente emisora de calor, cuanto más grande, más ‘agustito’. Tal cual.

Orangutan Asian species of extant great apes

Pero hay más diferencias entre nuestro pene y el de los amigos primates. Y es el hueso. ¿Hueso?, diréis. Pues sí, hueso en el pene. La mayoría de los primates macho lo tienen y hay teorías que sostienen que su utilidad es indicada para penetraciones más largas, como las suyas, en las que este hueso llamado báculo podría evitar que la hembra ‘escapase’ a la penetración: es decir, que lo que pretende es favorecer la fecundación. En el caso de los humanos, el tiempo entre la penetración inicial y la eyaculación es mucho menor, lo que, unido a la monogamia, podría haber supuesto al desaparición del báculo en nuestro amigo de ahí abajo.

El cambio de lugar del clítoris

Pero si curiosa es la historia del pene, no menos lo es la de la vagina. El caso es que la mayor incógnita, que aún hoy en día se mantiene, es qué función biológica cumple el orgasmo femenino. Si el orgasmo masculino se vincula a la eyaculación que permite la reproducción, ¿qué ocurre en el caso de las mujeres? Diversos autores consideran que quizá, en tiempos pretéritos, este orgasmo femenino desencadenaba la ovulación, como sigue ocurriendo en determinadas especies y de aquí se evolucionó a la actual ovulación, independiente del clímax. No obstante, sí que se vincula la oxitocina que se libera tras la eyaculación con la generación de óvulos, por lo que ambos fenómenos seguirían ligados.

Pero hay más cambios: por ejemplo, el clítoris ya no está en la misma posición en la que se encontraba en el pasado. Pasó de estar en el canal vaginal a su lugar actual, quizá debido a que, efectivamente, ya no era necesario alcanzar el orgasmo para ovular y conseguir la fecundación. La pregunta es, ¿por qué la evolución tendría empeño, alejando el clítoris de la penetración, en complicar el orgasmo femenino? Va a acabar resultando que incluso la propia evolución ha sido más generosa con los hombres que con las mujeres…

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