Sexo y discapacidad: “Si quiero tener cibersexo, alguien me tiene que quitar la blusa”

Los Paralímpicos son un estupendo momento para hablar de un tema que sigue siendo, desgraciadamente, tabú: la sexualidad de las personas con diversidad funcional. Todas las personas sienten en algún momento de su vida la necesidad de contacto físico y de intimidad emocional. Todos necesitamos tocar y ser tocados, acariciar y ser acariciados, abrazar y ser abrazados, besar y ser besados, expresar y compartir emociones. El colectivo de las personas con discapacidad o diversidad funcional suelen tener más problemas a la hora de acceder a eso que llamamos afecto más íntimo sexual y erótico.

Soledad Arnau, filósofa y activista de Foro de Vida Independiente y con diversidad funcional de nacimiento, habla de la infantilización que ha recibido a lo largo de su vida, por la asexualidad que el colectivo suele recibir por parte de la sociedad. Ella necesita apoyos humanos generalizados y permanentes y si un día quiere tener cibersexo por ejemplo, alguien tiene que estar presente ya que si “a mí me apetece mostrar mis pechos, si alguien no me quita la blusa no puedo seguir”, afirma la activista. “Igual que necesito que me ayuden a vestirme, o a prepararme para ir al trabajo, también necesito que me lleven a una cita aunque se mantenga mi intimidad”, este es el caso de la figura del asistente personal (que no sexual).

De esta manera, asegura, son necesarios apoyos humanos para poder relacionarse y tener encuentros con otras personas “que te maquillen, te pongan un pañuelo y te lleven al lugar para tener tu primera cita”. Se asume que el hecho de tener una discapacidad es contrario a lo atractivo y bello y es algo que también es un bache/barrera a la hora de alcanzar relaciones satisfactorias o sexuales.

Sexo con personas con discapacidad… o no

Arnau, de 45 años, comenzó a tener deseos sexuales a los 17 años y lo recuerda como una época muy difícil en la que soñaba con que “algún día vendría mi príncipe azul, pero nunca aparecía”. El hecho de empezar a interesarse por el feminismo y pensar sobre su feminidad fue muy fundamental para cuestionarse el canon de belleza predominante. “Eso y La filosofía de Vida Independiente fue crucial también para empoderarme y cuestionar todo lo socialmente construido. De pronto te miras al espejo y no ves un monstruo, y empiezas a ver tu belleza dentro de su realidad”.

Man on wheel chair

Arnau asegura vivir la sexualidad de una manera muy serena consigo misma. “En la actualidad follo, aunque me gustaría tener muchas más relaciones sexuales de las que tengo”. La filósofa explica que las relaciones que mantiene son con personas sin diversidad funcional y eso facilita los encuentros de algún modo “él me desnuda, me pone el arnés. O en caso de asistente sexual me apoyaría en su figura”. Arnau explica que ella no ha podido masturbarse nunca por sí misma al no poder usar sus manos, o usar juguetes eróticos, aunque la asistencia sexual podría ayudarla.

Estela Murillo, de 29 años y con parálisis cerebral, se considera una persona muy activa sexualmente a pesar de las barreras con las que se encuentra. Ella asegura haberse enamorado y a raíz de eso conocer su sexualidad en el sentido de ir más allá del coito y “desarrollar mi sexualidad mental y a dejarme llevar por todo lo que me gusta y convertirlo en placer”. Considera necesaria la figura del asistente sexual “para poder desarrollarnos completamente, tener la mayor independencia posible y poder disfrutar de nuestro cuerpo y nuestras relaciones sin tener que depender de nadie, ni dar explicaciones”.

Las personas con discapacidad o diversidad funcional obviamente no solo tienen relaciones con asistentes o terapeutas sino con parejas o encuentros, para los que a lo mejor necesitan ayuda de la figura del asistente personal. Murillo habla de su relación con otra persona: “A los 26 años empecé a tontear con un chico con diversidad funcional. Al principio solamente teníamos relaciones sexuales porque ninguno de los dos queríamos nada más. Nos dimos mucho placer y por primera vez sentí lugares de mi cuerpo que nunca había sentido”.

Tras esa relación, asegura, no ha vuelto a tener sexo y no se puede masturbar porque se puede hacer daño con los espasmos que le dan cuando llega al climax. Por ello, asegura, la necesidad de un asistente sexual “para poder disfrutar del placer de mi cuerpo, porque el placer mental lo disfruto 100%”.

Pero, ¿qué es un asistente sexual?

La figura del asistente sexual es una figura de apoyo de acceso al propio cuerpo, conocer cómo funciona y qué capacidad de placer existe. La llevan a cabo todo tipo de profesionales, desde veterinarios hasta profesores, enfermeras… Sin embargo, lo que tienen en común es la vocación y satisfacción personal por ayudar a personas con diversidad funcional. Amaya -nombre ficticio- habla de su trabajo como asistenta sexual y despeja dudas en cuanto a lo que es su profesión. “Algo realmente importante es entender lo que significa la sexualidad, que es mucho más allá que el coito, es más certero hablar de la erótica, ya que todo nuestro cuerpo es erótica, especialmente nuestro órgano más poderoso, el cerebro”, explica.

Hernando -hombre ficticio- y asistente sexual cuenta cómo trabaja con las manos en la sexualidad, “soy sus manos en sus cuerpos, por lo tanto yo como asistente sexual hago lo mismo que tú te harías con tus propias manos. Yo intento enseñar a las personas a vivir la sexualidad desde su situación, una sexualidad diferente, no necesariamente genital, como está establecido”.

Algunos países europeos incluyen este servicio, una actividad que es alegal en España, en sus políticas sociosanitarias. De momento, Tandem Team es la única asociación que hay en el país y solo trabaja en la ciudad de Barcelona, aunque suelen recibir llamadas para solicitar información y asistencia de otros lugares.

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