Series: hola, sexo natural; adiós, sexo en Nueva York

Hay un capítulo de ‘Girls’ en el que Lena Dunham mantiene una aventura de un día con un hombre que es más atractivo que ella. Algo absolutamente normal a la inversa (holi, Woody Allen) pero que –oh dios mío cómo te atreves- escandalizó a propios y extraños en aquella temporada.

La incursión de Dunham con Patrick Wilson fue una inversión de género. En realidad toda la serie logró eso: mujeres tridimensionales, con experiencias sexuales que incluso llegaron a ser incómodas visualmente. Sexo que no incluía sábanas de seda, ni Manolos en los pies, ni poses orquestadas (esos planos de Carrie Bradshaw medidos al milímetro y todos diciéndole lo fantástica que era en la cama en el día después), y sí sofás, baños con baldosas sueltas, platos sin fregar y calcetines puestos.

Este ha sido uno de los grandes aciertos de ‘Girls’, que ha conseguido hacer real el Sexo de Nueva York. Dunham se ha mostrado todos estos años desnuda. Tal cual. Con su barriga con pliegues, con su espalda arqueada, con su culo en pompa, en una cultura empapada en Photoshop. El sexo en ‘Girls’ es a veces ridículo, a veces hilarante, a veces un fracaso mayúsculo, a veces tan bueno que contagia, y siempre te parece real. No te parece que exista un trabajo de pre o post-producción que haya colocado la sábana milimétricamente sobre los pechos.

Sex and The City

Esta sororidad de las antiheroínas y antihéroes lleva un tiempo instalada en las series para goce y disfrute de unos espectadores que antes estábamos acostumbrados a productos que oscilaban entre dos extremos:

1-El sexo vikingo-borgiano: ambientes medievales, hombres robustos, a menudo barbudos, dominantes. Mujeres con facilidad instantánea para el desnudo. Sexo animal, orgías, posturas aparentemente imposibles si no eres profesor o profesora de Pilates. Ninguna necesidad de lubricación. Embarazos instantáneos. Épica.

2-El sexo Mujeres Desesperadas- ‘Ana y los Siete‘. Sufridoras madres, amas de casa, femmes fatales, mujeres que se ponían cómodas en casa poniéndose incómodos e inclasificables conjuntos de lencería. Mujeres que eran recompensadas por sus respectivos al volver del trabajo. Sexo con música de ascensor o discoteca musical de emisora local de radio. Camisas blancas planchadas para ellas al día siguiente. Desayuno en la cama. Orgasmos simultáneos y sincronizados como la gimnasia.

Pero en estos últimos años y afortunadamente han aparecido variantes entre estos dos extremos y productos que muestran relaciones sexuales con muchísimas más aristas: relaciones homosexuales como en ‘Orange is The New Black’ o ‘The Good Wife’. Sexo de todo tipo, color, lugar, situación, circunstancia, postura, tamaño, como en ‘Shameless’ (que incluso rompe tabús como desnudos de personas mayores de 50 años). Aventuras extramatrimoniales como en ‘The Affair’ o ‘Doctor Foster’. Transexualidad en ‘Transparent’. Mujeres reales como en ‘Treme’ o la antes mentada ‘Girls’.

No sé si la televisión y las series pueden moldear nuestra forma de pensar, pero al menos sí hacernos pensar: que existen muchas más opciones ahí afuera y que ahora al menos tienen un lugar en el que ser expresadas.

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