Seis posturas sexuales sobrevaloradas

Hablamos de esas posturas que quedan tan bien en las pelis, cuando Javier Bardem levanta a una tipa de 60 kilos como si fuese una pluma, y que luego cuando tú te vienes arriba y las practicas en casa son un auténtico desastre. Aquí van algunas de esas posturitas que van a acabar en tragedia a no ser que seáis Puyol y Vanessa Lorenzo y lo vuestro sea el yoga acrobático.

1- Empotrar contra la pared. Estamos hablando de esa postura que siempre funciona en las pelis y que además llega de golpe, apenas sin preliminares, y en la que en líneas generales nadie se lo pasa demasiado bien, aunque la gente sólo lo reconoce en petit comité y con unos gin-tonics en el cuerpo. El que empotra porque tiene que utilizar toda su fuerza bruta en sostener a su partenaire, mientras trata de disimular que va poniéndose colorado y se le hincha la vena del cuello, y la empotrada porque se ve obligada a hacer acopio de toda la rigidez de la que es capaz de generar para no acabar por los suelos.

Esta estampa es, además, enemiga a muerte de cualquier movimiento por parte de ninguno de los dos protagonistas –eso en el caso de que hayan salido victoriosos en la tarea de conseguir materializar el contacto genital–, lo que da lugar a desastres monumentales por parte de aquellos que aún no han entendido que el empotramiento en la pared es ÚNICAMENTE para toqueteos. Una variante de esta postura que apuesta por el más difícil todavía es la de (intentar) follar de pie, sin pared, sin apoyos, sin ningún tipo de ayuda del exterior, un “mira mamá sin manos” sexual que lleva impresa la palabra fracaso. Podemos decir lo mismo de otra de sus múltiples modalidades: empotramiento con ambos de cara a la pared. NO.

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2- El suelo. Echar un polvo en el suelo tiene un punto de arrebato que resulta extremadamente sexy, pero lo cierto es que es muy incómodo para aquel al que le toca estar tumbado, y más si la cosa se alarga más de lo esperado. El suelo está frío, es incómodo, duele y, más allá del momento de pasión en que acabas sin saber cómo con tus huesitos en él, no tiene ninguna gracia estar sufriendo si puedes estar la mar de bien en un estupendo colchón de látex en el que, probablemente, te dejaste una pasta. Y es que echarle puesta en escena está bien, pero sin llevarla demasiado lejos, porque el suelo, además, te deja la espalda hecha un Cristo al día siguiente.

3- El caracol. Es probable que esta postura tenga un nombre en el Kamasutra que nosotros desconocemos, y, aunque tiene adeptos –más bien adeptas–, también tiene detractores a muerte. Hablamos de esa adaptación del misionero en que la mujer se enrosca como un caracol, con las rodillas tocando el pecho, mientras el tipo es el que lleva el peso coreográfico del asunto. Que el miembro entre por completo es, sin duda, un plus para ambas partes –aunque este punto podríamos discutirlo largo y tendido–, pero la incomodidad que supone para, en este caso, la enroscada, en muchas ocasiones no compensa.

4- El 69. No, a todo el mundo no le fascina el 69. En la investigación que ha precedido a este artículo, consistente en preguntar a bocajarro a amigos y familiares cachondos, nos hemos encontrado sorprendentemente con oponentes a muerte de esta postura mítica. Porque en el 69, dicen los que lo detestan, siempre hay alguien que lo pasa peor, y de toda la vida se ha sabido que no se puede estar en misa y repicando. Llega un momento en el 69, aseguran, en que uno de los dos se dedica a currar y el otro ya se ha olvidado hasta de su madre, de manera que resulta siempre mejor actuar en solitario, pasito a pasito, sin nervios, con un poquito de planificación.

Entre los ultra-adversarios del 69 encontramos también a un subgénero de personas que existen en la sociedad y que probablemente, aunque tú nunca lo hubieses dicho, están entre tus vecinos, colegas de trabajo, el afable conductor de autobús al que saludas a diario, la tipa del kiosco: esas personas, y haberlas haylas, que detestan el sexo oral. Asquito, dicen. Cuidado con ellos.

5- La ducha. En general cualquier intento de penetración acuática suele tener unos resultados lamentables pese a que el cine se empeñe en llevar la contraria a la realidad. La ducha es ese lugar de la casa en el que follar suele ser un desastre, un dato incontestable que, sin embargo, olvidamos enseguida y siempre acabamos repitiendo con los mismos resultados dramáticos. Volvemos al mismo caso que la pared: para preliminares salvajes de acuerdo, pero cuando llega el momento de la verdad, conviene ponerse cómodo.

6- El perrito. Atención, porque esta postura también tiene detractores entre nuestras fuentes, pese a que nos hemos encontrado también a defensores acérrimos. Pros: es cómoda para ambos, el clítoris queda a mano, entra todo estupendamente y por completo. Contras: ellas se quejan de que según cómo puede doler, de que se te cansan las muñecas y de que no le ves la cara a tu amante ni puedes tocarle, algo que para la mayoría es, con muchísima diferencia, lo más erótico de todo esto a lo que llamamos follar.

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