Seis interesantes posturas sexuales para disfrutar a lo grande (sin necesidad de ser acróbatas del Circo del Sol)

Nada de sostener a tu pareja en volandas mientras ella rodea tu torso con sus piernas ni de acrobacias que supongan poner tus muslos a la altura de las orejas mientras acaricias los testículos de tu compañero de juegos y el relame uno de tus pezones. Se puede innovar en la cama, superar el misionero, echarse unas risas y, cómo no, disfrutar de un orgasmo más que intenso.

Aquí, algunas propuestas que no os dejarán baldados y con contracturas tras una interesante y placentera sesión de sexo.

1. Al borde de la cama. Una postura que facilita un ángulo de penetración sencillo y la estimulación clitoridiana sin tener que hacer virguerías extremas. Él de pie y ella colocada en el borde de la cama -la mesa, el sofá, la encimera o dónde bien pueda resultaros cómodo-, tan solo tendrá que abrir ligeramente sus piernas y dejarse llevar por el ritmo y movimientos que haga su acompañante que, mira qué estupenda casualidad, tendrá las manos libres para sostener los muslos de ella, cogerle de la cintura y acariciar sus pechos durante el excitante y placentero coito.

Erotic woman on top of man

2. Todo el mundo al suelo (y vayan a las escaleras). No hay nada más sexy que hacerlo en otro lugar que no sea la cama. Por ejemplo, colocándonos en una escalera ayudándonos de los peldaños para practicar la postura del perrito, puede ser increíblemente satisfactorio, y cómodo. ¿Qué no vives en dúplex y salir al rellano te da cierto apuro por los vecinos? Sin problema. Encaramarte al sofá o a la mesita auxiliar puede hacer un efecto más que parecido. Y una vez más sin tener que hacer el pino puente para correrse.

3. Sentados. Mírala cara a cara que es la primera, que dice la canción. Tumbaros el uno sobre el otro dificulta en muchos casos que el ángulo de penetración resulte del todo cómodo, pero ¿y sentándose ella encima de él? Una postura que permite algo a lo que solemos restar importancia y que deriva en una conexión y un grado de excitación supremo. Sí, hablamos del contacto visual y el miraros directamente a los ojos en un momento tan íntimo y placentero como es el sexo. Además, no deja de ser tan cómodo como estar sentados, y puede serlo mucho más si ella se ayuda de un pequeño poyete para sostener sus piernas y que no estén colgando. Controlar el impulso, ritmo y grado de penetración con tus muslos mientras estás cómodamente sentada sobre tu amante: todo ventajas.

4. Puerta trasera oral. ¿Alguien había pensado que el sexo oral no iba a formar parte de este listado? Hablamos de sexo, no de penetración, y precisamente el oral suele resultar de lo más satisfactorio para aquellas féminas a las que les cuesta llegar al orgasmo a través del coito. Vamos a reinventar la postura sexual que tantas mujeres aborrecen por su incomodidad lumbar y poca estimulación clitoridiana y convertirla en el mejor cunnilingus de la historia: ella en la postura del perrito y él desde atrás, acercará los labios a sus genitales ayudándose de su lengua para darle todo el placer. Además, él vuelve a tener libertad para poder agarrar los muslos y glúteos de su compañera de alcoba. Espera. Extiende un poco más el brazo… Muy bien. Así llegarás también a sus suaves y excitantes pechos.

5. La cruz. Sí, seguimos en la cama, tumbados y sin hacer acrobacias. En este caso, ambos bocarriba, la idea es que acabéis formando una especie de cruz en la que las piernas de ella se entrecrucen con las de su acompañante (normalmente dejando la derecha por encima) y él pueda girar ligeramente su torso hasta que ambos genitales coincidan. Es fantástico porque no tenéis ni que levantar la espalda del colchón y os deja las manos libres para palpar, acariciar, agarrar y dirigir el ritmo e intensidad de la situación hasta llegar a meta.

6. Tumbados de espaldas en posición inversa. Aprovechando que estáis practicando la cruz, por ejemplo, podéis daros la vuelta y continuar tumbados sobre la cama (¡sí! ¡no te tienes ni que poner de pie!) aunque lo suyo es que él repte un poco entre las sábanas hasta colocarse sobre ella -que estará también boca abajo-. La idea es que la cabeza de él esté a altura de los pies de ella y viceversa. Así, ambos mirando hacia las extremidades del otro y enganchados a sus gemelos y muslos, comenzar el coito permitiendo que ella pueda sentir cierta fricción en el clítoris. Puede resultar un poco complicado encontrar el ángulo de penetración correcto para que el pene no ande saliéndose, pero una vez hallado, será coser y cantar, en este caso, auténticos gemidos de placer orgásmico.

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