Seis cosas que aprendiste con el porno gay

A caballo entre la ficción y la realidad, el porno gay nos ha proporcionado largos ratos de goce y disfrute (y lo sigue haciendo). Pero no solo eso, sino que también ha cumplido un importante papel de servicio público ejerciendo como fuente de divulgación y aprendizaje tanto para los más inexpertos como para los que presumen de tener un nivel avanzado. Éstas son las principales cosas que aprendimos del porno.

Cualquier sitio es bueno. Aunque el clásico del sofá del salón o la cama del dormitorio nunca falla,  lo cierto es que si hay algo que el porno ha enseñado es que en la variedad está el gusto y que, por tanto, hay que buscar nuevos lugares en los que tener sexo. El banco del gimnasio, la encimera de la cocina, la piscina, la ducha… Cualquier sitio es bueno para dejarse llevar por la pasión, aún cuando nunca hubieses pensado hacerlo ahí. Con el porno gay aprendiste que en la variedad está el gusto y que, ya sea en interiores o en exteriores, un polvo es mucho más divertido si se prueba en nuevas localizaciones.

Lubricante natural. No te lo quedes dentro, sácalo. Tu saliva puede ser el lubricante más espontáneo (y barato) que en un momento de calentón podrá ayudaros a que todo se deslice de forma mucho más suave. Además de facilitar la lubricación, la saliva puede resultar un elemento muy excitante dentro del juego sexual. Siempre te han puesto a cien esas escenas de porno gay en las que este factor entra en juego entre dos hombres cubiertos de sudor mientras practican sexo oral, ¿no?

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Con la comida se juega… ¡y mucho! En más de una escena porno has visto a los protagonistas echar mano de algún alimento para incorporarlo a sus juegos sexuales. ¡Pues toma nota! Abre la nevera y no te cortes. Nata, fruta, chocolate, mermelada… Cualquier cosa que esté rica puede ser una buena opción para dejar volar tu imaginación. Tampoco hace falta que adornes a tu pareja como si fueses a presentarla en un plato al jurado de Masterchef… En las películas porno es todo mucho más espontáneo. Un poco de nata en los pezones de tu chico o fruta pasando de boca en boca es uno de los comienzos clásicos en toda película porno donde la comida entra en escena. La imaginación da para mucho… ¿Tienes calor? El helado es otro de los alimentos que nunca fallan. El contraste entre su frío y la elevada temperatura de vuestros cuerpos os hará experimentar una sensación increíblemente excitante.

Deja la puerta abierta. ¿En qué  película porno los protagonistas cierran la puerta para que no entre nadie más? En muy pocas. Y es que uno de los elementos que dan mucho juego a las tramas es precisamente el de dejar una puerta o ventana abierta para que un tercer personaje que pase por allí se percate de que hay dos personas pasándolo muy bien, se quede observando y se empiece a masturbar para, posteriormente, unirse. Así que, si te apetece que alguien más se una a ti y a tu pareja mientras estáis en plena acción, deja que algún mirón se percate de que ahí hay sexo duro.

Los profesionales que trabajan a domicilio y sus uniformes triunfan. Todo director de cine porno gay tiene como personajes fetiche a los hombres con uniforme que en sus historias van a las viviendas a reparar algo. Una tubería atascada, un circuito eléctrico estropeado o una lavadora que no funciona pueden dar lugar a una escena muy tórrida y aparentemente casual entre el que llama desesperado desde su hogar  y el que acude a prestar su servicio. Al final lo que menos importa es si la reparación se ha realizado o no. Lo que sí que sabemos es que los dos hombres acabarán liados encima de la lavadora. Fontaneros, electricistas  y también repartidores de pizza dan mucha vida a estas historias. Seguro que recuerdas alguna escena en la que el protagonista tenía un poco de hambre, hizo un pedido a domicilio y acabó comiéndose algo más que una pizza…

Los preliminares importan. Vale, en el porno no se andan con rodeos y todo ocurre muy rápido. Pero ni siquiera en este tipo de películas se olvidan de los preliminares. Seguro que te habrás dado cuenta: es muy común ver a los protagonistas besarse durante largos ratos, tocarse todas las partes de sus cuerpos desnudos o semidesnudos y, cómo no, practicarse  felaciones el uno al otro durante largos ratos. Y es que en el sexo entre gays no todo se centra en la penetración. Hasta llegar a ella hay un camino muy interesante en el que recrearse a través del sexo oral y juegos sexuales que servirán como preliminares para calentar el ambiente aún más.

Como podemos comprobar, el porno gay es como un libro abierto, tanto para activos como para pasivos, con el que no dejamos de aprender alguna que otra cosa… y con el que tampoco dejamos de sorprendernos. Pero eso sí, no olvidemos que es ficción, que muchas veces no es el mejor ejemplo y que en ningún caso sustituye a una buena educación sexual. Así que, quizás lo mejor sea tomar el cine porno como una fuente e inspiración de la que coger ideas para aplicarlas en nuestras relaciones sexuales y darles más vida… pero siempre con cabeza.

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