¿Se puede tener sexo con alguien con quien no se coincida en rol sexual?

“Solo activos”. “Solo pasivazos con buen culo”. Estas frases son más que habituales en los nicks o descripciones de las aplicaciones para ligar. Y si no encajas en esta búsqueda, la respuesta suele ser el silencio. A veces, en estas aplicaciones, los cuerpos se clasifican en primer lugar y por encima de todo por un hecho: por el rol que ocupan en el acto sexual. Están, por un lado, los activos, los que practican la acción insertiva en la penetración. Están, por otro lado, los pasivos, los que llevan a cabo la acción contraria. Obviamente, entre el blanco y el negro existe una serie de gamas de grises donde encaja el concepto de “versátil”, el que disfruta tanto de la posición de activo como de pasivo en el sexo y que tiene la misma virtud que el bisexual: la gran amplitud de personas con las que poder relacionarse. Pero, ¿dos activos o dos pasivos están condenados a no entenderse nunca?

Si el homosexual es, en parte, una ruptura de los binomios de sexualidad en la sociedad, ¿por qué dividir todo el colectivo en otra dicotomía, la de activo y pasivo? ¿Sólo se puede desarrollar una relación con alguien con quien se compenetre en cuanto a rol sexual? ¿Una rol es más importante que una persona cuando nos relacionamos sexual y emocionalmente con ella? En realidad, todos estos bloqueos, esta imposibilidad de que dos activos o dos pasivos disfruten entre sí, son consecuencia de una serie de prejuicios respecto al sexo. Porque es totalmente posible que se establezca una relación por encima de esta división binaria de los cuerpos, y aquí te decimos por qué.

Contra el coitocentrismo

Hay un mal, que probablemente se ha heredado del sexo heterosexual, y que se reproduce en las relaciones sexuales homosexuales también. A ese mal se le ha acuñado un extraño nombre, y es el “coitocentrismo”. Este término implica la percepción de que una relación sexual es sinónimo, únicamente, de penetración. El resto de prácticas, como la masturbación, el sexo oral, la caricia, el beso, el contacto, son simplemente sexo potencial o preliminares. Existe una creencia social de que el orgasmo solo se puede alcanzar a través de la penetración satisfactoria. Y esto viene adherido a la idea de que el sexo está ligado a la reproducción, y no al placer. Pero el placer es más extenso que la reproducción y que la penetración, está extendido por todo el cuerpo. ¿Por qué conformarnos sólo con el acto de penetrarse?

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Hay muchas zonas del cuerpo que son erógenas, y normalmente vienen determinadas por la historia de cada individuo, por su biografía. Sin embargo, asumimos que el placer está especialmente concentrado en el acto de la penetración, cuando esto no es cierto. Se piensa que solo una parte (el pene y el ano en su contacto) es el foco del goce, que ahí, en ese roce, está el todo. Pero el goce se distribuye por distintas partes del cuerpo, y es preciso explorarlas. Además, este placer se puede obtener a través de la masturbación, del sexo oral o de cualquier otra práctica, y éstas han de ser consideradas siempre sinónimos de sexo. No solo sus preparativos. Y ni siquiera la penetración implica la inserción de un pene en el ano, pues también existen otras partes, como los dedos, con los que también se puede suplir esa función.

¿Enamorarse solo de un rol?

Siempre se dice que el sexo es, a veces, lo más importante en una relación. Pero, si asumimos que el sexo está más allá de la penetración, ¿qué problema hay en no recurrir a la penetración para mantener una relación afectiva con alguien? Cuando uno descubre a alguien fuera de las aplicaciones para ligar y surge un flechazo, nadie se pide el carnet de ser “activo” o “pasivo”. La idealización se puede generar a través de la conversación y de un sexo alternativo al que dicta la convención. En ese caso, ¿por qué, a veces, en las aplicaciones se le da tanta importancia al rol sexual? Seguramente, se pierden múltiples oportunidades de descubrir a otro simplemente por focalizar toda la atención en el acto de la penetración.

Llamar a un tercero

Una relación afectiva se puede establecer sin necesidad de recurrir a la tan ansiada penetración. Lo importante es que cada uno busque su propio placer y que, en ese hallazgo, nazca un placer compartido. Y, de todos modos, siempre se puede iniciar una exploración progresiva del ano, adaptándose al ritmo dictado por el otro, si se quiere intentar probar con el sexo anal. La confianza que existe en la pareja es la atmósfera perfecta para este tipo de pruebas.

Sin embargo, si aún así no se logra la plenitud sexual, siempre se puede probar con la introducción de un tercero en la relación. Lo importante es mantener la afectividad entre la pareja inicial, y que la irrupción del tercero no suponga una desestabilización de las emociones compartidas. O si existen emociones, si este triángulo se aproxima al poliamor, que sea a partir de una conversación previa que establezca las reglas. Si todo queda atado y bien atado, se puede incluir a un pasivo para la pareja de activos o viceversa, un activo para la pareja de pasivos. De este modo, la necesidad de experimentar el sexo anal por penetración está satisfecha y la relación puede seguir su camino, allá hacia donde vayan las emociones.

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