¿Se puede ser swinger y feminista?

El pasado 8 de Marzo, Día Internacional de la Mujer, una ola de mujeres reclamando sus derechos, sacudió las calles del mundo. Multitudinarias manifestaciones recogían nuestras reivindicaciones en pancartas, frases y canciones donde quedaba constancia de las muchas batallas que aún nos quedan por pelear en pro de la igualdad real. Una de ellas, nuestra libertad sexual, es una vieja conocida dentro de las reclamaciones de las mujeres a lo largo de la historia.

Si realizamos un análisis histórico de la sexualidad, veremos cómo los derechos y libertades de la mujer han avanzado tantas veces, como han retrocedido dependiendo siempre del contexto político, social y cultural que analicemos.

Que nuestra sociedad está cambiando es un hecho, que nuestra forma de entender las relaciones y el sexo está cambiando, es innegable.

Mujeres fuertes, cada vez más libres, nos reconciliamos con nuestros cuerpos, nuestros deseos y nuestra necesidad de vivir plenamente nuestra sexualidad, liberándonos de tiranías y tabús impuestos.

Ahora bien, ¿cómo se acepta, en esta nuestra sociedad moderna, una declaración pública en la que una mujer se expone abiertamente como swinger?

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Hace unos días, leí las declaraciones de una persona de reconocimiento público, en las cuales opinaba, que su sensación al haber visitado un local de intercambio de parejas, había sido la que un mercado de carne en el que “ELLOS”, cambiaban a ratos sus mujeres por las de otros.

Sin entrar a valorar en absoluto su opinión tan válida como personal, me sorprendió que en ningún momento durante su alegato, planteara que quizás fueran “ELLAS” las que intercambiaban a sus parejas. Un comentario reflejo de lo mucho que nos queda por recorrer.

La creencia más común de las personas ajenas al mundo liberal, es la de que es el hombre el que lleva la iniciativa, el que convence a su pareja que, sumisa, acepta tener sexo con otras personas para que él pueda satisfacer sus necesidades. En dicha  afirmación queda sobre entendido que la mujer renuncia al “amor/sexo romántico” al servicio del placer del hombre. Asumir que la mujer tiene que relacionar siempre el sexo con lo romántico es machista.

¿Se puede ser swinger y feminista?

Contrariamente a lo que se pueda suponer, muy a menudo es la mujer la que propone el acercamiento a este modo de vivir la sexualidad. No son pocas las parejas en las que es ella la que propone y manifiesta una forma diferente de vivir la sexualidad con su pareja, como un juego, un complemento, un aliciente que nada tiene que ver con el romanticismo.

Porque la mujer swinger está Empoderada. Es Valiente. Se rebela  contra el código marcado por el Patriarcado, que durante siglos ha reducido el papel de la mujer a la maternidad, sin tener en cuenta su placer.

Se ha liberado de corsés, de ataduras morales, de decenas de tabús inculcados en nuestras conciencias durante años de educación represiva, y ha dejado de vivir su sexualidad bajo los roles marcados socialmente, para ser dueñas de sí mismas exactamente igual que un hombre.

Porque tenemos derecho a gozar de una vida sexual placentera, satisfactoria, la que sea que elijas para ti misma.

La mujer swinger ha aprendido a conocerse, a dar voz a sus necesidades, a lo que le gusta, y no se siente cohibida para experimentar una sexualidad libre y plena, fuera de prejuicios y discriminaciones.

La mujer swinger es libre. Y feminista.

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