¿Sabes qué es la sexualidad transorgásmica?

Empiezas a cansarte de los famosos trucos para llegar al orgasmo y sentir placeres que, por sus impresionantes descripciones, parecen casi inhumanos. La realidad es que en un porcentaje mayor del que en principio desearías, no sueles alcanzar el clímax, y eso te desespera. Estás en un punto en el que te resulta tan fastidioso no disfrutar de esos ‘fuegos artificiales’ que incluso has llegado a evitar tener encuentros carnales porque te agota lo de quedarte a medias.

Peor aun cuando te hablan de estadísticas: mientras que el coito dura de media unos siete minutos resulta que, en general, las mujeres necesitan cerca de veinte para poder llegar al clímax. Eso sin contar con que los famosos meta estudios globales continúan confirmando que ellos rara vez no lo alcanzan mientras que ellas son expertas en decirse aquello de “la próxima vez será”. Algo falla y los datos no están de tu lado. Pero tenemos buenas noticias. Resulta que el sexo sin orgasmos puede ser tan beneficioso para tu salud y bienestar general como disfrutar de multiorgasmos. La próxima vez que te caiga la preguntita del “¿te ha gustado?”, tu sincera respuesta será “sí”.

Pasando de la ‘meta’: disfruta intensamente del camino

¿Estamos locos? No. Está totalmente demostrado que el simple hecho de practicar sexo ofrece una interesante lista de ventajas para nuestra vida: nos llena de energía, ayuda a paliar los niveles de estrés, nos ayuda conciliar el sueño, refuerza nuestro sistema inmunológico, mejora nuestra memoria despejando la mente y, sí, incluso cuida de nuestra piel como si de un tratamiento rejuvenecedor se tratase.

Couple kissing

Muy bien, pero… ¿hay algún beneficio intrínseco en el hecho de no llegar al orgasmo? Existe una tendencia poco habitual conocida como Sexualidad Transorgásmica que defiende la retirada de escena durante el coito sin haber alcanzado la implantada meta del clímax. Los expertos en la materia encuentran en esta técnica la mejor forma de evitar esa sensación de agotamiento y falta de deseo derivadas de la contracción involuntaria de los músculos y órganos de la zona pélvica, o, lo que es lo mismo, el momento después de llegar orgasmo.

Si somos capaces de frenar antes de tiempo mantendremos ese entusiasmo previo a la descarga que se pierde en el olvido una vez sucede la explosión que nos deja completamente exhaustos. Visto así, parece que lo que nos habían marcado como la meta podría ser en realidad el fin del placer y olvidarnos de ella puede ser el auténtico truco para disfrutar realmente de lo importante: el camino y lo que nos encontramos, lamemos, olemos, mordemos y acariciamos por el mismo.

Con el sexo transorgásmico –ojo, nada de petting, insistimos en que hay coito– te llevas los tradicionales beneficios de practicar sexo y dos extras. Uno a nivel individual, incrementa nuestra capacidad respiratoria y muscular y nos deja unas buenas dosis de energía y relax que, lejos de lo que puedas pensar, nos dejará la mar de satisfechos mejorando nuestra salud física y espiritual, aseguran quienes defienden a capa y espada que el no orgasmo.

El segundo, todavía más interesante, es a nivel relacional. Con esta práctica conseguimos una conexión e intercambio emocional y energético con nuestra pareja que probablemente no habíamos encontrado nunca. Y esta además dura en el tiempo mucho más de lo que imaginamos reforzando la unión física y mental entre las dos partes.

Por intentarlo no perdemos nada. Además, si no somos capaces de cumplir el objetivo lo peor que nos puede ocurrir es que terminemos ‘sufriendo’ un inesperado e intenso orgasmo. Ni tan mal.

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