Razones por las que deberías dejar de quejarte de tu cuerpo

A menudo las mujeres no somos conscientes de la cantidad de horas que dedicamos a lamentarnos sobre nuestro físico, una costumbre que tenemos más que interiorizada y se ha demostrado científicamente que reduce notablemente la autoestima. Según un estudio realizado por la Universidad de Costa Rica, un factor clave en la creación de la imagen del propio cuerpo y en el grado de satisfacción con él es el consumo de revistas femeninas, en las que aparecen “modelos delgadas como una técnica de persuasión en los anuncios de productos para embellecer”, asegura la autora del estudio Zaida Salazar Mora.

Belleza igual a delgadez, pues, y no solo eso: también a eterna juventud. Nada nuevo bajo el sol. “Tras el consumo de este tipo de publicaciones, que supone la percepción constante de modelos jóvenes y delgadas, se genera una bajada de autoestima inmediata en la mujer, que inconscientemente se compara y empieza a sentirse insatisfecha con su propio cuerpo”, asegura la sex coach Sylvia de Béjar, para quien buena parte de la industria femenina “vive de nuestros complejos”.

Para ella, es fundamental iniciar una revolución al respecto, reivindicando que no, que nosotras no jugamos a lamentarnos. Es el primer paso, según la sex coach, para empezar a vivir al fin relajadas y felices y, de paso, mejorar cualitativamente nuestra vida sexual. Se trata de no consumir en la medida de lo posible productos que vendan una imagen irreal de la mujer “utilizando no solo un tipo de modelo con un físico determinado, sino a mujeres muy jóvenes para interpretar a otras de cierta edad”, y no participar en esos procesos de autoflagelación a los que a menudo nos sometemos sin ser conscientes. “Se trata de tener una actitud consciente y, directamente, no participar en conversaciones sobre dietas, retoques y embellecimiento femenino en general. Yo misma lo digo muy claro cuando alguien me viene a hablar de esto: dejadme, no me interesa, no me molestéis”, explica De Béjar.

Charming girl at home.

Y no lo dice en vano. Durante años ha visto en su consulta a mujeres con graves problemas de autoestima que han dado lugar no solo a un sufrimiento terrible, sino a problemas sexuales de diversa índole. “Cuando estás pendiente de taparte aquí o de taparte allá, de que no se te vean ciertas partes de tu cuerpo, de apagar la luz, algo que ocurre más de lo que creemos, no vas a disfrutar del sexo: estás pensando, y ese pensamiento te impedirá disfrutar”, afirma. El problema no viene de ahora, sino que se arrastra desde hace décadas. Según los investigadores Joseph Toro y Enric Vilardell en ‘Anorexia nerviosa’ (Martínez Roca, 1987), “Las mujeres que encarnan las características del modelo delgado (“tubular”) tienen razones para autovalorarse positivamente, mientras tanto, quienes se apartan de él muestran insatisfacción corporal y suelen padecer de una baja autoestima”.

Hay quien opina, sin embargo, que las revistas femeninas han tenido un papel crucial en positivo sobre la sexualidad femenina, como afirman, entre otros expertos, las psicólogas Janna L.Kim y L.Monique Ward en la revista Psychology of Women Quaterly (2012), que aseguran que las lectoras de Cosmopolitan tienen un comportamiento sexual más activo, seguro y centrado en el disfrute. Afirman, además, que estas mujeres suelen tener mayor información sobre métodos anticonceptivos y mejor educación sexual.

De Béjar, por su parte, consciente de no poder cambiar una sociedad empeñada en imponernos un canon de belleza tan alejado de la inmensa mayoría, asegura que la única solución está en nuestras manos: no jugar a eso. “Nadie dice que no te pongas cremas y no te guste estar guapa y en forma, pero la obsesión es tóxica, de modo que es fundamental no solo no entrar en el juego sino decirle a nuestro entorno que tampoco lo haga”, recomienda de Béjar, que se pregunta “si alguien ha visto a un hombre quejarse de que tiene estrías, y también las tienen. ¿Por qué ellos viven tan relajados con su cuerpo y a nosotras nos cuesta tanto aceptarnos?”. Ahí lo dejamos.

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