¿Qué tipo de escote llevas tú? Cada uno dice mucho de ti

Decía mi abuela que “no hay ropa más bonita que la que mejor le queda a uno”. Y esto es una verdad absoluta llena de sabiduría. Si no pasas del metro y medio y te empeñas en ponerte pantalones de campana, parecerás más bajito; si eres calvo y te quieres dejar el pelo largo, pues mal asunto y lo mismo va para los que se ponen traje blanco teniendo los dientes amarillos. ¿Lo pilláis, verdad?

¿Por qué decimos esto? Pues porque vamos a hablar de escotes y de sus virtudes/contraidicaciones/problemáticas según el tipo de pecho al que se asocien. Cada una es libre de ponerse el que quiera, claro, pero no todos les quedan bien a todas.

“Side boob”. O escote de lado. O dejar un trocito de tela en el lateral para que, de refilón, se vea casi todo (sin llegar al pezón, claro). Para mujeres de tamaño de pecho medio y de carácter atrevido. En caso contrario, nos podemos pasar por exceso o por defecto. Cuidadín.

Escote “ajuntador”. El que reúne los dos pechos en el centro con una pequeña presión a los lados. Ideal para las mujeres de pechos ligeramente separados. No hay distancia posible para un buen sujetador “arrejuntador”.

Escote hasta el ombligo. Megasexy, claro. Exige liberarse del sujetador y tener un vientre (y un ombligo) bonito. Es preferible no tener un pecho demasiado grande para que la cosa no se desborde. Arriesgado, se recomienda para cenas de gala, cócteles o bodas con tendencia al descoque.

Escote Sabrina. Para los treintañeros, este escote al límite de la aparición de pezón, remite inequívocamente a la actuación de la mítica cantante italiana Sabrina en un programa de Nochevieja en los 80. Se trata de un escote pronunciado siguiendo la línea del pecho y que atrae no pocas miradas en caso de dimensiones considerables. Se recomienda usar con precaución para evitar accidentes.

Escote Palabra de honor. El más utilizado en bodas, que deja al descubierto hombros y cuello. Termina donde empieza el busto y es, sin duda, uno de los más polivalentes. Ni demasiado agresivo ni demasiado recatado. Eso sí, hay que procurar no combinarlo con ropa interior poco apropiada (¡esos sujetadores de tiras transparentes, por Dios!).

Escote cuello vuelto. También conocido como de monja, era el que triunfaba a los 15 años cuando se trataba de ocultar chupetones tras un rollete en la discoteca. Se recomienda también en caso de erupciones cutáneas agresivas o extrema timidez.

Escote asimétrico. Aunque suele dar un toque folclórico que siempre marca un poco, es un escote idóneo cuando se quiere causar impresión. Desterrado de ambientes laborales o el día a día (ir al súper con un escote asimétrico: no gracias), puede ser un acierto en fiestorros. Ojo, porque hace los hombros un poco más anchos.

Escote “Busco a Jacqs”. Otro mítico de los 80, que hace referencia a una motorista que enseñaba más o menos dependiendo de la cremallera de un ajustado traje de cuero. Lo mejor que tiene: es regulable en altura. Para disfraces sexi o sesiones de cama salvajes es un clásico. El problema es lo poco que aguanta la ropa puesta…

Escote Halter. Con este nombre se conoce al que se anuda en la parte de atrás del cuello dejando al descubierto la espalda. Está especialmente recomendado para aquellas que tienen una parte trasera de infarto, trabajada en el gimnasio y sin impurezas ni granitos. ¿Hay algo más erótico que una espalda atractiva? Para los posados a lo Pataky también va muy bien.

Escote masculino. Ehhhh, NO.

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