¿Qué son las violaciones curativas?

Ser una mujer a la que le gustan las mujeres no es fácil en ninguna parte del mundo. Nos enfrentamos a una doble discriminación: una por ser mujer y otra por ser homosexual. A esta, además, se le pueden añadir otras: por inmigrante, por seropositiva, por estrato social bajo, por minoría étnica o religiosa, etc. Sin embargo, podemos afirmar que hay países donde ser lesbiana o bisexual acarrea no sólo discriminación, sino también agresiones de todo tipo, algunas de ellas institucionalizadas como vimos en un artículo. Entre estas agresiones podemos encontrar las llamadas violaciones “correctivas”.

Las violaciones “correctivas” o “curativas” son un eufemismo para designar a las agresiones sexuales que se realizan a mujeres homosexuales y bisexuales por parte de hombres con el objeto de reconducirlas a la heterosexualidad, acompañadas generalmente de palizas posteriores o, incluso, asesinatos. Estas agresiones salieron a la luz en Sudáfrica, país que por una parte presume de ser uno de los más avanzados en materia de derechos LGTB de África, pero que a la vez cuenta con estos salvajes crímenes de odio. Pero no es el único. India, Tailandia, Zimbabue, Ecuador, Uganda o Perú son algunos de los países en los que se han reportado este tipo de agresiones.

Los agresores pueden ser familiares

Los agresores van desde grupos de hombres en la calle a familiares (hermanos, primos, tíos…), encontrando total impunidad en la pasividad del Estado y sus cuerpos de seguridad, la aversión generalizada en estos países hacia la homosexualidad y la indiferencia, cuando no aceptación, de la violación como parte de un proceso “curativo”. Esto lleva a que las víctimas apenas denuncien estos hechos, obteniendo un “te lo mereces” por toda respuesta o una posible denuncia por homosexual en aquellos países en los que aún la homosexualidad sigue penada.

De focused a man showing palm hand, concept of denial

En 2008 la asociación sudafricana Triangle Project informó de que se ocupaban de 10 nuevos casos de violaciones “correctivas” cada semana y en 2009, Action Aid cifraba en 500.000 las víctimas de estas agresiones en Sudáfrica cada año. En 2012, en Ecuador se clausuraron varias “clínicas” (y lo pongo entre comillas porque no se les puede dar ese estatus) en las que se ofrecía curar la homosexualidad, siendo la violación uno de sus métodos.

En 2014, el colectivo No tengo miedo de Perú, sacó una investigación de la que se extraían los siguientes datos: 4,3 de cada 10 lesbianas habían sufrido violencia familiar y en el 75% de estos casos, se usa la heterosexualidad obligatoria como mecanismo de control (a través del control emocional, económico o amenaza de violencia sexual y muerte que puede hacerse realidad). Sin embargo, la ausencia de datos actualizados es alarmante.

Por supuesto, tampoco hay datos acerca de las consecuencias que acarrean estas violaciones a sus víctimas. Estas agresiones sexuales suponen un trauma psicológico fuerte, en ocasiones son violaciones colectivas, en otras realizadas por familiares a los que tienen que seguir viendo, incluso, se les llega a obligar a casarse con su agresor, viéndose así expuesta a violaciones constantes. Puede haber graves lesiones físicas derivadas ya no sólo de la violación en sí, sino de las agresiones físicas que puedan acompañarla, a lo que debemos añadir también la posibilidad de embarazo y de contagio de alguna infección de transmisión sexual, como por ejemplo, el VIH.

Sin duda, estamos hablando de un grave atentado contra las mujeres, en este caso lesbianas o bisexuales, que no debería quedar impune. Depende de todas y todos hacer visible esta realidad y combatirla con todos los medios de los que dispongamos. La homosexualidad no es una enfermedad, por lo que no necesita cura, y sea por el motivo que sea, ni una sola mujer más debería ser violada.

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