¿Qué pasa cuando deja de gustarte el cuerpo de tu pareja?

¿En qué momento ocurre? ¿Pasa de la noche a la mañana o es la eclosión de un desgaste gradual que se traduce en un rechazo rotundo hacia unas formas que en su día nos hacían perder la cabeza? ¿Es definitivo o tiene solución? Pues depende de cada caso, y es cierto que hay pocas cosas más difíciles en la vida que discernir cuándo se ha acabado eso que damos en llamar amor (un concepto que, obviamente, ha llegado la hora de revisar por el bien de todos) de cuándo está pasando a una nueva fase, diferente pero no por ello peor.

En cualquier caso, muchas personas han atravesado etapas (algunas temporales y otras definitivas) en que el cuerpo de sus parejas no solo ha dejado de resultarles atractivo, sino que incluso les provoca cierto rechazo. ¿Puede funcionar así una relación? ¿Existen métodos para desprogramar nuestros instintos haters y hacer que ese cuerpo vuelva a excitarnos? La sexóloga Raquel Graña, de Íntimas Conexiones, lo tiene claro: “lo físico es superficial y hay vida más allá de nuestra fachada, todos los días llegan a mi consulta parejas que me cuentan que la otra persona no les atrae de forma física pero sí psicológica, y son parejas que funcionan muy bien”.

Así pues, si estamos en esa tesitura hay muchas cosas que podemos hacer antes de tirar la toalla, decidir que no queremos vivir sin pasión y hacer las maletas. “En primer lugar, lo importante es innovar. No es necesario renovar el armario ni comprarse un cargamento de lencería, no. Pueden ser pequeñas cosas. Desde dejar una notita en el espejo del baño antes de irnos a trabajar con un ‘buenos días’, enviar un mensaje en mitad del trabajo diciendo que echas de menos a esa persona o planificar un fin de semana juntos”, afirma Graña. Pequeños gestos que tendrán, al fin, un único objetivo: “centrarse en esa persona y pensar qué le gustaría recibir y qué nos gustaría a nosotros aportarle”, afirma.

Hay que intentar recuperar la pasión

Es el primer paso, afirma Graña, para solventar un problema muy común en muchas parejas sólidas y bien avenidas que tras muchos años ven cómo se va agotando progresivamente la pasión. Probablemente, no es que haya dejado de gustarnos el cuerpo de nuestra pareja en el sentido literal de la palabra –a causa de cambios de peso, estragos físicos o el paso del tiempo–, sino que la pasión pugna por largarse de tu dormitorio mientras tú echas las culpas a esa barriguita cervecera, esas estrías o vete tú a saber qué otra nimiedad que, a fin de cuentas, tiene una importancia relativa.

Couple having sex

Recuperar la pasión, he ahí la cuestión. Pero, ¿cómo? “Es necesario que ambos pongan de su parte para hacerlo”, afirma Graña. Es un error concluir que hay alguien que tiene un problema, que es aquel miembro de la pareja que se ha quedado sin pasión, y otro que tiene que esperar la solución con los brazos cruzados. “Una parte no puede exigir si no aporta nada a cambio. Si se exige de forma continua y uno no hace nada, se puede generar una situación muy molesta en la pareja”. El secreto está, pues, “en el equilibrio, en la voluntad por ambas partes de prosperar juntos si es lo que se desea realmente”, asegura Graña, para quien “la comunicación, la intimidad y la confianza son fundamentales para que el deseo erótico se mantenga”, y en muchas ocasiones no somos capaces de hallar el espacio con nuestras parejas para que converjan estos tres factores.

Muy bien, pero ¿y cuándo de verdad hay algo del cuerpo de nuestra pareja, una cuestión puramente física, que hace que se bloquee el deseo? Graña insiste en que estamos en todo momento ante un trabajo conjunto: “si queremos que nuestra pareja se apunte al gimnasio, por ejemplo, nosotros podemos acompañarla. Se cuidará físicamente, se encontrará mejor, nosotros también y además se llevará a cabo una actividad conjunta”. Así pues, estaremos matando varios pájaros de un tiro ya que “las actividades y hobbies compartidos favorecen la unión entre los miembros de la pareja”.

Así pues, una vez abiertas las vías de intimidad y confianza, una vez encarrilada la solución al problema… ¿ya lo tendremos? Ni mucho menos, pues falta algo fundamental para reactivar el deseo y desbloquear ciertos mecanismos que pueden venirse abajo a causa de la rutina, el estrés y los pensamientos negativos: “intriga y sorpresa”, asegura la sexóloga. Si jugamos con todos estos elementos, el deseo erótico irá en aumento, y con él mejorará la pasión y también la convivencia.

Reservar un restaurante íntimo por sorpresa, adquirir juguetes eróticos nuevos, enviar mensajes subidos de tono tal vez por primera vez, lencería, películas, libros, expresar nuestras fantasías y, por qué no, llevarlas a cabo, reservar espacios para abrir una botella de vino en casa y charlar tranquilamente sin prisas y sin estrés… Hay millones de cosas que pueden hacerse para reactivar la pasión, para iniciar un juego nuevo y desconocido –o en ocasiones conocido pero olvidado–. Simplemente es necesario que ambos miembros de la pareja trabajen esta situación a partes iguales.

Para Graña, es importante no confundir la ausencia de deseo erótico, que se da en personas generalmente activas que pasan temporadas apáticas por estrés o por cambio vitales, con la asexualidad: “el asexual no siente deseo y está a gusto con esta decisión o situación”. Si no es el caso, y nuestro deseo en otros tiempos alto pasa por una etapa oscura, “es fundamental acudir a la consulta de un sexólogo para o bien reactivar la pasión o bien decidir si ya no queremos seguir con esa persona”, asegura.

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