¿Pueden los futbolistas tener sexo antes de un partido?

Empieza la Eurocopa y desde El Sextante queremos hacer un homenaje a este deporte. Por eso, con este artículo, iniciamos la serie la Eurocopa del Sexo, respondiendo a interrogantes que tienen que ver con la carne y el balompié. El primero de todos, ¿conviene el sexo si eres jugador, antes de un partido?

Está claro que después, especialmente si has ganado, todo vale. Pero, ¿y antes? ¿Cuántos días antes deben iniciar los jugadores su período de abstinencia si quieren darlo todo en el campo? De hecho, ¿es recomendable dejar de practicar sexo o es una leyenda urbana?

Del Bosque, además de disciplina y concentración, tiene que inculcar a sus jugadores que ejerzan un control férreo sobre su propia libido. ¿O no? ¿Qué dice la ciencia?

Es un mito

Muchos sexólogos aseguran que la prohibición de tener relaciones sexuales antes de un partido no deja de ser un mito, siempre, evidentemente, que los jugadores no dediquen toda su energía a una maratón sexual estratosférica el mismo día de un partido importante. Al parecer, esta idea se remonta a la antigua Grecia, donde se creía que el semen era “una sustancia procedente del cerebro” y que derramarla podría ser contraproducente para el equilibrio espiritual y, por ende, también físico.

Estamos, pues, ante una prohibición de carácter más metafísico que físico, y son muchos los entrenadores del presente que continúan esgrimiendo argumentos espirituales para prohibir terminantemente el sexo durante las concentraciones. El ex técnico de la selección de Nigeria, Christina Chukwu, por ejemplo, aseguraba que el sexo tiene un “componente espiritual” que puede alterar el equilibrio de los jugadores.

Old red leather boxing gloves

 

Muhammad Alí no tenía sexo antes de los combates

Hay quien ha llevado al límite esta creencia, como el ciclista Zenin Jaskula, que consiguió la tercera posición en el Tour de Francia en el 1993 a base de abstinencia. “Hay que renunciar al sexo al menos tres semanas antes de la competición para estar en forma”, aseguró. Más allá fue Muhammad Alí, quien comentó en diversas ocasiones que él dejaba de tener sexo hasta seis semanas antes de una pelea.

La ciencia, sin embargo, llegó para cargarse todas estas consideraciones y asegurar que no existen cambios significativos en el rendimiento deportivo de los hombres que han mantenido relaciones sexuales previas a una competición y los que no.

Y no lo dice cualquiera, sino Tommy Boone, de la Universidad de Minnesotta, autor del libro ‘Relaciones sexuales antes de una competencia deportiva: mitos y realidades’, que se permite cachondearse de aquellas teorías griegas que consideraban al hombre el centro del mundo y creían que si éste perdía semen quedaba, por tanto, debilitado.

El sexo no interfiere en el rendimiento posterior

Eran tiempos, de hecho, en que existía la creencia de que los hombres que se masturbaban mucho eran pequeños y flacuchos, incapaces de realizar actividades relacionadas con el deporte. Boone es autor de numerosos estudios científicos que comparan el rendimiento entre dos grupos de hombres (unos que han practicado sexo y otros que no), sin hallar diferencias destacables.

Soccer championship cup

Otro estudio que desmiente el mito es el que realizó en 1987 la Federación Española de Medicina del Deporte, titulado Estudio comparativo del rendimiento físico antes y después de la actividad sexual en varones, que proporcionaba datos incontestables: en una relación sexual estándar se pueden consumir entre 150 y 300 calorías, una cifra irrisoria si tenemos en cuenta la cantidad de energía que se consume en un partido. Es una cantidad que puede reponerse sin problemas, además, comiendo un simple bocadillo, y que no tiene ninguna incidencia en el rendimiento.

El problema puede aparecer, claro, si al futbolista se le va de las manos, y lo que tendría que ser un simple encuentro sexual sin demasiados fuegos artificiales se convierte en una noche toledana en la que interviene también el alcohol. De hecho, numerosos estudios aseguran que la producción de testosterona, una hormona que se libera al mantener relaciones sexuales, incrementa la agresividad en el hombre, una cualidad deseable en un partido de fútbol.

Algunos entrenadores permiten el sexo

Son muchos los entrenadores que, desde hace décadas, desatienden estas consideraciones de índole espiritual sobre el semen como fuente de energía y permiten que sus jugadores cohabiten libremente con sus mujeres (o con quien les dé la gana) antes de los partidos.

Pep Guardiola, por ejemplo, deja que sus jugadores duerman en sus casas la noche previa, cuando juegan en casa, y llegan el mismo día del partido cuando juegan fuera. Pero la cosa no viene de ahora, pues el entrenador holandés Rinus Michels permitió que los jugadores durmiesen con sus parejas en el Mundial de 1974, en el que Holanda llegó a la final.

Postage stamp Chad 1977 World Cup Emblems and Pele

Sexo sí, pero sin malabarismos

El mismísimo Pelé aseguró en diversas ocasiones que jamás interrumpió las relaciones sexuales con su mujer por ser víspera de un partido y otro brasileño, Ronaldinho, aseguraba en su época dorada que mantener relaciones antes de un partido le ponía “de mejor humor”. En la misma línea, sus compatriotas Ronaldo y Romario tampoco han sido precisamente un pozo de contención durante su carrera futbolística, pues al parecer, durante la Copa América de Bolivia en 1997 –un torneo que, por cierto, ganó Brasil–,  se escapaban a menudo de la concentración para hacer de las suyas, en el más amplio sentido de la expresión.

Hay, sin embargo, entrenadores que se toman la abstinencia tan en serio que prohíben a sus jugadores tener relaciones no sólo en los días previos a los partidos, sino durante todo lo que dura la competición. Es el caso del entrenador de la selección mexicana en el pasado Mundial de 2014, Miguel Herrera, que prohibió terminantemente el sexo, algo que, según numerosos sexólogos, resulta absolutamente contraproducente, ya que desploma los niveles de testosterona.

Luis Felipe Scolari, durante su etapa de entrenador de Brasil, y suponemos que también ahora, recomendaba algo que a priori parece muy sensato: sexo sí, pero “sin malabarismos”. Es decir, que si las cosas pueden hacerse con tranquilidad “no es necesario subirse al techo”.

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