Porno-venganza: jóvenes y mujeres, los que más riesgo corren

Uno de los casos más mediáticos sobre porno venganza en nuestro país tuvo como protagonista a Olvido Hormigos. Así fue como la ex concejala socialista de Los Yébenes (Toledo) perdió su anonimato y se convirtió en una víctima más de este delito. Aunque hoy nos hemos acostumbrado a su presencia en los platós de televisión y a veces juzgamos la frivolidad de sus apariciones, Olvido fue obligada a dimitir de su cargo tras la publicación no consentida de un vídeo íntimo en el que aparecía masturbándose. Su futuro como política y como maestra de Educación Infantil se truncó. Se sucedían bromas y lamentaciones, pero también había quien no podía reprimir su deseo de ver el vídeo y evidenciar con ello su insensibilidad y deshumanización. Resucitaba la España de Bernarda Alba y muchos ponían la mirada en ella, como si acaso, fuera la culpable.

A raíz de la pesadilla de Olvido, el Código Penal adoptó en su reforma de 2015 un nuevo encaje legal. Se incluyó entonces el artículo 197.7, que dice así: “será castigado con una pena de prisión de tres años a un año, o multa de seis a doce meses el que, sin autorización de la persona afectada, difunda, revele o ceda a terceros, imágenes o grabaciones audiovisuales de aquella, que hubiera obtenido con su ausencia en un domicilio o en cualquier otro lugar fuera del alcance de terceros, cuando la divulgación menoscabe gravemente su intimidad personal.” A ello se le suma un agravante en el caso de tratarse de relaciones sentimentales, menores, personas con discapacidad o necesitadas de especial protección.

Se busca avergonzar a la víctima

La porno venganza busca avergonzar a la víctima y condenarla, tras la sobreexposición, a la indefensión y al ostracismo. Las imágenes o vídeos de carácter erótico de la víctima, pueden haberse compartido con otra persona con consentimiento o sin él. En este sentido, es importante insistir que nadie tiene derecho a intimidarnos, extorsionarnos o coaccionarnos con su uso no autorizado, ya sea distribuyendo ese material a terceros, publicándolo en redes sociales o colgándolo en páginas porno. Las fotos o vídeos no se convierten propiedad de otro aunque lo hayas compartido con él.

Revenge concept.

Según el abogado Pablo Siles Campo, especializado en derecho de familia y violencia de género, “Aunque con la reforma del Código Penal parezca que se encuentran descritas todas las posibilidades fácticas que pudieren tener lugar en el ámbito de la porno-venganza, disponemos de varios tipos penales que, individualmente considerados o en concurso de varios de ellos (y según las circunstancias de cada caso concreto atendiendo a las conductas y su resultado) podrían también ser susceptibles de colindar con el mentado tipo penal. Es el caso, por ejemplo, del artículo 197 referente al descubrimiento y revelación de secretos.” Además, la víctima puede tanto poner en conocimiento de la policía este tipo de delitos como interponer una demanda por vulneración del derecho al honor, la intimidad y la propia imagen.

Jóvenes y mujeres, los que más riesgo tienen

Los principales colectivos de riesgo son los jóvenes y las mujeres. Como comenta Siles Campo, “el propio Código Penal contempla a los menores de 16 años como víctimas potenciales de este tipo de conductas.” En cuanto a las mujeres, aparecen como un grupo bastante vulnerable ante este tipo de abusos. ¿No lo crees? Basta con que nos preguntemos lo siguiente: ¿por qué no existen webs famosas de porno-venganza con imágenes de chicos desnudos?

Las webs de “revenge porn” no muestran imágenes de chicas desnudas sino imágenes de chicas que están siendo humilladas y maltratadas. No hay contenido erótico. No se trata de una página de porno consentido y profesional. Lo que encontramos en las “revenge porn” es la violación del derecho a la intimidad de las mujeres, es un ataque a su integridad y sexualidad. Podríamos decir, atendiendo al perfil de la víctima, que este tipo de chantaje digital es un tipo de violencia machista.

En nuestra sociedad actual, la publicación y difusión no consentida de un material de carácter sexual no solo puede desencadenar el sentimiento de vergüenza en una chica sino acarrearle serios problemas de autoestima, dificultades a nivel laboral e incluso puede conducirla al suicidio. Los delitos sexuales han cambiado de aspecto con el desarrollo tecnológico y ante esto, cada vez, más personas, señalan esto como una “violación digital”.

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