Porno: ¿qué contenidos son los más buscados y cómo nos afectan?

El gigante de la pornografía Pornhub ha vuelto a sacar sus estadísticas anuales. Si bien España se mantiene en el número 13 de los países que más porno consumen, parece que hay cambios respecto a 2015. Por ejemplo, el aumento del 26% del consumo a través de smartphone y el hecho de que parece que el porno en realidad virtual ha venido para quedarse, ya que ha tenido especial repercusión en las búsquedas en España.

Los temas siguen siendo similares,  el sexo anal  en el top 1 (en España somos más de culos)  y como no, las maduritas españolas. También hay curiosidades, como que otro de los términos más buscados sea lo relacionado con el videojuego Overwatch, e incluso el del personaje  de Harley Quinn. Aunque está claro que para gustos, colores, y que los adultos tienen todo tipo de fetiches y quizás estas búsquedas no sean indicativo de nada,  también pueden llevarnos a hacernos otra pregunta, ¿cuál es la edad de los consumidores de porno? En Pornohub, la media de edad de sus usuarios es de 35,3 años, pero el 60% está por debajo de la misma. Pero,  ¿cuánto por debajo?

Fuente: Pornhub.
Fuente: Pornhub.

Si bien para acceder a estas páginas hay que asegurar que se tiene más de 18 años y las estadísticas, por lo tanto,  no pueden contabilizar el consumo en edades inferiores, ese consumo existe. Según una encuesta publicada por la empresa de seguridad en internet  Bitdefender,  la edad media para el inicio de consumo de pornografía en la red son los 11 años. Una edad en la que quizás un desnudo o una escena meramente sexual no tenga un gran impacto, teniendo en cuenta el contenido que  ya se absorbe en televisión o la publicidad, pero en la que es difícil filtrar las imágenes en las que la violencia y el sexo van unidas, como suele ser habitual,  entre otras cosas.

La sexóloga Ana García explica que “en edades tempranas como es la adolescencia, todavía no tienen el desarrollo intelectual completo, por lo que carecen de crítica. Esto significa que probablemente no sepan diferenciar entre una escena sexual realista y otra que no lo es. Y esto en la mayoría de los casos, tiene efectos negativos en su percepción de la sexualidad humana”.

No se trata de demonizar el porno, sino de entender que “lo ideal es que las personas que consumen porno, tengan su propio comportamiento sexual definido, y por tanto no se vean afectados por los estereotipos no adecuados que aparecen en él. De esta forma, es más fácil que el porno se utilice como un juego erótico para la excitación, más que como un instrumento de aprendizaje, como ocurre en el caso de los adolescentes”.

De hecho, en su experiencia como sexóloga, García afirma que ese consumo temprano o no disociado supone que  “se encuentren personas con conceptos erróneos de la sexualidad que tienen como consecuencia una disfunción sexual, frustración, expectativas inalcanzables y falta de autoestima”.

Todo ello, además, con una imagen bastante distorsionada del respeto hacia la mujer dentro de la sexualidad. Es difícil limitar el consumo de porno, pero sí puede ofrecerse una educación sexual que permita filtrar ese contenido. “Es necesario e indispensable que el joven reciba una buena educación sexual personalizada, ya que en muchos casos el motivo de buscar pornografía es por falta de información, por desconocimiento o vergüenza”.

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