Por qué una ruptura a los 20 es buena para ti

Las relaciones terminan y toca lidiar con el sufrimiento psicológico (e incluso el dolor físico), aceptar, dejar ir, seguir adelante y procesar un montón de sentimientos al mismo tiempo. Los pensamientos te asaltan a cada día, hora y minuto y te sientes tan hundido como si estuvieras en un pozo. Aunque cada persona es un mundo y reacciona de forma diferente, una ruptura amorosa nunca es agradable independientemente de la edad en la que termines la relación. Pero si sucede cuando eres joven aporta ventajas como estas:

Maduras. El cóctel de emociones que ingieres en grandes dosis te lleva a hacer una profunda reflexión personal y controlar la ira. Al enfrentarte a un problema e intentar solucionarlo, aprendes a resolver discrepancias. La madurez trabaja en muchos frentes, pero te pone en el camino para asumir errores y sus consecuencias y aceptar lo que venga.

Aprendes a gestionar situaciones adversas. Vives en una nube de algodón, pero la realidad te ha dado una bofetada en toda la cara. La vida te pone trampas y encararlas te enseña a desenvolverte y te reporta beneficios inesperados.

Couple or marriage angry and sad after argument

Te conoces a ti mismo. Por ejemplo, siempre habías pensado que no serías capaz de romper con tu pareja, pero has reunido la valentía y has dado el paso. Has sido capaz y ni te lo imaginabas, porque el enganche, aparte de enfermizo, era total. En resumen: aprendes a conocer tus fortalezas y debilidades.

Te fortalece. Aunque al principio tu autoestima esté muy baja, según vas pasando las etapas típicas de una ruptura hasta superarla te vas curtiendo poco a poco. Cuando sales del hoyo, entonces te das cuenta de que la adversidad te hace fuerte. Sobreponerse a una ruptura, enriquece tu experiencia de vida, siempre se casa algo positivo. Cultiva esa capacidad que tanto se oye ahora, la resiliencia.

No desperdicias tiempo de tu futuro. Imagina que en vez de a los 20 rompes a los 30. Está claro que una relación tan larga no tiene por qué haber sido una pérdida de tiempo, pero esa sensación te puede sobrevenir. Al menos de veinteañero te queda mucho más tiempo para disfrutar de esa soledad y para encontrar a otra persona. A los 20 normalmente todavía no se han tenido hijos, y eso influye mucho a la hora de plantearte una separación.

Te da una nueva perspectiva de la vida. Cuando ya no sufres por el final de la relación, un camino se abre ante ti para explorar quién sabe cuántas cosas buenas. Y a la hora de emparejarte, no vas a tener miedo al amor, aunque sí una actitud más reflexiva.

Incrementa tu independencia emocional. Aprendes a ser feliz por ti mismo, sin necesidad de otra persona. El pasado, pasado está y no vuelve. Ya no buscas la aceptación del otro, sino que la capacidad de hacerte feliz está dentro de ti.  Ahora sientes que eres el verdadero dueño de tu destino.

Tienes más claro lo que sí y lo que no quieres en una relación. Estás preparado para enamorarte otra vez, pero sabiendo a lo que estás dispuesto y a lo que no. Y esto es mejor saberlo cuanto antes en la vida.

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