Por qué Cristiano Ronaldo no es mi tipo

Yo, a Cristiano Ronaldo, ni con un palo. Me daría grima hasta darle un apretón de manos, así que de besarnos o pasar a mayores ni hablamos. Que el chaval tendrá su encanto, no digo que no, pero yo soy muy mía y antes de ayuntarme con esa masa humanoide me dedico a hornear pastelitos en un convento hasta que se me sequen los estrógenos. Que jugará muy bien al fútbol y tendrá los abdominales tallados en mármol y la sonrisa más blanca que cualquier higienista dental te pueda conseguir, pero a mí su aspecto me da mucha dentera.

Por supuesto que le reconozco todas las horas de gimnasio y las sesiones de depilación láser y el diseño de cejas y la pasta que se habrá dejado en odontólogos. Todo muy currado, sí, pero en ningún caso es mi tipo de hombre. Entre otras cosas porque Cristiano no parece un hombre, parece más bien un chaval desfigurado para parecerse a una estatua griega, con cutis de cera y una mueca extraña en el rostro, que se diría que las múltiples cirugías no le permiten cerrar del todo la boca. Bueno, y porque a mí los hombres me gustan algo fondones, que una también tiene derecho a sus parafilias.

Fat concept

Una cosa que me repele mucho de Cristiano Ronaldo es esa pulcra ausencia de vello corporal. Han debido de pasarle tanto el láser alejandrita que lo han dejado más liso que una pechuga de pollo antes de echarla a la sartén. Y lo pringoso que parece, con tanta crema antiarrugas, que lo llevas a la playa para tener una noche de sexo sobre la arena y te vuelves a casa con una croqueta de copiloto.

Además yo soy muy fan de la masculinidad y en mi opinión Ronaldo es anti masculino. Que tampoco quiere decir que sea femenino. Es una criatura extraña, sin género, con un toque como de experimento científico, de robot de látex casi perfecto. Tiene un poco el aspecto de Neo cuando se despierta en la granja de humanos de Matrix, pero más bronceado.

Respeto que para muchas mujeres sea un sex symbol, pero Cristiano representa la antítesis de todo lo que a mí me gusta en un hombre, es el anti-hombre. Por ejemplo, para mí los hombres tienen que venir con su tripita. Porque los hombres en su estado natural no tienen abdominales de acero, tienen tripa. Unos más, otros menos. Pero tienen tripa. Y un señor que en vez de tripa tenga abdominales de acero, es que dedica demasiado tiempo y esfuerzo a ello. Tal vez porque es lo más interesante en lo que se le ocurre gastar su efímera vida sobre la Tierra. Tal vez porque no se cree lo suficientemente valioso para que alguien lo acepte si no se parece a una estatua griega. Cualquiera de las dos opciones me excita más bien poco. Por eso un tío con el cuerpo de Ronaldo a mí me hace saltar todas las alarmas.

Otro factor que nos hace incompatibles es que a mí se me conquista por la palabra, y cada vez que escucho a este astro balompédico enhebrar dos frases me entran ganas de clavarme dos lápices de carpintero en los oídos. En cuanto a sus temas de conversación, con sus compañeros de vestuario habla “de música, de mujeres, de moda, de zapatos, de maletas, de joyas y de peinados”. Sospechando a qué llamará “música” este hombre, no creo que una conversación sobre ninguno de estos temas consiguiera llevarme al huerto. Si echo la vista atrás, creo que las conversaciones con las que más me han seducido han sido sobre política. Y también sucumbí una vez que a las tres de la mañana me hablaron del simbolismo en las tragedias lorquianas. Yo soy así, y como que no veo a Cristiano por la labor….

Lo nuestro no puede ser, Cristiano, porque mí me gustan fondones, humildes y de verbo poderoso. Y también porque no soportaría a un tipo que tardase más tiempo en arreglarse que yo. Llegaríamos tardísimo a todos los saraos.

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