¿Por qué a mucha gente le gusta escupir en la cama?

Seguro que si tienes una vida sexual activa y has tenido diversas parejas sexuales a lo largo de los años te lo has encontrado en alguna ocasión: te han escupido. Con mayor o menor énfasis, en cara, genitales, cuerpo e incluso dentro de la boca (lo más común), y probablemente te hayas quedado a cuadros. Pero lo cierto es que la salofilia, nombre que recibe la práctica sexual relacionada con los desechos corporales salinos (desde sudor a semen, saliva, sangre o incluso lágrimas), es más habitual de lo que creemos.

“Es una parafilia más, que debemos tratar exactamente igual que a cualquier otra”, explica el sex coach y sex blogger Ubal Araque. “La salofilia está muy próxima al BDSM y a las prácticas que tienen que ver con la humillación, y debe ser tratada como tal”, asegura Araque, en el sentido de que no tiene que ser consentida de ninguna de las maneras si no se disfruta, tanto si somos los receptores como si nos piden que la practiquemos. Como ocurre, al fin, y en esto Araque es tajante “con cualquier otra práctica sexual: no hagamos nada que no nos guste solo porque nos lo pidan. No va a funcionar”.

Pero la salofilia tiene algunos matices. No es lo mismo, por ejemplo, “que alguien te escupa en la vagina para lubricarla mientras te practica un cunnilingus, en el miembro o en el ano durante un beso negro, cosa que hacemos en muchas ocasiones con intenciones meramente prácticas, a que te abran la boca mientras te besan y te escupan dentro con fuerza, por ejemplo. O que te escupan directamente en la cara”, afirma Araque.

Young man is apologizing a woman

Por lo tanto, como ocurre con cualquier otra práctica que incluya humillación, es conveniente “o bien hablarlo antes con la pareja sexual, y que el acto sea consensuado, o bien hacer pequeños amagos para ver cómo reacciona la otra persona. Si te gusta escupir en la boca del otro mientras le besas, prueba antes a dar besos muy húmedos, con mucha saliva, y en función de la respuesta sabrás si continuar o no por ese camino”, explica Araque. Lo mismo ocurre en el caso de que seamos nosotros quienes disfrutemos con la sumisión: es imprescindible orientar a nuestra pareja sexual sobre nuestras preferencias y, obviamente, respetar escrupulosamente sus deseos.

Es el caso de Joan, que ha tenido que trabajar con sus diversas parejas una filia que le ha acompañado durante toda su vida adulta. “Me gusta que me escupan, a poder ser dentro de la boca, y todo lo relacionado con los fluidos corporales”, afirma. Así, Joan disfruta “lamiendo axilas sudadas, practicando cunnilingus tras orinar –sin que se limpien, claro– o cuando tienen la menstruación. Me encanta que me rocíen la sangre por todo el cuerpo, o eyacular en la boca de mi pareja y después lamer mis propios fluidos”, asegura, una práctica que le acompaña desde que tiene uso de razón de forma totalmente irracional, visceral.

“No sabría intelectualizarlo: para mí la humillación representa el placer en estado puro, esos momentos en que estás tan excitado que permitirías cualquier cosa porque nada puede eclipsar ese placer tan sublime que estás sintiendo”. ¿Y cómo han lidiado con esta filia sus diferentes parejas? “Se han ido introduciendo poco a poco y hasta el límite que ellas han decidido”, afirma, aunque la última ha aprendido a disfrutarlo y a ser cada vez más partícipe (“siempre a su ritmo”) de este juego sexual. Obviamente, “cuando no conozco casi a la chica soy muy comedido, voy avanzando a medida que veo cómo reaccionan”.

En la misma línea, Araque coincide en que todo cuanto tiene que ver con las prácticas que suponen algún tipo de humillación, por mínima que sea, hay que tener mucho cuidado. “No aceptemos según qué cosas si no nos gustan y no vamos a disfrutarlas, pues la clave del sexo, del buen sexo, es que el gozo sea mutuo y recíproco. Si no te gusta no lo permitas, y si te escupe sin preguntarte ya puedes abrir la puerta de tu cuarto y mandarle a paseo”, afirma.

Según la experiencia de Araque, la salofilia es una práctica común, que, en líneas generales, no aparece aislada. “Suele ir asociada a otras prácticas para humillar al sumiso, desde insultos a golpes o bondage. Aunque, curiosamente, muchas personas que practican BDSM no son demasiado amigas ni de escupir ni de ser escupidas, y muchos salofílicos tampoco practican BDSM”, lo que indica, una vez más, que nuestra sexualidad es tan compleja como nosotros mismos. Y que, pese a la tentación que tenemos muchos de crear patrones para comprender mejor el mundo, la gestión de los propios deseos y placeres es tan delicada y compleja como difícil de categorizar. Y que así siga siendo.

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