¿Por qué a las mujeres nos viene la regla juntas?

La respuesta a esta pregunta que nos hemos hecho durante años va a dejarte, sin duda, sobrecogida. Y es que es tan obvia que probablemente nunca la habías pensado. Habías imaginado hormonas circulando felizmente de un cuerpo a otro, sudores sincronizados, energías, chacras, ovarios cambiando sus ciclos frente a la cercanía de otros ovarios amigos… y toda una serie de posibilidades que, vistas desde el más frío y cortarrollos sentido común, no tenían ningún tipo de lógica científica. Porque la respuesta a por qué a las mujeres se nos sincroniza la regla cuando vivimos juntas o compartimos espacio es la siguiente: a las mujeres NO se nos sincroniza la regla.

El ginecólogo Antonio Gosálvez lo explica así, echando por tierra una serie de mitos con los que hemos crecido muchas: “Si tú te vas a Finlandia y te encuentras a tu vecino al abrir la puerta de un bar, eso no es suerte: conoces a miles y miles de personas, y esas personas se mueven por el mundo. Desde un punto de vista matemático no resulta sorprendente que en uno de tus viajes te encuentres a uno”, afirma. Y añade: “Además, siempre recordarás más aquel viaje en el que te encontraste a tu vecino que tantos otros viajes que has hecho y en los que no te encontraste a nadie”.

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Ay, que ya nos imaginamos por dónde va. “Otro ejemplo: si tú metes a 25 personas en una sala, ¿qué posibilidad crees que existe de que dos de ellas hayan nacido el mismo día?”, pregunta. Intentamos evadir la cuestión, pero Gosálvez nos insta a aventurar un porcentaje: “¿el 10%?”, respondemos tímidamente. Pues nada más lejos, la respuesta es el 56%.

El cerebro incurre en una serie de confusiones

Esto significa, según el experto, “Que el cerebro humano incurre en una serie de confusiones erróneas sistemáticas”, algo que explica bien el profesor de Ciencias de la Incertidumbre de la Universidad de Massachussets en Amherst, Nassim Nicholas Taleb, en su libro ‘¿Existe la suerte?’ (Paidós, 2009). Taleb basa su argumentación en el rechazo al posmodernismo y el relativismo cognitivo, y pone de manifiesto nuestra excesiva confianza en la causalidad, y en que todo lo que nos rodea es explicable. “El cerebro puede llegar a creer muchas cosas, y una de ellas es algo tan sumamente falto de fundamento como que a las mujeres se les sincroniza la regla”, afirma Gosálvez.

Para el ginecólogo, que un grupo de mujeres tenga la regla al mismo tiempo es algo poco sorprendente teniendo en cuenta que “los ciclos de algunas son de 26 días, los de otras de 29 y a muchas les dura la regla aproximadamente una semana”, asegura. Todo ello, teniendo en cuenta, además, que “el ovario es una zona viva, que tiene variaciones, como un árbol”, asegura, y que por lo tanto puede ocasionar que algunos meses se nos retrase o adelante el periodo sin que eso tenga la más mínima importancia. Si sumamos toda esta serie de circunstancias el resultado es concluyente: “no se sincroniza la menstruación, simplemente por una cuestión de probabilidad varias mujeres tendrán la regla al mismo tiempo, al menos durante algunos días”, afirma.

En este sentido, coincide con Taleb en que “el cerebro humano, como en en caso del vecino que nos encontramos en Finlandia, recordará más ese momento llamémosle extraordinario que otros meses en que las reglas no se han sincronizado”, y le otorgará una categoría que no es más que simple y pura probabilidad. “Nos parece curioso que nos pase a la vez y lo recordamos constantemente, mientras que cuando nos baja separada no lo interiorizamos”, asegura el ginecólogo.

Así pues, todas las ciencias, pero en especial la medicina y particularmente la ginecología y todo lo relacionado con la salud reproductiva son muy susceptibles de ser víctimas del falso mito. La misma explicación que a la sincronización menstrual se la podemos dar, asegura, “a los partos durante la luna llena, al mito de que si tienes sexo espontáneo es más difícil lograr un embarazo que teniendo sexo militar en fechas supuestamente favorables, a que las mujeres que quieren quedarse embarazadas lo consiguen cuando dejan atrás el estrés de buscarlo, que los embarazos tras un legrado son más frecuentes…”, enumera Gosálvez. Todo ello, no es más que una versión muy siglo XXI, “de aquellos tiempos en los que cuando caía un rayo creíamos que era cosa de los dioses, que se habían enfadado, y que la única manera de tenerles tranquilos era darles de comer y rendirles honores”, una relación causal que ahora sabemos totalmente falsa.

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