¿Píldoras para enamorarse? Están más cerca de lo que crees

No me digas que no sería genial un fármaco específico para mejorar una relación. Que tú y tu pareja os tomarais una pastillita y que cualquier discusión entre vosotros se arreglara en un santiamén. En esta píldora mágica para fortalecer el apego entre una pareja a largo plazo trabajan los científicos basándose en los avances de la neurociencia. Un sueño que podría hacerse realidad en unos 10-15 años. Las pociones del amor de la Edad Media están más cerca que nunca de ser una realidad.

A medida que la ciencia va conociendo cómo funciona el cerebro y lo que sucede en él cuando nos enamoramos gracias las técnicas de neuroimagen, cada vez resulta más factible imitar esos complicados procesos de forma artificial. Sobre esa base se investiga para lograr la píldora del amor. Cuando alguien te mola se liberan hormonas como la adrenalina, dopamina, oxitocina y serotonina. Una mezcla química similar es la que aspira a reproducir la pastilla, por supuesto, sin efectos secundarios.

Ese cóctel químico del amor es tan potente que resulta casi tan adictivo como una droga. Al liberarse entras en un estado de calma, euforia, alivio de dolor… como si estuvieras “colgado”. Los efectos de la oxitocina, conocida como la hormona del amor, son muy similares a los del alcohol, nos desinhibe y aumenta los sentimientos hacia otras personas incluso si son desconocidas. Es un neurotransmisor que propicia la socialización, la confianza y la unión entre las parejas. Durante los primeros 9-18 meses de una nueva relación, ambos sexos experimentan niveles elevados de oxitocina. Para algunos científicos incluso ayuda a promover la fidelidad en las relaciones monógamas.

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Pero los fármacos u otras tecnologías emergentes, como los nanobiochips, no solo podrán utilizarse para aumentar los sentimientos de lujuria, atracción y apego en las relaciones amorosas de adultos, también disminuirlos. ¿Por qué buscar una cura para el amor?, se pregunta el neurocientífico Anders Sandberg, de la Universidad de Oxford en este estudio. Un amor doloroso puede a la larga beneficiarnos para crecer personalmente, pero otras veces se torna peligroso para uno mismo, por ejemplo, al “inspirar un homicidio impulsado por los celos”, señala Sandberg, o cualquier otra clase de agresión como la violencia de género, entre otros muchos actos de amor potencialmente problemáticos. Es estos casos cuando los adelantos en “Psicofarmacología y neurociencia moderna abren una gama de posibles intervenciones que realmente podría funcionar”.

El tema plantea cuestiones morales

Pero como explica el investigador “estos desarrollos plantean cuestiones morales profundas sobre los usos potenciales y erróneos”. ¿Deberíamos tomarlos?, plantea. Pues depende, unas veces sí y otras no. Y enumera cuatro condiciones en los que sí estaría justificado su uso:

1-Cuando el amor es claramente perjudicial y se debe disolver de una u otra manera.
2-Cuando la persona quiera recurrir a ello (con el consentimiento expreso no generaría ningún problema).
3. Cuando ayude a la persona a conseguir sus metas a largo plazo, que están por encima de los sentimientos.
4-Cuando no pueda ser psicológicamente posible superar los sentimientos peligrosos sin la ayuda de la biotecnología del antiamor, es decir, cuando ya se han agotado los métodos tradicionales.

Está claro que una relación no puede sostenerse a base de píldoras, sería algo muy artificial, pero combinado con una terapia de pareja puede funcionar, sostiene Sandberg. Y utilizarlo para enamorarse al primer vistazo no tendría sentido. Pero ¿por qué no utilizar esta seducción química si ya se está haciendo algo parecido con los antidepresivos o incluso cuando tomamos una copa? El debate está abierto.

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