Perrea, perrea... estas canciones nos están humillando

Despacito ha conseguido desbancar incluso al bueno de Giorgi Dann en materia de canciones del verano. Pop latino, reggaetones y otros ritmos caribeños se han convertido en los reyes de las carpas veraniegas y del contoneo sudoroso hipersexualizado en madrugadas inolvidables (para bien o para mal) en pistas abarrotadas de hormonas.

Pero, ¿alguien se ha parado a escuchar lo que nos cuentan Fonsi, Jennifer Lopez, Daddy Yankee e incluso Shakira en algunas de sus letras? Probablemente no,  porque sus mensajes –a veces subliminales, otras directos– son generalmente machistas hasta la médula y humillantes para cualquiera que no tenga la capacidad de empotrar. Veamos…

Reggaetón lento

“Yo sólo la miré y me gustó, me pegué y la invité: “Bailemos, ¿eh?”, dicen los amigos de CNCO. ¿Mande? Al parecer la cosa es que si tú eres un macho alfa, llegas a cualquier lugar y ves a una tipa que te gusta no te queda otra que pegarte, invitarla y, en un contundente imperativo, decirle que baile contigo. Pegarte, lo que significa que vas a pasarte por el mismísimo forro las distancias corporales. Invitarla, porque a nadie se le ha ocurrido que la chica en cuestión sea una prestigiosa neurocirujana multimillonaria y tenga el bolso repleto de visas oro. Y ordenarle que baile contigo, porque en ningún momento se te ha pasado por la cabeza que ella preferiría mil veces antes estar encerrada en una caverna junto a Hitler que tenerte a menos de un palmo.

Pero nosotros nos preguntamos qué tendrá nuestra amiga neurocirujana para hacer perder la cabeza al personal. La respuesta está en la letra, que es una mina: “Me encanta tu firmeza, te mueves con destreza / Me trae loco su figura, ese trajecito corto le queda bien”. Con su retahíla de imperativos, claro, porque a nosotras, chicas, se nos han dado órdenes de toda la vida de Dios: “Muévete, muévete / Báilalo, báilalo”. Nada más que añadir.

Despacito

Fonsi y su amiguete Daddy Yankee tienen claro que en esto del sexo es mejor despacito, que las cosas suave suavecito suelen llegar a mejor puerto que si nos aceleramos (“deja que te diga cosas al oído para que te acuerdes si no estás conmigo”), con sus susurros y sus tempos, sus cambios de ritmo y la parafernalia que suele acompañar a una buena sesión de sexo. Pero ay, que al final siempre emerge el machote latino empotrador que puede empezar todo lo suave suavecito que quieras pero que, al fin, va a conseguir “provocar tus gritos y que olvides tu apellido”.

Y no solo eso: “Es que esa belleza es un rompecabezas pero pa’ montarla aquí tengo la pieza”. Y la pieza, claro, ya sabemos todos cuál es. La sacrosanta pieza capaz de hacernos olvidar todos los males del universo, incluso nuestro propio apellido, porque al final, amiga, tú lo que necesitas para quedarte tranquila es eso que tienen Daddy y Luis entre las piernas. Despacito es, pues, un paso más en el concepto de malfollada que no solo parece salido del siglo XV sino que además no se sostiene por ninguna parte, porque nosotras, en líneas generales, necesitamos además otras cosas. Cosas que tal vez sean demasiado complejas para que alguien como Daddy Yankee las entienda.

Dancing friends

Safari

J.Balvin es ese tipo aparentemente apocado que a priori enamoraría a tu madre y que firma una de las letras más infames que se han escrito en la historia de la música. Al lado de Balvin, El tractor amarillo parece escrito  por Serrat, pues a ver quién iguala “Mami mami con tu body (leído bari), este party (pari) es un safari. Todos miran como bailas, hoy tú andas con un animal”.

Esta letra no solo es un atentado al género femenino, sino también a la inteligencia humana de una forma tan sobrecogedora que nos impide detenernos en la realidad de una letra trepidante: mami mami, si tienes cerebro o algo parecido dentro de la cabeza me importa un carajo porque tu cuerpo (ese bari que es un safari) es lo único que me importa. “Todo ese cuerpo que tú tienes me vuelve loco y más cuando bailas pa’mí”, dice Balvin, mientras cualquiera con sentido común de cualquier género solo puede soñar con hacerle callar para siempre.

Quédate conmigo

La grandeza de las canciones del verano es que incluso un tema como Me enamoré, de Shakira (que es, al fin, un canto a la pareja como propiedad privada que tanto daño sigue haciendo) nos parece La Internacional comparada con las creaciones de Chyno Miranda. Chyno hilvana una canción de amor con letras de preescolar, se lamenta de que su mundo estaba al revés por culpa de una mujer que, como es de esperar, reunía una serie de cualidades fundamentales para robar el corazón de cualquiera.

Pero esas cualidades no se nos revelan hasta el final del tema, cuando Chyno se sincera y confiesa su amor por alguien que “el cuerpazo lo tiene, cara linda la tiene. No sale del gimnasio, ella sola se mantiene”. No sabemos si esa mujer era cariñosa y divertida, buena amiga, sensible, sensata y agradable. A quién le importa si el cuerpazo lo tiene y –y aquí la frase más enigmática de la canción– “ella sola se mantiene”. ¿Qué significará que se mantiene? Se admiten apuestas.

Ni tú ni yo

A J. Lo se le va oficialmente la pinza con esta canción que debería estar prohibida para las nuevas generaciones y cuya visión del amor deberíamos empezar a superar de una vez. Escuchando este tema de Jennifer es fácil imaginársela lanzando jarrones a Marc Anthony entre gritos para luego solucionar la trifulca con polvazos estratosféricos. He aquí el amor como algo que nos hace sufrir pero nos eleva a los cielos, como algo irremediable, que nos ocurre sin que podamos hacer nada al respecto y que puede arruinarlos la vida.

“El amor es así. Controlador, es dictador. Emocionante, apasionante. Depredador”, dice Jennifer. Y las personas que se preocupan por nuestro bienestar y nuestra felicidad cuando las cosas vienen mal dadas en el terreno sentimental son una panda de ignorantes que no han podido saborear las mieles del enamoramiento: “Ellos no saben lo que se siente. Cuando estamos juntos tú y yo”.

Pero cuidado, que este cúmulo de despropósitos en forma de hitazo latino va a peor: “Porque a mí me da lo mismo/ Que sea lo que Dios quiera / Yo quiero vivir contigo / Lo hacemos a tu manera”, dice Jennifer, y canta al amor como una fuerza suprema que te obliga a rendirte, a claudicar, a olvidar tus principios y tus valores y a pasar por el aro. A ver Jenny, una cosita: ¿y si empezamos a cantar al amor de una puñetera vez como algo constructivo y enriquecedor, agradable, constructivo y bonito, alejado de los fuegos artificiales pero también de la sensación de vacío y angustia? ¿Y si nos hacemos mayores de una vez?”.

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