Pelo y erotismo, ¿nos ponen cachondos los pelos?

El exceso o defecto de vello corporal o genital, y sus efectos sobre nuestra libido, no acaba de poner de acuerdo al personal. Hay quien muere por un cuerpo masculino perfectamente depilado de pies a cabeza (incluidos los genitales), o por esos genitales femeninos sin un solo pelo, aunque también hay quien se pirra por esos torsos velludos y esas axilas frondosas, tanto en hombres como en mujeres. Lo que parece evidente es que, en los últimos tiempos, hemos vivido un renacer del vello corporal como fetiche, tanto en el colectivo homosexual como entre los heterosexuales –empieza a calar, por fortuna, cierto relax ante el vello corporal propio entre las mujeres, gracias en buena parte, a la consolidación de las nuevas olas feministas.

¿Moda o biología? ¿De repente nos gusta el vello corporal porque aquello de la metrosexualidad es algo pasado de moda y profundamente noventero? ¿Porque la imagen de una mujer empoderada que se enfrenta a la belleza normativa al final acaba resultando más sexy que un prototipo trasnochado de la mujer esclava de su imagen? Para el formador en salud sexual Ubal Araque, este repentino boom del vello corporal, que representan hombres como Hugh Jackman o Andrés Velencoso, esta nueva manera de entender la masculinidad que se enfrenta a aquel lejano Beckham de cejas depiladas, “se debe tanto a una moda como a cuestiones puramente biológicas, que tienen que ver fundamentalmente con el olor”.

Sí, el olor. Porque las hormonas que desprendemos cuando nuestro cuerpo entra en alerta sexual pueden resultar muy sexys para el que las recibe, y el vello no es más “que una manera de que este olor se fije al cuerpo y no desaparezca; por este motivo hay gente que disfruta lamiendo axilas con vello e incluso sin desodorante”, explica Araque. “El vello contribuye a conservar el olor, y no hay que olvidar que pese a todo somos animales”, explica.

La parafilia relacionada con la querencia al vello corporal tanto en hombres como en mujeres se llama hirsutofilia y es, en realidad, “una parafilia inofensiva, muy común, que en los últimos tiempos se traduce en fiestas específicas y en el boom de una estética concreta, muy hipster, con barbas y vello corporal”. Una filia que ha logrado trascender ciertos mitos muy presentes, según Araque, a la cultura latina, en la que “el vello se ha relacionado tradicionalmente con cierto desaseo”.

man on the beach

Ya lo dice el refrán, bromea Araque, “el hombre y el oso, cuanto más peludo más hermoso”, pues el vello no es más que una expresión de masculinidad, sobre todo si se encuentra en axilas, pecho, cara y genitales. Además, el vello en estas zonas del cuerpo aporta una dosis extra de placer sexual: “cuando el vello en los genitales es lo suficientemente largo, el roce supone un plus súper erótico, es muy estimulante. Por no hablar de la cantidad de juegos sexuales que permite: puedes rozar su vello púbico con los pies y hacer un masaje erótico increíble”.

¿Por qué, entonces, si la atracción por el vello corporal responde en muchos casos a motivos biológicos se ha extendido durante tantos años el depilado integral, especialmente en mujeres aunque también en hombres?”. Según Araque, cuesta entenderlo, especialmente en el caso de las mujeres. “Está comprobado que si el vello está ahí es por algo, para proteger de infecciones y resguardar una zona especialmente sensible de los agentes externos. Cuesta creer que por cuestiones culturales se ponga en riesgo la salud”, explica Araque, para quien “el depilado integral, tanto en hombres como en mujeres, tiene un punto adolescente que puede ser también una filia para muchas personas”, aunque no sea lo más recomendable desde el punto de vista de la salud ginecológica.

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