Párpados hinchados, síntoma de embarazo. Esto pensaban sobre el sexo en el siglo XVII

Si hoy todavía existen tabúes sexuales (aunque cada vez menos afortunadamente), imaginaos siglos atrás. Se sabe lo que nuestros antepasados pensaban sobre el sexo gracias, entre otras obras, al manual  “Aristotle’s Masterpiece Completed In Two Parts, The First Containing the Secrets of Generation” (Obra maestra de Aristóteles completada en dos partes, la primera que contiene los secretos de la generación). Este libro, publicado por primera vez en Londres en 1684, fue prohibido durante tres siglos por su escandaloso contenido erótico.

Durante ese tiempo era leído de forma clandestina, se reeditó cientos de veces. La casa de subastas Hanson subastó un ejemplar, publicado en 1720, el pasado marzo. Se lo adjudicó a un comprador privado británico que lo adquirió por 3.100 libras esterlinas (unos 3.600 euros), unas 30 veces más de su precio de salida.

Dividido en dos partes -una dedicada a la salud sexual y el matrimonio, la otra al embarazo-, este manual anónimo da consejos demasiado concupiscentes para aquella época y cuando menos peculiares actualmente. Está escrito en la época en la que se perseguía la brujería y el esoterismo, así que está plagado de supersticiones y astrología, aunque también de creencias religiosas y medicina natural.

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Alimentos para la potencia sexual del hombre
Para incrementar la fertilidad y la salud sexual masculina, el libro recomienda a los hombres comer más carne para “hacer que la semilla abunde”. Y concreta algunas de las especies a comer: huevos, gorriones, mirlos, mosquitos, zorzales, perdices, chirivías, palomas jóvenes, jengibre y nabos.

El sexo del bebé: por la postura de la mujer y el influjo de la luna
En aquella época se pensaba que la postura de la mujer influía en si nacía niña o niño. Para que el bebé naciera varón aconseja que, inmediatamente después del sexo, la mujer se acueste sobre su lado derecho y para tener una niña, a su izquierda. El texto también describe que el tipo de luna en ese momento también determinaba el sexo del bebé: para que fuera niño debían concebir cuando el sol está en Leo y la luna en Virgo, Escorpio o Sagitario.

La imaginación determinaba los rasgos
Según cuenta el manual, de la imaginación de la mujer dependían sus características físicas. Si la madre imaginaba un cuerpo con malformaciones, “podría engendrar un niño con un labio peludo, una boca fea o grandes labios de grasa”, explica. Para que se pareciera a su padre, la mujer debe “mirar seriamente al hombre y fijar su mente en él”.

Madres copulando con animales
La obra cuenta con ilustraciones, entre ellas de niños monstruos, híbridos de humanos y animales. Con estos ejemplos explica que los menores pueden nacer con características animales como resultado de que las madres hayan copulando con animales.

Un test de embarazo
¿Cómo saber si una mujer había quedado embarazada? Pues bastaba con mirarle a la cara: si los párpados se hinchaban, sus ojos enrojecían o si padecía migrañas, entonces, habemus bebé. Pero si con esta prueba no era suficiente, debían probar con esta otra: orinar en un vaso y si al tercer día lo colaba con un pañuelo de lino y aparecían “pequeñas criaturas viviendo ahí” se daba como fecundada. O también aconsejaba introducir una hoja de ortiga en la orina durante toda una noche y si pasado ese tiempo aparecían puntitos rojos era señal de que se había concebido.

¿Sorprendente, verdad? Efectivamente, todo lo que pensaban en el siglo XVII nos choca mucho hoy. Pero es que los primeros estudios serios sobre el sexo no se iniciaron hasta el siglo XX.

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