¿Para qué sirve el himen?

Uno de los grandes problemas de la sexualidad femenina es que las mujeres no conocen realmente sus genitales. Todavía hay cierta vergüenza  a reconocer y visualizar nuestros labios menores, el clítoris o la entrada del orificio vaginal,  y sin embargo, se habla con mucha más naturalidad del himen. Porque pese a que en los colegios no se suele explicar mucho sobre, por ejemplo,  el clítoris, el himen sigue apareciendo en los temas sobre reproducción sexual. Todo ello teniendo en cuenta que hay una pregunta que no siempre sabemos contestar, ¿para qué sirve el himen?

“Actualmente no existe un consenso unificado acerca de su utilidad. Algunos hablan de un residuo de etapas fetales, otros lo asocian a un sistema de protección ante posibles infecciones y previamente a la maduración reproductiva de la mujer. Pero lo cierto es que no se sabe a ciencia exacta cuál es su función”, apunta la sexóloga Verónica Vivero.

De hecho no solo no parece tener una función específica, sino que “muchos apuntan incluso a su posible desaparición por evolución”, explica Vivero. Aun así, es interesante saber que el himen no se da solo en el ser humano, “se sabe que otras especies como las focas, ballenas, topos, ratas, elefantes, llamas, cerdos o chimpancés la presentan”.

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Otro dato que no es conocido por todo el mundo es que no todos los hímenes son iguales. Si bien todos coinciden en ser “una membrana de tejido fibroelástico, que cubre parcial o totalmente la apertura vaginal”, la sexóloga puntualiza que pueden ser “de tipo anular, caracterizados por presentar un orificio central, los semilunar, con un orificio desplazado hacia la porción superior, o en forma labial, con un orificio en línea media”.

Entonces, ¿por qué algo tan sencillo sigue teniendo tanta repercusión para nuestra sexualidad? La clave está en que aunque el himen no tenga una función biológica muy específica, sí que tiene una función cultural, y es que sigue siendo el símbolo de la virginidad de la mujer.  “El valor otorgado históricamente al himen, y más en concreto, a su conservación, ha creado alrededor de éste una serie de creencias, la mayoría erróneas, atribuyendo la presencia del himen como garantía de virginidad”.

Lógicamente, esta “función” es una muestra de represión contra la mujer y su sexualidad, sobre todo si se tiene en cuenta que no hay un valor similar en la sexualidad masculina. Pero más allá de eso, resulta que tampoco tiene un sentido lógico, puesto que “que la presencia de un himen intacto no es garantía de que no se hayan tenido relaciones sexuales con penetración”. Verónica Vivero afirma que  “éste puede preservarse pese a haber tenido sucesivas experiencias, en caso de tratarse de un himen de tejido muy elástico. Además, no tiene por qué producirse sangrado en una primera vez, ni éste ser indicativo de virginidad. Hay muchas mujeres que no sangran su primera vez o que lo hacen tras algunas experiencias. En todo caso, el volumen de sangrado es muy leve”.
Es más, también se dan muchos casos en los que las mujeres llegan a su primera relación sin su himen. “Hay chicas que presenta un himen muy frágil y fácilmente rompible, siendo habitual que lleguen a la adolescencia sin él”. No solo caídas o accidentes, “también actividades como montar a caballo o gimnasia rítmica pueden fácilmente fracturarlo”, concluye Vivero.

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