Olor, picor o sabor: los cuatro cambios que se producen en la vagina después de practicar sexo (y no, no son nada alarmantes)

En primer lugar, asumámoslo: por mucho que en la pornografía sean más que parecidas y estéticamente admirables, cada vagina es un universo aparte. Ni todas tienen la misma profundidad o anchura, ni son anatómicamente iguales, ni huelen de la misma manera, ni se limitan a un único sabor ni, por descontado, se excitan y lubrican apretando el archimencionado ‘botón mágico’. Sin embargo, hay un momento en el que todas ellas pueden sufrir determinadas alteraciones que, en ocasiones, pueden llegar a preocuparnos. Si después de mantener relaciones sexuales has notado alguna de ellas, no cojas el primer taxi al grito de ‘¡al hospital!’ porque ni es una anomalía radical ni estás sola en esto. Deja de preocuparte y conoce de una vez por todas como funciona tu órgano sexual para disfrutar del antes y el después sin histerias.

1. Ardor al hacer pis. Grábatelo a fuego porque lo de ir a orinar es uno de los pasos que jamás debes pasar por alto después del coito si quieres evitar todo tipo de infecciones y molestias. Y ya que hablamos de fuego… ¿Alguna vez has sentido cierta quemazón al miccionar? Bien, aunque te estabas poniendo en lo peor, no tiene por qué tratarse de una infección de orina. El orín es un fluido ácido y si durante el sexo has podido rozar con fuerza la vulva o los labios éste puede generar esa sensación de ardor al pasar por la zona. De hecho, el toparnos con un acompañante con un vello púbico demasiado duro, el uso de preservativos demasiado gruesos o echarle ganas y ponernos a probar determinadas posturas, pueden hacer que algunas mujeres lleguen incluso a sufrir –el infinitivo de este verbo suena mucho más exagerado de lo que realmente le ataña en este caso, cierto– microabrasiones. Hablamos de pequeños cortes sin importancia que, aunque vengan acompañados por un poco de sangre, por lo general desaparecen por sí mismos. Límpiate con cuidado y sin utilizar ningún producto abrasivo o toallita áspera y relájate. Verás como el escozor es inexistente en tu próxima visita al Señor Roca.

woman hands resting on the thighs isolated on blurred lights

2. Te pica. La picazón postcoital es de lo más común y puede deberse a simplezas del nivel ‘estás irritada por la fricción’, pasando por ‘leves y momentáneas reacciones alérgicas a un determinado lubricante o tipo de preservativo’ hasta que ‘tengas cierta sensibilidad’. Todo normal si además le sumas el hecho de que lubricadísima tampoco has llegado a estar y te notas la vagina más seca de lo esperado, circunstancia más que habitual porque no siempre produces la misma cantidad de fluido vaginal ni es igual de denso. Ni qué decir que el haber estado una larga temporada sin practicar sexo no ayuda demasiado a que tu vagina no se quedé algo reseca y resentida en los minutos posteriores al postergado encuentro. ¿Qué notas que te pica demasiado a menudo? Prueba a usar condones sin látex y lubricantes hipoalergénicos para frenar la picazón y refresca la zona con agua tibia y sin jabón cuando hayáis terminado. Y sí, busca ayuda médica si hablamos de un picor insoportable y constante.

3. Se hincha. Por si no te has fijado, el pene se hincha y aumenta su tamaño a medida que se excita alcanzando su punto álgido justo cuando eyacula. Con tu vagina ocurre lo mismo, pero en las mujeres, por decirlo de algún modo, todo el entramado de nuestro órgano reproductor está cubierto por los labios exteriores o mayores. Total, durante la excitación estos comienzan a llenarse de sangre y la corriente no deja de pasar según llegas al orgasmo, por lo que la vulva se queda algo hinchada después del coito. Es completamente normal, pero si te resulta demasiado incómodo y no puedes esperar unos minutos, ponte un paño empapado en agua sobre la zona y notarás cómo la inflamación baja con mayor rapidez.

4. Huele rara. Jurarías que te has lavado a fondo, pero te da la sensación de que tu flujo tiene un hedor de lo más desagradable. Fuera vergüenzas y perdones, amiga. En primer lugar, lo normal es que los implicados en el acto estéis bien rehogados de fluidos corporales así que lo que hueles ‘raro’ es la mezcla del sudor, el semen y tus propios fluidos vaginales. En ocasiones, estos cambios imprevistos en el olor también pueden deberse a cambios en el pH de la vagina, a algo que hayas comido o incluso a reacciones de la piel con determinados tipos de tejidos de la ropa interior. Ahora párate a pensar… ¿Sabes aquello que dice de ‘si huele bien, mejor sabrá’? Aplícalo a vuestras partes nobles sin prejuicios ni miedos a lo que el comensal de turno pueda pensar y, de ser excesivo, siempre podéis optar por continuar el encuentro en la ducha.

Ojo, si los cambios aromáticos de tu vagina son demasiado fuertes y frecuentes mejor acude a un médico especialista cuanto antes no vayas a tener micosis, vaginosis bacteriana o una cistitis. Una vez más te pedimos tranquilidad: todas ellas son completamente tratables y solucionables en pocos días.

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