Odio eterno al ex moderno

El otro día un buen amigo me dijo que el Brexit es como volver con tu ex. Que aunque el vínculo que permanezca con el tiempo sea cordial, ya es prácticamente imposible que vuelva a ser como antes. En el Tratado de Lisboa tampoco hay un artículo que establezca el protocolo de salida de una relación. Así que lo más normal es que te arrastres por el fango de la nostalgia y de la indignidad. Que dimitas y reaparezcas. Que dimitas en diferido. Que hayas prometido cosas que no podías prometer.

Retomar en contacto con un ex reciente puede responder a varios motivos. Uno de ellos es que te sientes más solo que el hombre de seguridad del aeropuerto de Castellón. Otro motivo plausible es que te hayas puesto una comedia romántica un viernes por la noche para dormir, y ahora estás asomado a la ventana esperando que aparezca calle abajo con una tuna.

Querer sexo es otro motivo para retomar el contacto

No te pongas comedias románticas un viernes por la noche si estás en esa fase de caminante blanco posterior a una ruptura. Un tercer motivo, éste responde a un porcentaje mayor, es que necesitas tener sexo. Pero hay que hacer un ejercicio de malabarismo dialéctico para que esto no se te note. Spoiler: si envías un mensaje de “¿qué haces?” un sábado a las tres de la mañana puede que se note. Puede que lleves un cartel fluorescente con la palabra “follar” sujetado encima de tus hombros.

Problems in marriage

No corren buenos tiempos para ser ex reciente de nadie. Antes rompías y si te olvidabas de su teléfono móvil, la cima de la indiferencia, podías considerarlo un capítulo completamente cerrado. Como mucho te lo encontrabas en algún bar nocturno y hacías una cobra espléndida agarrando a tu amigo de la mano y huyendo sin mirar atrás. Ahora Facebook no tiene piedad de ti. Facebook te recuerda de forma permanente que esa persona sigue existiendo y que está ahí, disponible a golpe de ratón. Si has optado por dejar de ser su amigo en un digno ejercicio de purificación mental lo más normal es que el algoritmo de la red social te lo presente en sugerencias de amistad.

El algoritmo de Facebook es el Mal

El algoritmo de Facebook no tiene válvula aórtica ni tabique interventricular. “Tienes 156 amigos en común con tu ex. ¿Seguro que no quieres volver a ser su amigo?”.

Lo que nos ocurre con los ex es que todo eso que podemos ver en sus redes sociales responde a su faceta más agradable. Lo observas en el pináculo vital porque todos nos afanamos en parecerlo. En su Facebook no aparece lo irascible que se pone por las mañanas, sus ganas de discutir por motivos irracionales, ese vacío parlamentario en sus razonamientos, esos pantalones amarillos que tantas veces quisiste quemar, su manía de dejar el bote de zumo de naranja abierto goteando un reguero pringoso en la nevera, aquel día que te regaló una postal sin escribir. UNA-POSTAL-SIN-ESCRIBIR. En definitiva, en su perfil de Facebook no aparece la monotonía. Aparecen contorsionistas y fuegos artificiales.

“Míralo, está más delgado”, me decía el otro día una amiga. Escudriñamos la foto como arqueólogas de Parque Jurásico. Yo le respondí que estaba metiendo barriga como David Hasselhoff y que su repentina belleza respondía a la magia de los filtros de Instagram, pero ya era demasiado tarde. Se había desplegado el botón RETOMAR CONTACTO CON EX en sus ojos. Podía verlo reflectado en sus retinas. Se estaba generando un enorme fallo de Matrix.

Con las redes sociales el contacto cero se diluye. La agonía se alarga. Con las redes sociales el pasado se convierte en un perpetuo presente. Y lo más importante de una relación rota es sobrevivir al presente haciéndola pasado.

Así que sí, odio eterno al ex moderno.

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