Oda a los amores fugaces

Hoy vengo a romper una lanza a favor de los amores pasajeros, los vínculos efímeros que creas a lo largo de tu existencia. Cuando la distancia, la suerte o la vida alejan a alguien que hace que se te remuevan las mariposas del estómago lo asumimos como un drama, una pérdida. Algo negativo.

Yo quiero hablar de todas las maravillas que supone el conectar con alguien que sabes que se va. Que no puede quedarse a tu lado.

Creemos equivocadamente que los amores fugaces son desdichados por morir sin apenas haber nacido, pero la realidad es que están compuestos de sentimientos exquisitos, por condensados y llenos de sentido. O dicho de otra manera: cuando sabes que se acaba, te das prisa en devorar a tu amante de forma minuciosa y degustar cada uno de los segundos juntos.

El amor es un sentimiento muy complejo y difícil de encontrar así que, ¿por qué limitarlo? Este remolino de los afectos que hace que se te pongan los pelos de punta es tan delicioso que deberíamos disfrutarlo tanto como dure. Deleitarse con él de forma sosegada y entendiendo que son pocas las cosas que perduran en esta vida. De hecho, solo hay alguien con quien estaremos para siempre: nosotros mismos. El resto de personas vienen y van, más rápido o más relajadamente.

Young man piggyback her girlfriend

Lo mejor es abrir nuestros corazones

Una vez entendemos este concepto, lo mejor es abrir nuestros corazones a todos aquellos que deciden cruzarlos —y sobre todo, a todos aquellos que queremos que los crucen —, sin cortafuegos ni murallas. Que los baluartes creados por nuestro contexto social se destruyan a favor del amor sin límites. El amor libre. Amemos y dejemos que nos amen por tanto o tan poco tiempo como la vida nos deje.

Decía Pizarnik que  “Nos enamoramos pero sabemos que no será pasa siempre. Por eso nos arriesgamos, por eso nos entregamos hasta quedarnos vacíos.”. Yo no creo que tengamos que quedarnos vacíos, si acabas deshabitado es que no has entendido la verdadera naturaleza de todo esto. Hay que amar al otro, pero queriéndonos primero a nosotros mismos. No podemos compartir nuestros afectos si antes no escuchamos primero nuestras necesidades. De otra manera, cuando el amor se va con él se va nuestra vida.

Y ojo, que cuando hablo de amor me refiero a un concepto amplio que incluye desde la intimidad de la pareja que lleva compartiendo cama durante años hasta la explosión de hormonas de aquellos que se acaban de conocer y todavía están descubriendo poco a poco los recovecos ocultos en el cuerpo del otro.

Las relaciones deben ser claras, directas
Las relaciones que a mí me funcionan (a cualquier nivel, sea romántico, amistoso o sexual.) son las que son claras, directas, sin estrategias. El cariño que va tomando forma o explota de forma repentina pero siempre con la verdad y la comunicación como única arma.  Sabiendo que nadie está jugando con las expectativas del otro.

Y como me gusta ser sincera,  siempre digo desde el principio que tengo pareja (eso sí, poliamorosa.) que soy trabajadora sexual y que no aguanto las mentiras ni las medias verdades bajo ninguna circunstancia. Exijo el mismo nivel de claridad, y lo exijo de forma muy estricta.

Ser claro desde el primer momento es el equivalente a levantar un estandarte antes de que empiece la batalla. Nadie se espera que vengas por otro lado, tu posición está clara y no hay malentendidos posibles. Amemos y seamos amados con unos principios claros, sanos y constructivos como emblema de armas.
Pero sobre todo, disfrutemos del momento, sea lo que sea lo que nos depare el futuro.

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