Ocho errores que no debes cometer en Tinder

Es decir, que no puedes cometer en Tinder si lo que quieres es a/ tener relaciones íntimas de cualquier índole con un miembro del sexo opuesto o b/ encontrar una pareja. Son errores de perogrullo, diréis algunos, pero lo cierto es que el personal va tan perdido en el ámbito del ligoteo on-line que a veces se queda corto y otras muchas, la mayoría, se pasa. Aquí van los errores más frecuentes.

1- Si eres calvo, procura que tu calva se vea en la foto EN TODOS LOS CASOS. Nada de fotos de perfil con boina de bohemio parisino o, lo que es mucho peor, cortadas en la frente como si fueses Carlos Núñez. Piensa que tal vez ganes disimulando las entradas, pero que a la larga, y esto es una carrera de fondo, más dura será la caída.

En cuanto descubra que en realidad eras calvo, algo que no habías mencionado en ninguna de las conversaciones previas, el siguiente paso será poner un pretexto para ir al baño en vuestra primera cita y enviar un Whatsapp a su grupo de amigas (un grupo llamado “Las Nenas!!!!!” aunque la mayoría ronden los 40 años) con la sentencia, clara, concisa y abrumadora: “era calvo, tías”. Si no quieres que “Las Nenas!!!!!” se rían de ti siempre que se tomen dos gin-tonics durante los próximos cinco años (“¿te acuerdas de aquel que creías que se parecía a Paul Thomas Anderson y después era calvo, tía?”), luce con dignidad tu calva como si fueses Varoufakis y piensa con toda la intensidad de la que seas capaz que a las mujeres lo que les gusta es que las hagan reír.

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2- No pidas enseguida el Whatsapp. Tendrás que seguir hablando a través de la aplicación durante unos días, pese a que te dé vergüenza que te vea la señora de tu lado en el metro o que te pille tu madre durante la paella del domingo. La otra persona puede sentirse muy pero que muy presionada si la incitas a ampliar vuestro grado de intimidad a la primera de cambio. No olvides que vivimos en la era del amor líquido de Bauman (apúntate esta para soltar en una cita con un ‘partner’ cultureta) y cualquier atisbo de ocupar el espacio vital de la otra persona puede acabar con un señor portazo.

3- Nunca, bajo ningún concepto, ‘ever’, ni de broma, ni por todo el oro del mundo, quedes con alguien de quien has visto solo una foto. Todos tenemos una foto en la que salimos especialmente delgados, atractivos y en forma, esa imagen sagrada que, filtros de Instagram mediante, nos hace parecer la persona que no somos, ese momento mágico en que todos los planetas se alinearon para lograr el efecto imposible de que nuestro torso tiene algo remotamente parecido a un abdominal marcado. Porque tú creerás que estás a punto de tener una cita con George Clooney o Scarlett Johansson y te encontrarás ante tus narices a Falete (en ambos casos).

Te lo pasarás en grande, sí, acabarás con las reservas de ginebra del planeta Tierra y con las de panceta a tres kilómetros a la redonda, pero igual no era eso lo que esperabas. Antes de quedar, pues, no te cortes y pide fotos.

4- Que tengas que mandar fotos antes de quedar no significa forzosamente que tengas que mandar fotos de tus partes íntimas. Eso sólo pasa si te haces gay y te apuntas al Grinder, donde podrás incluso escribirte simpáticos mensajes en tus partes bajas con un lápiz de ojos y enviárselas a un tipo, que estará encantado, del que solo sabes que se llama Ojete84.

En el ámbito hetero, amigo, las cosas funcionan diferente: ellas quieren que las hagas reír… y el resto es secundario. Y ojo, no decimos que no mandes fotos eróticas y no te lances al sexting (¿sirve acaso el Whatsapp para otra cosa?) sino que lo hagas únicamente CUANDO ESTÉS ABSOLUTAMENTE SEGURO de que es pertinente.

Es decir, no contestes a un ‘¿qué haces?’ con una sórdida foto en la ducha si no quieres que esa imagen pase en cuestión de aproximadamente 2 segundos a formar parte del grupo “Las Nenas!!!!!!”, que a sus 40 años ya han toreado en unas cuantas plazas y van a pasar a criticar, con una dureza sin precedentes, cada pormenor de tus atributos.

5- En el caso de que se haya creado ambiente y creas que ha llegado el momento de pasar a enviar fotos íntimas, por favor, no hagas vídeos estándar. En Tinder, como en el sistema capitalista, se premia el esfuerzo.

Vayamos con un ejemplo práctico basado en un caso real: una mujer cuyo nombre no vamos a desvelar pero que conviene tener claro que no era Loli, recibió un vídeo muy subido de tono de un hombre de unos 40 años con el que llevaba unas semanas chateando, en la habitación de casa de sus padres (de fondo un póster de ‘Karate Kid’) en el que en el momento de máxima tensión decía “Sube, Loli, sube”.

Amigo, no recicles los vídeos. No cometas errores de kamikaze. Debes saber que pese a que tú pensabas que no se oía, esta apreciación no es compartida ni por una de “Las Nenas!!!!”, las cuales además consideran unánimemente que tienes los cataplines excesivamente peludos. Quien quiera peces que se moje el culo, en Tinder y en la vida.

6- Desconfía de los perfiles sin foto. Hay mucho casado/emparejado buscando una cana al aire en estas aplicaciones y, pese a que tienen todo el derecho de plantear como quieran su matrimonio y su vida sin que tengamos que venir nosotros con moralinas sobre su sexualidad, es cierto que no juegan en igualdad de condiciones.

7- Chicas, no optéis por el ‘selfie’ desde arriba con morritos y escote. Sabemos que es la selva, que la competencia es dura y que cuando uno tiene ciertas necesidades generalmente son inminentes y hay que jugar con todas las armas al alcance. Pero igual que las fotos de tipos con tabletita de chocolate en piscinas y playas nos acaban aburriendo y preferimos a alguien con una bonita sonrisa y, por qué no, una calva bien puesta, no les tratemos a ellos como Neanderthals. Los tíos que de verdad valen la pena sabrán mirar más allá de tu escote (y harán vídeos personalizados).

Flirting with you. Beautiful young woman with beautiful cleavage sending an air kiss and looking at camera while standing against grey background

8- Nunca digas la verdad. Miente. Miente como un bellaco, especialmente cuando llegue el momento clave, la pregunta fatídica: “¿y tú qué buscas por aquí?”. La verdad puede ser terriblemente dolorosa para la otra persona, la verdad puede desbaratar todos tus planes vitales a corto, medio y largo plazo, por lo que debes evitarla en todos los casos. “Me gustaría que nos casásemos y tuviésemos dos hijos varones a los que cuidaría mi madre las tres tardes a la semana que yo trabajo y en verano pasásemos dos semanas en el camping de mi cuñado”, “me gustaría darte lo tuyo y lo de tu prima lo antes posible sin tener que darte demasiada conversación pero no tengo intención de volver a escribirte jamás” o “acabo de dejar una relación de cinco años y lo que quiero es pasarme por la piedra a todo lo que se mueva” son respuestas que no funcionan en ningún caso. Miente o, si tu ética no te lo permite (aunque tal vez sí te permita no responder un mensaje amistoso de alguien a quien la noche anterior untabas Nutella en el ombligo) disfraza la verdad.

Cualquier error, y eso conviene que no lo olvides jamás, va a ser juzgado muy duramente por un jurado implacable, que teje su tiranía en un grupo de Whatsapp que hubiese aterrorizado al mismísimo Stalin,  llamado “Las Nenas!!!!!”.

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