Ocho cosas que las mujeres sin hijos tienen que escuchar a diario (y que dan mucha rabia)

Las mujeres, sí, porque a los hombres se lo dicen menos. A nosotras se nos presupone un instinto maternal innato y, según nos cuentan las mujeres sin hijos en edad sobradamente reproductiva, a la sociedad –sí, ese ente tan etéreo como implacable denominado “la sociedad”– le cuesta entender la negativa femenina a la procreación, que se percibe como algo similar a amputarte una oreja. Y es que mientras los hombres pueden ir por el mundo construyendo imperios y desparramando testosterona, nosotras hemos venido aquí a cambiar pañales, educar personas de bien y comentar profusamente tonalidades de caca con otras mujeres con ojeras y sin depilar.

Y no lo decimos nosotros, sino que con el rigor periodístico que nos caracteriza hemos consultado a nuestras fuentes: ese grupo de Whatsapp llamado Las Nenas que todas las mujeres de bien tenemos en el móvil (y que suele suponer, bendito sea, el contrapunto perfecto a otro clásico: Los Primos). El Ying y el Yang, dos mundos que no saben de la existencia del otro. Y mejor: tampoco iban a entenderlo.

En fin, que dicen Las Nenas sin hijos, las cuales llevan arrancadas ya unas cuantas páginas del calendario, que ese monstruo llamado sociedad –del que nadie cree formar parte (bueno, tal vez Los Primos sí, y cuánto les envidian Las Nenas, luchando a diario con su arsenal de contradicciones en la oscuridad de sus cuartos)– no perdona. Que curiosamente la sociedad es capaz de tolerar sin problemas aparentes los nuevos tipos de familia, siempre que tengan descendencia, que la existencia de mujeres adultas y autosuficientes que deciden voluntariamente no tener hijos. Y si encima eres soltera te conviertes en el mayor de los jeroglíficos. Y no digamos si tienes gato. ¿Dos gatos? El acabose.

Las Nenas nos han contado cuáles son las frases que más les molestan sobre esta espinosa cuestión, sentencias que por desgracia se ven obligadas a escuchar sin inmutarse prácticamente a diario.

1- ¿No te vas a quedar sola de mayor? Toda mujer, aunque en el fondo no lo sepa, lleva dentro una Bernarda Alba castradora que procrea con el único fin de poder contar batallitas a alguien cuando peine canas. No solo es un argumento lamentable por mezquino y egoísta, sino que además es totalmente anacrónico: los hijos ya no cuidan de sus padres, lo hacen las enfermeras de geriátrico o señoras inmigrantes que generalmente cobran en negro. El capitalismo sabe poco de vínculos.

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2- No sabes lo que es el querer incondicional. “Esto es como presuponer que los hijos únicos no saben qué es que se te muera un hermano”, nos dice una de Las Nenas indignada. Eres un ser inferior, les espetan con condescendencia personas que en líneas generales no les merecen ningún respeto intelectual, aún tienes que pasarte unas cuantas pantallas en el mundo del querer.

3- Te pierdes lo bonito de estar embarazada. Porque, claro, estar embarazada ES bonito. No es algo relativo, matizable, que admita discusión. Esta creencia genera ansiedad en otras mujeres también madres que no viven el embarazo como una época de plenitud, sino más bien como un suplicio en el que engordas 20 kilos, estás de un humor de perros, duermes mal, tienes granos y te pasas el día en el médico. Las Nenas, personas de carácter pero también con una educación exquisita, callan y otorgan en lugar de hacer lo que realmente desean. Y es contarles detalladamente todas las cosas maravillosas de la vida (algunas no aptas para el público infantil) que probablemente se estén perdiendo ellas.

4- Solo tienes un gato del que ocuparte. Tienes gato, ergo te gusta cuidar. Y puestos a cuidar mejor que lo hagas a un pequeño retoño que pronto te regalará sus sonrisas que a un bicho peludo que te llena la casa de pelos. Y es que si existe algo que puede hacer tambalear los cimientos de eso que hemos dado en llamar sociedad son las mujeres solteras sin hijos ¡y con gato!

5- No sabes lo que es el sacrificio. El sacrificio es guay. Hay que sacrificarse como hizo Jesucristo Nuestro Señor por nosotros. Pero cuentan Las Nenas que tras esos mantras judeo-cristianos que la gente repite prácticamente sin procesarlos existe un poso de cierta rabia: tú te depilas, viajas, duermes, haces deporte, te dejas el sueldo en caprichos… y el hedonismo no suele agradar a los que no pueden practicarlo.

6- Tranquila, que ya te entrarán ganas. Los videntes. Los que saben más que tú. Porque qué vas a saber tú misma sobre tus anhelos y pasiones, tus fantasmas, tus dudas y tu útero. Ya te entrarán ganas, pero aún no lo sabes, porque no saber las cosas es también algo profundamente femenino, ¿verdad?

7- ¿Pero es decisión propia? Si tienes pareja estable, al parecer te lo empiezan a preguntar ya apenas pasados los treinta. El deseo reproductivo es algo que se presupone a la mujer hasta tal punto que cualquiera puede sobrepasar los límites de la intimidad y preguntarte indirectamente, sin el menor remilgo, si es que tal vez te han quitado los ovarios, tu marido es en realidad hermafrodita o sufriste abusos de pequeña y resulta que tienes un trauma. No les cabe en la cabeza que no quieras: debe ser, claro, que no puedes.

8- Eso dicen todas. El clásico menosprecio a dos cosas profundamente menospreciables: la feminidad y a la juventud. Cuando cumplas los cuarenta y las agujas del reloj golpeen sonoramente contra tu subconsciente cambiarás de opinión. Como todas. Porque tú, claro, eres como la prima de tu interlocutor, como la mujer de su cuñado o la vecina del quinto, les dicen a Las Nenas. Ellas, entretanto, ríen para sus adentros mientras observan sus fantásticos gemelos sin pelos y se atusan su melena recién teñida, se congratulan de su decisión y celebran lo fantástico que es tener sobrinos… para un rato.

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