Ocho cosas que cambiarías en el sexo para que fuese realmente bueno

Explosión de placer, éxtasis total, fuegos artificiales… Tener un orgasmo se puede definir de muchas maneras, pero una vez empezamos a mantener relaciones sexuales, toda esta sarta de palabrería inconexa deja de convencernos. Especialmente después de la primera vez, nos damos cuenta de que el sexo no es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y que, cuando menos, las sensaciones y placeres ocultos –nunca mejor dicho, porque realmente te quedas buscando debajo de la cama esas experiencias increíbles que se supone ibas a sentir– son más que mejorables.

Con el paso de los años las meteduras de pata y los errores no dejan de protagonizar algunos de tus encuentros sexuales (con suerte, el menor de los porcentajes) y empiezas a pensar que algo falla. No estás solo. Aunque pocos quieran reconocerlo, casi todos querríamos solventar algunos de estos factores poco sensuales que protagonizan la mayoría de las escenas de sexo real.

1. Fluidos de más. Una buena sesión de sexo se traduce sí o sí en sudores, secreciones y una mezcolanza de fluidos corporales que, de ser excesivos, dejan de hacernos sentir naturales y excitados para que empecemos a pensar en darnos una ducha, especialmente cuando nos impregnan desde el mismísimo cuero cabelludo y caen por nuestra piel desnuda –sean propios o ajenos– como una catarata de líquidos de origen desconocido.

2. Tener que fingir. Mentir deliberadamente en la cama es algo que hacemos todos, también ellos. En ocasiones por ‘autoanimarnos’ o por no dejar a la otra persona más sola que la una, hacemos alarde de nuestras dotes de interpretación para que parezca que todo fluye correctamente, aunque es más que evidente que solo para una de las partes. Lo peor: tener que decir que ‘ha estado genial’ y recalcar que aquello ha sido ‘lo nunca visto’. En serio, a veces es mejor no preguntar. ¿Y si nos dicen la verdad?

Impotent man worrying about his penis and erection failure

3. Ruidos corporales antisex. Incómodos sonidos estomacales, ruiditos que brotan de la garganta como si fuésemos a eructar o crujidos de articulaciones que nos hacen pensar que nuestro acompañante se va a romper en mil pedazos. En ocasiones, incluso los sonidos vaginales que se asemejan a estar pisando un montón de fango, pueden sacarnos de contexto y convertir la sesión de placer en un ruego permanente porque tu cuerpo deje de hacer más ruido que los muelles de la cama.

4. Sentir vergüenza. No hablamos de los complejos físicos, no. De verdad que por mucho que se fije no va a decir nada sobre que tu testículo izquierdo esté menos colgandero que su compañero de al lado (¿acaso lo dirías tú de sus senos? Porque sí, ocurre exactamente lo mismo), sino de esos momentos en los que uno se viene arriba y empieza a darse cuenta de que la otra persona le está mirando extraño… Como si tu interpretación pornográfica estuviese totalmente fuera de lugar. ¿Esto era sexo sin tapujos?

5. Flatulencias incontroladas. Si un retortijón o sonidos provenientes de nuestro estómago pueden ponernos en apuros, quién no se ha visto en la situación de elevar las piernas hasta poner las rodillas sobre el abdomen y darse cuenta de que, irremediablemente, un gas puede perturbar el placer que pretenden darnos. Y a veces, es imposible frenar los daños a tiempo.

6. Somos bellos y con vellosidades. Especialmente durante el sexo oral, resulta de lo menos excitante y placentero ver cómo la otra persona puede morir por asfixia a causa del atragantamiento con uno de nuestros pelos. La depilación ayuda, pero no nos engañemos, no asegura nada.

7. Quedarte a mitad de camino. Si llegas antes de tiempo puede acabar siendo tediosa y cansina la espera hasta que la otra persona alcance el maldito clímax, pero como ni siquiera te dé tiempo a sentir ese placer intenso, la situación aún empeora más. Amigos, no hagamos drama: acompasar los ritmos es una tarea difícil, pero no imposible.

8. Sabores inesperados. Bajamos decididos a la entrepierna y dejamos que nuestra lengua se aventure en el universo de sus rincones más recónditos. Vaya, eso no te lo esperabas y tu cara es un poema. Y sí, también puedes toparte con la sorpresa detrás de sus orejas, en sus axilas o en la zona de los pies. Por no hablar de sabores de semen o fluidos vaginales que no corresponden con nada anteriormente conocido y que desearíamos no haber probado nunca.

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