No nos gusta la penetración, ¿y qué?

“Pues como si no nos gusta el sexo oral. O anal. ¿Es que a todo el mundo tiene que gustarle lo mismo?”. Así de tajante se mostró la sex coach Sylvia De Béjar cuando le formulamos la pregunta del millón: ¿somos seres disfuncionales si no nos gusta la penetración? Aunque matizó: “siempre que no te provoque horror, asco, miedo o aversión, o siempre que no suponga ningún problema físico, no pasa nada si la penetración no se encuentra entre tus prácticas sexuales preferidas. Se puede tener un sexo la mar de placentero sin penetración”, concluye.

De hecho, hay numerosos factores que hacen que muchas personas, tanto hombres como mujeres, no consideren el coito el súmmum del placer sexual. “Muchas personas prefieren el sexo oral o manual porque les asegura el orgasmo, y en este aspecto el coito es mucho menos efectivo. En líneas generales, es más complicado tener un orgasmo con penetración que mediante la estimulación manual. En el caso de las mujeres, porque la penetración dificulta la estimulación del clítoris, y en el de los hombres porque tal vez necesiten una estimulación más potente”, explica De Béjar.

La sex coach considera que son muchas las personas que van relegando el coito a un segundo plano en su vida sexual a medida que cumplen años, por diversos motivos. “Con la menopausia, existe un descenso de los estrógenos que hace que las mujeres lubriquemos peor. No es nada que no tenga solución y que no pueda combatirse con paciencia y un buen lubricante, pero es cierto que en muchas ocasiones la penetración resulta incómoda”. También les ocurre a los hombres, que a medida que se hacen mayores van teniendo más y más problemas para mantener las erecciones, y les resulta más fácil cuando están relajados “y no tienen que concentrarse en el esfuerzo físico que supone el coito”.

Unprotected sex, risk of illness and infections

Pero ojo, porque hay otros motivos relacionados con haber practicado pésimos coitos que pueden hacer que no nos guste la penetración simplemente porque no hemos sabido llevarla a cabo. Para De Béjar, en algunos casos, “el coito llega demasiado pronto, cuando la mujer todavía no está lo suficientemente lubricada y excitada, y por lo tanto resulta molesto o doloroso y, en el mejor de los casos, nada placentero”. O bien, en el caso de los hombres, “la aversión al coito llega porque en ocasiones son ellos los que realizan todo el esfuerzo físico, sin ningún tipo de participación por parte de su pareja sexual, lo que hace que les acabe resultando cansado o aburrido”, y que acaben recurriendo, al fin, a prácticas mucho más relajadas, como es el sexo oral.

El cansancio también puede ser una causa para elegir otras opciones

De hecho, De Béjar afirma que simplemente el cansancio es una buena razón por la que muchas personas prefieren una buena sesión de sexo oral y manual, especialmente entre semana o en épocas de mucho trabajo. No pasa nada, “siempre que tú lo disfrutes y para ti no suponga un problema”, explica. ¿Y si a nosotros no nos gusta la penetración pero sí a nuestra pareja? ¿Cómo lo solventamos? He aquí la madre del cordero. Para la sex coach, “es imposible que a todos nos guste todo, pero, siempre que no vaya contra nuestros principios o suponga un verdadero problema, es recomendable, al menos, probarlo”. Sirve para la penetración, pero otro buen ejemplo es el sexo anal: “la idea es probarlo relajadamente, sin agresividad, estimulando primero con la lengua o los dedos y viendo cómo reacciona la otra persona. Si aún con estimulación previa no nos gusta, no se hable más: no tenemos por qué practicarlo”.

En el caso del coito, De Béjar cree que en muchos casos, siempre que no exista algún problema emocional o fisiológico que impida la penetración, basta con tratar de corregir las prácticas que comentábamos anteriormente (penetración demasiado rápida, dejar en el hombre el peso de la sesión de sexo) para empezar a apreciarlo, aunque siga sin ser nuestro hit sexual. Otro factor que influye en que a muchas personas no les guste es “su duración: puede parecernos demasiado largo o demasiado corto, algo que siempre podemos hablar con nuestra pareja y llegar a un consenso, expresando siempre las cosas que no nos gustan o que se pueden mejorar”.

Si no conseguimos “modificar la situación para que nos guste más”, algo perfectamente factible siempre que exista comunicación y dejemos atrás los prejuicios, no hay que darle más vueltas. Cada persona es un mundo y le gustan cosas diferentes, algo que va cambiando a lo largo de la vida. “También ocurre a menudo que en una época de tu vida te gusta hacer unas cosas y en otra prefieres otras, y no tiene nada de malo. Muchas veces nos cansamos de algunas prácticas y acabamos recuperándolas tiempo más tarde. ¿Qué problema hay?”.

Click aquí para cancelar la respuesta.