Momentos bochornosos en el sexo: antología

Nos gusta pensar que el sexo es siempre excitante y divertido. Que siempre llegamos al orgasmo. Y que viene un equipo de limpieza a quitar manchas de flujos corporales después. Y luego un cocinero tres estrellas Michelin a hacernos la cena y a darnos palmaditas en la espaldas mientras nos guiña el ojo por lo bien que lo hemos hecho…

Pero no siempre es así todo de idílico, oiga. Hay momentos en los que en nuestro cerebro sustituimos la frase “te voy a dar to lo tuyo” por “tierra, trágame”. Hemos hablado con nuestro círculo de confianza –gente a la que hemos visto vomitar, perder la dignidad varias veces o llorar y moquear en nuestro nombre- sobre los momentos más bochornosos que han experimentado en su vida sexual. Y vaya, que nos los han contado.

Pedro, 43 años. “Hay una expresión en inglés que se llama whiskey penis y que se refiere a esos momentos en los que, debido al (excesivo) alcohol, la cosa no funciona ahí abajo. A mí nunca me ha pasado salvo en una ocasión: pillé con una chica espectacular y me había tomado siete gin tonics con ella. Cambié la expresión whiskey penis por una que se llama gin micropenis. No es que no se me levantara, es que no podía ni encontrarla”.

Laura, 39 años. “Me enrollé con un compañero del trabajo. Le tenía tantas ganas que hasta se me olvidó que tenía la regla. El polvo se convirtió en la escena del baile de Carrie. A mí no me importó, -estaba cachonda perdida-, pero él se comportó como si le hubiera contagiado la peste. Menudo chasco”.

Alberto, 33 años. “Llevaba ya varias semanas enrollándome con una tía que me encantaba. Todo iba genial y hasta le había dejado ya llaves de mi casa. Me ponía muchísimo y, para durar más, me masturbaba antes de cada cita con ella. Ese día habíamos quedado a las 7 y a las 5 cogí y me puse delante de la tele, en pelotas y con una peli porno (de asiáticas, creo). Ella llegó en ese momento porque se había confundido de hora y, al verme haciendo eso, me soltó un ‘eres patético’ y se piró. No volvimos a quedar”.

Beautiful blonde woman hiding face under cover lying in bed

María, 38 años. “Tenía una ligera gastroenteritis, pero me estaba enrollando con un tío con novia y surgió la oportunidad de quedar. Aunque no estaba muy allá del estómago me aventuré a quedar con él. Todo iba bien pero, de repente, estábamos enrollándonos en su casa en ropa interior y noté cómo se formaba una tormenta en mi estómago: me había cagado encima. Cuando vio lo que asomaba por mi braga se quedó blanco. Fue un marrón, nunca mejor dicho”.

Juan, 28 años. “Llevaba toda la semana rayado por una movida con mi jefe en el curro y estando con mi novia en mi cama la llamé por su nombre: “Sigue, Antonio”, le dije. Se quedó toda pillada y creo que, aunque le conté la verdad, no llegó a quitarse de la cabeza que tenía una relación gay con él. Es la versión obrero-obsesiva del soltar el nombre de otra tía cuando estás con tu chica”.

Felipe, 34 años. “Suelo ser bastante lanzado en el sexo y reconozco que a veces me paso. En una ocasión, quise eyacular encima de una tía la primera vez que nos enrollábamos. Le acerté en pleno ojo y salió corriendo diciendo que le escocía y llamándome de todo. Conseguí calmarla, pero estuvo con el ojo rojo toda la noche”.

Julia, 41 años. “Mi momento más vergonzoso fue, en realidad, de vergüenza ajena. Me tiré a un tío que estaba más preocupado por mirarse en el espejo que había encima de la cama mientras follábamos. El tío estaba claramente peinándose y poniendo morritos mientras yo estaba tumbada y flipando. En cuánto acabó me largué corriendo”.

Pedro, 27 años. “Un clásico: que te pillen los padres de tu novia. Yo tengo la versión extended.: me pillaron sus padres, su hermana pequeña (10 añitos en aquel momento) y su abuela, que llegaron del pueblo por sorpresa. Estuve traumatizado y sin poder follar durante seis meses. Y, desde luego, nunca volvimos a hacerlo en su casa. La cara del clan familiar era un poema, pero uno de Góngora”.

Leslie, 33 años. “Mi primer ligue en España era un tío que no sabía meterla. Intenté guiarlo hasta dentro, pero no se dejaba y tardó cinco minutos de reloj en conseguirlo. Mientras tanto, el tío sudaba, maldecía y despotricaba ‘contra la forma de las vaginas’ (sic.) ¿¿¿???. Fue chunguísimo”.

Eva, 45 años. “Estaba enrollada con dos tíos a la vez. Estaba con uno de ellos, iba muy borracha y le meé encima porque él me lo había pedido de rodillas infinidad de veces… el único problema es que el que quería una lluvia dorada no era él, sino el otro. En fin, no sé ni cómo conseguí explicarme…”.

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